YOU’RE ALL SURROUNDED (IV) – Korea del sur – 2014 – Kdrama – (Ep. 16 al 20) de 20. FIN

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BREVE RESUMEN DE LOS QUINCE PRIMEROS CAPÍTULOS:
Ji Yong se quedó huérfano cuando asesinaron a su madre. Toda su vida la ha dedicado a vengar su muerte y así, con ayuda de su tutora en el orfanato, la Comisaria Jefa Kang, logró no solo convertirse en oficial de policía sino incorporarse en la misma comisaría donde trabaja el Detective Pan-Seok, una leyenda del cuerpo al que Ji Yong, ahora bajo la identidad de Dae-Gu, cree cómplice del asesino de su madre. Junto a este y a otros de sus compañeros de equipo -Park Tae-Il, Ji Guk y Eo Su-Seon, una jovencita ligada igualmente a su pasado- conseguirá detener al culpable, pero no resolver del todo el caso ya que en el mismo están involucrados desde la propia Comisaria Jefa Kang hasta el poderoso ex-Comisionado de la policía ahora metido a político. Al menos, las sospechas sobre Pan-Seok quedarán despejadas permitiendo que el equipo siga adelante sin las fricciones habituales. Nuevas pistas volverán a poner a los chicos sobre el caso…

16º CAPITULO: ¿La solución? Más drama.

La hija del ex-Comisionado reconocerá el collar, pero para sorpresa de nuestros chicos sacará uno idéntico. Estos llegarán a la conclusión de que es falso, pero deberán corroborarlo con alguna prueba. Así, el grupo se dividirá en tres unidades: unos preguntarán a artesanos para descubrir quién pudo haber hecho la réplica, otros se entrevistarán con viejas amistades de la madre de Dae-Gu, y finalmente este mismo junto a Pan-Seok viajará hasta su pueblo natal para tratar de averiguar más datos gracias al collar. De tal guisa incluso lograrán encontrar a un testigo que afirma que la mujer estuvo en la escena del crimen. Sin embargo, ello no les valdrá de mucho sin otra vez pruebas. Mientras las hallan, Pan-Seok le tenderá una trampa a la Comisaria Jefa Kang para averiguar toda la verdad; esta finalmente le contará el por qué de su traición. Por último, unos sicarios contratados por la mujer atacarán a Tae-Il con tal de recobrar el collar…

Iniciamos esta última parte de la serie con más contenido de lo habitual, algo de lo que nos congratulamos. No avanza mucho, pero al menos, quitando el melodrama, no acabamos pidiendo la hora. Aunque claro, si lo que nos espera es todo drama como en esa parte final del capítulo…

Y es que en lugar de apoyarse en el humor con tal de hacernos olvidar sus carencias, nos meten más drama con el que encima acabar más indignados. Vuelve ese síndrome tan surkoreano de no querer ser feliz, y nos lo demuestran repartiendo penalidades por doquier; hoy al pobre Tae-Il. ¿Así es cómo pensaban darle más protagonismo a los otros personajes de la serie? Pues por mí, que se lo ahorren.

Y ya no es tanto inventarse unas excusas patéticas como escudarse en discursos que no tienen mucho de cercano. Hablo de las justificaciones de la Comisaria Jefa Kang y sus decisiones en un alegato más políticamente correcto que humano, tan artificial que no hay por dónde tragárselo. Pero claro, como los espectadores somos idiotas… Seguro que cuando se entere Dae-Gu, esta se arrancará a llorar, pidiendo perdón e intentando dar pena, esperando que nos hayamos olvidado de su excusa. Pero como suele decirse: el fin no siempre justifica los medios.

