WARRIOR – 1ª Temp. – 10 cap. – 2019 Acción

Warrior

En una época donde las series de televisión se han vuelto un fenómeno mucho más allá de un producto de moda, robándole hasta el protagonismo –prestigio hasta me atrevería decir- al cine, que una serie anónima llegue a hacerse un hueco entre el público por encima de otras de más trayectoria y nombres, se debe a méritos reales.

Está claro que yo descubrí “Warrior” dada mi afición al mundo asiático, la acción y las artes marciales por lo que el anterior párrafo parece carecer de significado, pero no todos son tan frikis como un servidor y han sido muchos otros los que han llegado a ella por el simple ‘boca a boca’ dada su calidad y virtudes.

Pero antes de empezar a dar unas someras pinceladas de estas, bien conviene presentar algunas de sus credenciales ya que resultan al menos, interesantes. Y es que ‘Warrior’ está basada en una idea concebida por el mismísimo Bruce Lee. No en vano, la hija del ilustre actor, es una de las productoras de la serie. Pero no es la única ya que entre sus nombres tras las cámaras figura el de Justin Lin, director, entre otras muchas, de cuatro entregas de la saga “Fast & Furious”.

Pero la cosa no va de nombres sino de hechos, y como dice esa popular máxima ‘hechos son razones’…

Decía al principio que supe de la serie por mi ‘afección’ por lo asiático. No voy a decir que la serie no sea asiática, que no lo es porque es norteamericana, pero aunque la historia centra la trama en la lucha de las primeras mafias chinas en una incipiente Chinatown de San Francisco estando protagonizada por, evidentemente, chinos, las historias secundarias están conducidas por occidentales y al ser numerosas, casi hay un equilibrio perfecto. Lo digo por si hay algún racista por aquí con prejuicios, claro. (Ya puedes ir cogiendo la puerta de salida ya de paso, por favor…) Por cierto, de eso, de racismo también habla mucho la serie. Y es que no solo lo sufrieron los afroamericanos…

Pero a lo que vamos. El argumento nos cuenta las aventuras de un inmigrante chino que acude a EEUU a buscar a su hermana. Este es nieto de norteamericano y un experto luchador de artes marciales. Por si fuese poco su hermana es la consorte del jefe de una de las bandas, y el destino hará que al amerizar, el prota sea captado por la banda rival de esta.

Con esto tendremos una lucha encarnizada entre bandas, lucha enfocada en unas peleas de artes marciales como nunca se ha visto en la televisión, no en vano tanto tras las cámaras como delante de ellas nos encontramos a una pléyade de especialistas y artistas marciales de primer orden que a lo mejor sin tanto nombre como otros, realizan un trabajo realmente espectacular.

Las coreografías no solo son contundentes, ágiles y veloces como requieren maniobras con buena técnica sino que en la pequeña pantalla quedan reflejadas a la perfección con todo detalle y violencia. Nada de confusión y amagos. Así, capítulo a capítulo “Warrior” se convierte en un producto excelente con mejor y mayor cantidad de acción que algunas producciones para la gran pantalla.

Y ya no es tanto lo que ‘da’ como lo que no ‘da’; no todo son palos. Por ejemplo, el sexto capítulo saca a los protagonistas de su entorno para colocarlos en una de esas típicas fondas del Oeste. Casi parece un episodio “extra” ya que no guarda continuidad con la línea argumental de la serie. Pues gracias a eso, a su originalidad y ganas de… ¿divertir? Se convierte en el mejor de la temporada. Vuelta de tuerca al Western tradicional, guiños a Kung Fu… Son tantas cosas las que tiene.

Pero es además de espectacular y con una base sólida, su apariencia es impecable. La recreación de la América de finales del siglo XIX, de esa Chinatown es realmente suntuosa. Los burdeles, los fumaderos de opio, bares… El vestuario también rico y cuidado. Vamos, una dirección artística y atrezzo fruto de unos medios generosos.

Por hacerle una crítica, ya que también la merece, decir que sus tres últimos episodios resultan un tanto intrascendentes, estirados. Da la impresión que igual se ideó como una temporada de ocho capítulos y no sé si finalmente se decidió alcanzar los diez.

En los mismos términos se puede hablar de un aspecto que sorprende en su arranque. Al principio hay una considerable carga sexual, casi erótica, pero poco a poco esta, desgraciadamente, va disminuyendo.

Para acabar podría ponerme ahora a decir quién es quién entre los protagonistas, pero para eso está la red o algún otro listorro que prefiere dárselas de analista/biógrafo que ir al grano. Basta decir que todos interpretativamente son solventes dentro de sus roles. El peor, curiosamente, el protagonista con su cara de lechugino pero para, como decía, su rol, no desentona.

Resumiendo, sin dejarme llevar por mi pasión turca, perdón… asiática, “Warrior” seguro que dentro del género de la acción es la mejor propuesta televisiva para este 2019. Y luego, en líneas generales, globalmente, una de las mejores. Una de las sorpresas del año, sin duda.

