MONK COMES DOWN THE MOUNTAIN – Chen Kaige – 2015 – China – Artes Marciales

MonkLo primero que quiero hacer es, como otras muchas veces hago, una confesión. Por el director de esta película tengo un especial cariño, y no solo porque algunas de sus películas me han encantado sino, y entrando en el terreno más personal, estuvo residiendo casi un año en mi ciudad, Valencia, preparando la ópera “Turandot” llegando a ofrecer alguna charla con aficionados al cine. Sin embargo que ello no os lleve a pensar que voy a olvidarme de mi objetividad. Así es que si, adelantando conclusiones, os digo que esta “Monk comes down the mountain” es una de las mejores películas, no solo de China, sino de toda Asia del 2015, creerme que es lo que yo siento, favoritismos aparte.

Para empezar nos encontramos con una obra que, siendo atípica, podría formar parte junto a otras películas de un conjunto bastante reconocible. Es cierto que está basada en un best-seller reciente del escritor metido también a cineasta Xu Haofeng, pero a dónde quería llegar es a esa idea de conjunto de este tipo de producciones como “Forrest Gump” o “La vida secreta de Walter Mitty” en las que seguimos a un protagonista a través de sus aventuras para conocer no solo más de su vida sino para dejar un poso a la meditación.

En “Monk comes down the mountain” seguimos a un monje sin más objetivo que el de sobrevivir cuando lo echan del monasterio en el que residía, pero que poco a poco, a través de las desventuras que vive, irá descubriendo su verdadera meta.

Dicho así, uno creerá que va a encontrarse, metidos como estamos en un contexto asiático y con un realizador otrora paradigma del nuevo cine de autor chino, con ese misticismo que muchas veces abusa del verso, el mensaje y el, al fin y al cabo, engolamiento; sin embargo este Kaige con los años se ha vuelto irónicamente “viejo” y en lugar de recular, haciéndose consecuentemente cómodo, se ha transformado en una máquina comercial donde todo le parece poco. Sí, parece que hable en clave así es que descifremos.

Encajar la película en un género sería harto difícil ya que conjuga temas y transmite diferentes sensaciones, pero puesto a encuadrarlo en una clasificación, lo incluiría en el de Artes Marciales, así, en mayúsculas. La acción del film es una de sus bazas ya que sin ir más lejos ocupa un 60% del metraje, y lo que es mejor, vibrante y espectacular. Pero dejemos la acción para más tarde. El 40% restante se divide entre melodrama, comedia y unos cuadros visuales que ya los quisiera el colega de Kaige, Zhang Yimou, para sus películas.

La fotografía, junto a unas infografías más centradas en ofrecer belleza que servir de vehículo para el espectáculo más rimbombante, nos regala algunas de las estampas más cuidadas que podremos ver este año como ese fondo del lago, el bonsai floreciendo o la ya más grandilocuente escena bélica. De hecho, merecería ser vista en pantalla grande, amén del sistema 3D para el que fue concebida. Y ya no es tanto la composición como la calidad. No en vano, los efectos especiales están a cargo de los responsables de films como “Sucker punch”, “Moulin rouge”, o -¡qué casualidad!- los “Hero” y “La casa de las dagas voladoras” de Zhang Yimou.

Sobre la parte de melodrama, merece un mayor desarrollo por mi parte. Tras lo dicho de lo espectacular de su acción y lo bello y suntuoso de su propuesta –no solo paisajes y fondo, sino dirección artística y atrezzo- uno creerá que los paréntesis entre las distintas peleas no son más que eslabones que obviamente solo sirven para unir a estas. Puede, más que nada porque al principio la película parece que no tiene un hilo argumental claro. No obstante, pronto encontraremos nexos de unión que van más allá de pasar de una historia a otra, de una relación del protagonista con otros personajes. Bien analizado, bajo esa superficie nos encontramos más conceptos que el aparente Karma que es el que al final se nos vende; no es tan difícil detectar en un lado de la balanza la lujuria y la traición, en contraposición con la fidelidad, lealtad y perseverancia.

Sutil y sibilinamente, sin engolamiento, como decía al principio, porque aquí no se intenta adoctrinar sino dejar poso y abrir caminos como podemos ver también en esa picardía o la omnipresente nota homosexual –¿soy el único que ve en Chang Chen un homenaje a Leslie Cheung y más con Aaron Kwok?- que caracteriza a parte de la obra de Kaige. Y claro está, junto a todo esto el a veces tono desenfadado del film, la parte de comedia que habíamos dejado caer párrafos arriba

No serán pocos los que vean paralelismos entre “Monk comes down the mountain” y algunas de las últimas producciones de Stephen Chow Sing-Chi, y no solo por Yuen Wah u otros cameos sino por la ambientación o la utilización de los efectos especiales para enfatizar las artes marciales. En todo caso, también nos encontramos con otros detalles ya más particulares que consiguen una identidad propia como algunos anacronismos o paradójicamente, las referencias/guiños a otras obras.

Pasemos ya a la acción. El film principalmente bebe de las artes marciales clásicas, del abuso del efecto de cable y, como hemos dicho, aportar espectáculo mediante efectos especiales. Sin embargo, su responsable Ku Huen Chiu está acostumbrado a trabajar delante de un croma por lo que no deja la responsabilidad a los técnicos que se sientan detrás de un ordenador asumiendo su tarea diligentemente, ofreciéndonos buenas técnicas y movimientos sin que nadie se moleste porque los personajes al final tengan que lanzar sus versiones de Ondas Vitales u otras proyecciones de energía. Además, como el repertorio de disciplinas es tan extensa y las habilidades de los actores tan amplias, a veces no se requiere ni de digitalizaciones.

Para ir acabando, no podía pasar por alto ni la Banda Sonora de George Acogny, aunque como objeción diré que a veces se escapan ecos a John Williams, ni el trabajo de los actores. Es cierto que a veces sobreactúan un poco beneficiándose de la condescendencia de Kaige hacia la teatralidad y los registros clásicos del género, pero otra vez bajo la superficie logramos encontrar suficientes matices como para alabar su labor.

Resumiendo, “Monk comes down the mountain” es un híbrido entre el cine de Zhang Yimou y el de Stephen Chow Sing-Chi, sin que por ello se deba quitar mérito a todo un cineasta como Chen Kaige. Y es que para unir dos estilos tan diferentes, se necesita alguien con las ideas muy claras. Uno de los mejores espectáculos del 2015.

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