Para acabar, muy bien debió de funcionar la serie de cara a la audiencia -en realidad, no- para hacer publicidad de esa mensajería electrónica “Talk”. Vergüenza también…

17º CAPITULO: ¡S-O-R-P-R-E-S-A! Deja que me ría…

Sin el collar, el equipo tendrá que jugársela: intentarán interrogar a la hija del ex-Comisionado voluntariamente con la excusa de que están preparando su detención gracias al testigo, pero esta no es de las que caen en trampas fácilmente, así es que tendrán que buscar otras soluciones como por ejemplo, seguir entrevistando a amigos de la madre de Dae-Gu. Gracias a eso conseguirán encontrar la pista definitiva: la relación que esta tenía con el yerno del ex-Comisionado. Dae-Gu pasará por un bache al saber la verdad, pero Su-Seon se encargará de devolverle el ánimo en base a cariño. Finalmente el joven se reunirá con su… ejem… Dejémoslo ahí. Dispuestos a atrapar a la mujer, pondrán en marcha un plan para que esta confiese su crimen.

Por fin comienza a desenredarse la madeja, y como ya dije hace unos cuantos episodios atrás, todo está desembocando en un vulgar culebrón. Y es que parece que solo exista el caso de Dae-Gu. ¿Tan poco trabajo tienen los policías de Seúl como para que todo un equipo se centre únicamente en este caso? Por cierto, ¿no estaban fuera del mismo? Un error más de los guionistas. Y lo que es peor, con tres episodios por delante, ya barrunto relleno a tutiplén. Genial… Y ya que hemos sacado a relucir lo de los errores…. si Cho Hyung-Chul encubrió a la hija del ex-Comisionado haciendo aparentar que era un robo, ¿por qué no llevarse algo? ¿Y dónde habéis visto que el hijo de la víctima interrogue a la presunta culpable del propio asesinato?

Lo mejor, el Capitán “limpiando” la Comisaría y el tramo del pasado de Tae-Il explicando muchas cosas. Con esto se me da la razón -virtualmente, claro- de que en vez de enredarse por un lado y rellenar por otro, deberían haber aprovechado mejor a los personajes secundarios; secundarios a la fuerza, porque en un principio no parecían que estuviesen destinados a ese rol.

Y para acabar, con todo lo melodramáticos y exagerados que son para algunas cosas, haciendo un mundo de cosas insignificantes, con otras resultan ridículamente superficiales. Solo hay que ver esa frase de Ji Guk en la que se pregunta cómo son tan bárbaros los criminales por dañar el rostro de Tae-Il… Por cierto, hemos pasado de hacer publicidad de “Talk” a su prima hermana… Mira que me gustan poco estas propagandas encubiertas.

18º CAPITULO: Al borde del abismo.

La estratagema de los chicos funcionará a la perfección y la ‘ajumma’ se confesará autora de la muerte de la madre de Dae-Gu. Sin embargo, quedarán flecos por resolver, tales como quién ordenó el asesinato del joven o quién mandó a Cho Hyung-Chul a que encubriese a la mujer. Así, Dae-Gu se entrevistará con el agente que tomó testimonio a Su-Seon en el momento del crimen. Este le dirá no solo que la Detective Seo es en realidad la Comisaria Jefa Kang sino que esto, como ya sabíamos, ya se lo había contado a Pan-Seok. A su regreso a Seúl, Dae-Gu le preguntará a su superior por qué se lo había ocultado, y este lógicamente le contestará que porque no se lo creería. De hecho, sigue teniendo sus dudas. Por esa razón, irá directamente a preguntárselo a la propia Comisaria. Pero esta no será la única sorpresa desagradable que se llevará ya que Cho Hyung-Chul se ha suicidado en la cárcel…

Nos encontramos con un episodio que combina el drama más lacrimógeno con los LOLs más desternillantes, así de… mediocre es la serie. Por un lado, como sospechábamos se amontonan las confesiones y descubrimientos más trágicos para el protagonista, con los guionistas intentando que piquemos en sus trucos baratos y lloremos a moco tendido. Pero no, es imposible conmoverse cuando hasta los propios personajes parecen que por momentos están a punto de gritar: ¡y qué quieres que haga, si los guionistas son así de malos! Fijaros sobre todo en esas escenas en las que Dae-Gu le pregunta a Pan-Seok si se cree que la Comisaria Kang está de verdad involucrada y cuando este mismo le pregunta a su propia tutora cómo pudo cuidar de él 11 años para luego ayudar a Hyung-Chul a acabar con su vida. ¡Ja! Genial.