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GOLDEN JOB – Chin Kar-Lok – 2018 – HK/CH – Acción

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Nadie es ajeno a la nostalgia. Yo mismo repudio esa frase inmortalizada por el poeta Jorge Manrique de “Cualquier tiempo pasado fue mejor” y a veces recuerdo con cariño alguna cosa del pasado. Los asiáticos, tan sofisticados y modernos, tampoco permanecen al margen. Un ejemplo es esta película que vuelve a reunir a gran parte del equipo artístico de aquella fabulosa saga que fue “Young and Dangerous”, saga que marcó tanto una época como a las propias personas.

¿Es casualidad que mi hijo lleve por segundo nombre Ekin en honor a Ekin Cheng, el protagonista de aquellas y esta que nos ocupa? Y no, no tiene nada que ver con que a la vuelta del viaje de Hong Kong hace ya más de una década me lo encontrase en el aeropuerto, intercambiásemos unas frases y se dejase avasallar por un servidor. Con “Y&D” toda una generación nos vimos reflejados en aquellos jóvenes gángsters tan nobles como estilosos, donde la amistad y el sacrificio iban de la mano.

Pues bien, casi 20 años después de la saga un mito como Jackie Chan se puso en marcha para producir este film que, aunque poco tiene que ver con aquellas por historia y estilo, basa las expectativas creadas sobre ella en la reunión de sus estrellas.

Pero como decía, poco tiene que ver con aquellas ya que esta “Golden Job” es una película de ladrones al más puro estilo ‘Heist’, de hecho ese ‘Job’ busca paralelismos con otras occidentales con similares características y palabra en su título.

Así se nos presentan escenarios exóticos como un desierto indeterminado, Budapest y Montenegro ofreciéndonos situaciones típicas de estas películas dando protagonismo a las persecuciones de coches y a los tiroteos donde su director –y también uno de los protagonistas- Chin Kar-Lok, se mueve como pez en el agua.

Y es que dejando de lado la nostalgia, la acción es la gran estrella del film. Pero antes de meternos con ella, un último apunte relativo a su guión, que a decir verdad no es grandioso pero creo necesario comentar.

Hace un par de años se nos presentó con gran rebomborio aquella “The adventurers”, más que nada porque al frente de su reparto nos encontrábamos con estrellas de la talla de Andy Lau, Shu Qi y Jean Reno. Además se nos dijo –luego se vio que no- que era un remake de la mítica “Un ladrón siempre es un ladrón”. Pues bien, esta “Golden Job” tiene más de la de Woo que de ese fastuoso intento de atraer a la gente con intenciones y caras populares.

No solo tiene más acción y entretenimiento –incluidos aquellos deslizamientos y tiroteos a dos manos ‘marca de fábrica’ de Woo– sino que el trasfondo de hermandad con un ‘padre adoptivo’ por en medio se repite. Para ser justo no llega a cuajar como hacía el “heroic bloodshed” con aquel inolvidable ‘bromance’, ya que la historia es un poco forzada y no conmueve cuando las cosas se ponen dramáticas, pero se le perdona por la intención y el recipiente, y aquí es donde volvemos a la acción.

Como hemos dicho, hay dos grandes focos de atención, las persecuciones automovilísticas y los tiroteos.

Sobre lo primero vamos a tener hasta tres pasajes donde la necesaria velocidad se hace la protagonista. Varios tipos de vehículos, choques, vuelos imposibles, derrapes… Todo ese repertorio que a lo largo de treinta años nos ha estado regalando Chin Kar-Lok y que por mor de las artes marciales a veces se ha visto relegado a un segundo plano. ¿El problema? Que no sé por qué razón se han acompañado de algunas explosiones donde los efectos especiales hacen ostensiblemente aguas. Este que parecía un tema superado hacía tiempo por la industria aquí afea el conjunto hasta hacerlo lamentable.

Y no solo son las explosiones; cada disparo provoca un “chorrito” de sangre que se nota a la legua que es digital. ¡Con lo bien que quedaría sin eso! ¡Qué manía de intentar hacer cosas modernas y estropearlo todo! ¿No apelabas a la nostalgia? Pues entonces…

Pero bueno, con los tiroteos a dos manos, deslizamientos y, muy al estilo ‘John Wick’, combinar tiros a bocajarro con llaves contundentes, el disfrute está asegurado.

Para acabar, decir que el “Friends for life” de Ekin Cheng que se deja oír como fondo musical en uno de los pasajes, será el último empujón nostálgico para que una lagrimilla amenace con asomar. Esta fue una de las primeras melodías que me puse en aquellos primitivos teléfonos móviles de primeras generaciones y que sonaban en formato –da risa ahora- politono.

Resumiendo, sin ser un vehículo de acción impecable es entretenido. Si encima llevas un ‘bagaje’ encima y conoces la intrahistoria, es un imprescindible.

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RAMAN RAGHAV 2.0 – Anurag Kashyap – 2016 – India – Thriller

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Ni todo Bollywood son películas con bailes ni todo el cine sin bailes en la India es cine independiente. Como todo en la vida, existe el término medio por mucho que algunos se empeñen en decirnos que por ejemplo en política solo hay izquierdas o derechas.