Por el otro lado, ya sabemos cómo van a alargar la morcilla estos dos últimos capítulos, y bueno, según como lo hagan no estará del todo mal. Lo malo, es que han demostrado que de imaginación poco o nada, así es que barrunto una conclusión torpe y, a pesar de todo, estirada.

Por último, no todo es malo; cómo están tratando el tema de la paternidad de Dae-Gu me parece acertada y hasta exenta de todo ese melodramatismo que caracterizan a estas producciones. Hasta el tema del hermano, me parece gracioso por forzado que pareciese en un principio.

19º CAPITULO: Tragedia, melodrama y relleno.

La Comisaria Jefa Kang logrará antes de perder el conocimiento decirle a Dae-Gu que en su casa tiene la grabación que realizó Cho Hyung-Chul. Así, junto a Su-Seon, acudirá al hogar de esta para buscarla, pero se encontrarán la casa revuelta. Mientras, Pan-Seok le contará al Capitán todo lo que sabe, incorporándose a la investigación. Gracias a este lograrán desenmascarar al camionero culpable del “accidente” de la Jefa Kang conduciéndoles al abogado de la hija del ex-Comisionado. Este le echará la culpa a su jefa, aprovechándose de que fue ingresada en una dependencia psiquiátrica. Las sorpresas continuarán cuando el hijo de la ‘ajumma’ se plante en la comisaría con el análisis de ADN de Dae-Gu. Si este no es un hijo bastardo, ¿por qué la mujer mató a la madre del joven agente? Finalmente obtendrán la grabación de Hyung-Chul por lo que ya podrán ir a por el ex-Comisionado.

Disparate. La serie va a morir con las botas puestas y va hacer honor a sus torpezas hasta el final. La primera media hora es una recopilación de tópicos dramáticos y videoclips de lágrima fácil. Sus responsables se olvidan de todo con tal de buscar un sentimentalismo artificial. Por ejemplo, ¡qué pronto se ha olvidado Dae-Gu y sus compañeros de que la Jefa Kang es muuuuuy mala y que intentó matarlo! Y ya no es lo falso y forzado que resulta todo, sino que hasta la puesta en escena es torpe provocando más la risa que el llanto. Qué decir de esa lluvia, bajo un sol de espanto… ¿Y el diálogo entre Dae-Gu y Su-Seon? Vamos, de los que llevan a cabo dos enamorados todos los días… Por favor.

Luego, el rollo que se han inventado para… para… A ver, manipulas unos resultados para que tu hija apoye ¿el qué?… ¿por dinero? ¿Qué tiene que ver el marido? Así lo único que consigues es abocarla al asesinato. ¿Qué no había otra solución? Incluso con el sorprendente giro argumental de que Dae-Gu no es hijo de quién parecía, la has vuelto a cagar… Y para remate, el ataquito de este.

20º CAPITULO: Se acabó (¡por fin!)

La renuncia de Pan-Seok y su testimonio pondrán a la opinión pública en contra del ex-Comisionado. Incluso su propia hija lo rechazará cuando sepa que este le ha inculpado. Sin otra, se verá abocado a dimitir. Pero ello no provocará que nuestros chicos dejen de investigar, así será interrogado por Dae-Gu. Las cosas no saldrán como las tenían planeadas, pero por suerte el ex-Comisionado comenzará a pagar por sus crímenes poco a poco: primero perderá su empresa y posteriormente caerá en la trampa urdida por Dae-Gu.

Acabamos la serie si bien no con un mal sabor de boca, pero sí un poco hartos. La resolución del caso ha sido tan rocambolesca, con pruebas que han surgido en el último segundo, decisiones un tanto ilógicas y las siempre oportunas casualidades que ni el “Happy end” logrará endulzarnos. No ha faltado hasta incluso ese puntito de amargura personalizado en el personaje de Cha Seung-Won demostrando lo que siempre digo: que los surkoreanos temen ser felices.

Dejando de lado este apunte y volviendo a lo de las situaciones, ya no solo es que estas sean cuestionables, sino que hay otras que incluso ya no dependen del criterio de cada uno. Por ejemplo, si los guionistas ya han demostrado sobradamente que no tenían ni idea de los procedimientos policiales -volviéndose hoy a repetir los mismos errores con ese interrogatorio por parte de Dae-Gu-, ahora han hecho un tanto por el estilo con los legales. Por la declaración del protagonista y la revelación de pruebas, hasta podría ser anulado un posterior juicio y el culpable exculpado. ¿Cuántas veces lo hemos visto en la prensa? Hay que llevar cuidadillo con estas cosas.

Lo mejor: el epilogo. El mejor ejemplo de lo que debería haber sido la serie.

CONCLUSIONES:

– “You’re all surrounded” ha sido, bajo mi punto de vista, la peor de las series que he llegado a ver completas. Esto no quiere decir que haya sido mala, ya que como digo han habido otras que ni he terminado, pero sí que ha sido la menos buena. Y es que había muchas cosas en su contra…

– Para empezar, teniendo unos actores de primera fila, no has sabido aprovecharlos empeñado en enfocar la misma hacia el melodrama. Era un serial policiaco, pero que en toda la serie solo hayan concurrido cuatro casos es muy significativo. Por no decir que no tenías ni idea del procedimiento policial. Luego, las pinceladas de humor han ido de más a menos coartando tus posibilidades de éxito. De los personajes, mejor ni hablar. Tenías un reparto coral, y al final a algunos de los protagonistas los has apartado a un plano secundario, relegando aún más a los que en principio iban a ser los verdaderos secundarios:

+Cha Seung-Won, infravalorado. Solo se ha utilizado a pleno rendimiento su vena dramática, y eso que cuando tenía la mínima oportunidad para brillar en la comedia la aprovechaba. Pero eran tan pocas las oportunidades…
+Lee Seung-Gi, con cara de palo toda la maldita serie. No ha habido crecimiento/abertura del personaje. Vino malhumorado y se va malhumorado a pesar de irse con novia y con la venganza bajo el brazo. Además, siendo toda una estrella en el mundo de la canción, misteriosamente no aparece en la Banda Sonora cuando paradójicamente Ahn Jae-Hyun sí que interpreta un tema.
+El propio Jae-Hyun y Park Jung-Min, desperdiciados totalmente. Al primero aún le han dotado de un bagaje -sin resolver por cierto-, pero al segundo… de comparsa cómica únicamente, y teniendo en cuenta que casi no hay lugar para el humor… pues eso.
+Im Won-Hee, ya ni desaprovechado: desaparecido. Cada vez que salía en pantalla nos hacía reír, pero erre que erre, aquí no había sitio para las risas.
+Solamente la protagonista femenina de la serie parece no haber sido maltratada por los guionistas. Y es que Go Ah-Ra merece esto y más.

– Y por último, técnicamente correcta, excepto el montaje, que es muy mejorable: se pasan de unas cosas a otras quedando la continuidad completamente en el aire. Espantoso.

Resumiendo; quien busque un melodrama artificial y venganzas enquistadas, esta es su serie. Que no os deslumbren los nombres o la apariencia: “You’re all surrounded” ni de lejos apunta lo que promete. Disparates argumentales y talento desperdiciado a capazos. Lástima de oportunidad perdida.

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