Así, para empezar, “Raman Raghav 2.0” es uno de esos films, comerciales pero exentos de ese exótico colorido que ha dado popularidad a la filmografía hindú. Repito, popularidad, no me seáis más papistas que el papa.

Avisados, adentrémonos más en el film. Decir que tampoco nos tiene que extrañar porque el director de la producción es Anurag Kashyap y que su filmografía habitualmente se ciñe a ese cine ‘término medio’ con el que he comenzado la reseña sería ir un poco de… ‘sobrado’ porque por desgracia el conocimiento que se tiene en este país u otros de habla hispana –lo digo por los que hayáis acudido a esta reseña…- sobre el cine indio es bastante limitado. Los que menos habréis visto u oído hablar de sus “No smoking”, “Gulaal”, “Dev.D” o la más popular “Gangs of Wasseypur” y eso os formará una idea aproximadamente de lo que quiero decir.

Pero como aquí estamos para informar –lo buenamente que me den mis pobres conocimientos y manera de expresarme- y reivindicar, recurriré a un ejemplo que aunque no para el gran público sí que está al alcance de los aficionados al cine asiático.

Pensar en un thriller coreano. ¿Ya está? Pues eso… ¡ya está! ¿Ah, que lo que os gusta son los ojos rasgados, el postureo y una ciudad impoluta y moderna como Seúl? Pues no, eso no lo tenemos, pero el resto, igual. Dejaros de prejuicios. No tenéis excusas. Artística y técnicamente esta se sitúa al mismo nivel y como ya he dicho, no tenéis ni el mal pretexto de los bailes. Pero vayamos al meollo de la cuestión que es cómo mejor me pillaréis. Y no, no es que os esté llamando tontos, al revés, que yo soy muy obtuso a veces ‘dándome’ a explicar…

Para empezar os hago un breve resumen de su sinopsis. ¿Veis cómo soy un poco torpe? Sinopsis ya lleva implícito lo de breve.

La policía detiene a un pobre desgraciado que se declara culpable de una serie de asesinatos acaecidos en Mumbai. Lo reprenden para darle una lección pero logra huir. La cuestión es que es el verdadero asesino y ahora lo han perdido. El encargado de detenerlo: un oficial corrupto y adicto a las drogas.

Pues bien, esto que parece, salvo el apunte del ‘pobre desgraciado’, la trama de muchas películas policiacas tiene una serie de… ¿alicientes? que son los que hacen recomendable por un lado y diferente por otro.

Lo primero, nuestro protagonista. Lo he calificado como ‘pobre desgraciado’ pero habría sido mejor utilizar el término ‘pobre diablo’: el significado es el mismo, pero lo de ‘diablo’ nos viene que ni pintado ya que al ser en el fondo un asesino en serie, creo que no hay mejor manera para describirlo. Eso sí, tiene sus particularidades puesto que en apariencia es eso, un ‘don nadie’, frágil y con más palabrería que hechos. Cae hasta simpático ya que su ‘modus operandi’ es tan peculiar como su propia personalidad. Con determinación, una franqueza sorprendente y una exagerada palanca al ristre nuestro Ramanna dista mucho de ser un criminal calculador y solo le impulsa su propia locura, eso sí, sosegada y una meta que no contaré para no desvelar demasiado.

En el otro lado, y no precisamente de la ley, el oficial de policía, un personaje complejo y no solo por su adicción a las drogas sino por varios problemas que rodean a su vida como el miedo al compromiso que arrastra a causa de su relación con su padre. Todo ello compone un cuadro igual de sicótico que el de su ‘partenaire’ llevándole a comportamientos erráticos que rozan y llegan a cruzar los límites de lo esperado.

Lo que dista y mucho de esos thrillers coreanos que comentaba es el trasfondo y escenario. De hecho, le separan algunas ‘leguas’ también de las típicas producciones realizadas en Bombay/Mumbai ya que es oscura y mostrando la cara más agreste de la capital hindú. Podría añadir que en línea con otros de los trabajos de su director, pero volvería a lo que decía al principio. Cochambre, chabolas, pozas insalubres, lo que uno quisiera para sí. Dejando la ironía a un lado, tampoco debe asustarnos esto ya que el tono desenfadado -sí, desenfadado- con el que el protagonista afronta su realidad funciona como barrera contra todo lo sombrío de su propuesta ofreciendo un resultado más cinematográfico y menos documentalista, estilo que gusta a esos neo-realizadores snobs.

Y lo mejor del film no es tanto la explicación del desenlace sino esa reflexión que deja sobre los paralelismos.

Para ir acabando, un par de detalles. El primero, que a pesar de que no hay bailes sí que tendremos un par de canciones que suenan en primer plano acompañando a las imágenes.

El segundo, la excelente labor de Nawazuddin Siddiqui, creíble en su papel de ‘sociable’ sicópata. Rascando bajo esa enorme cicatriz, su edad madura y comportamiento… cuestionable, nos encontramos con un gentleman apuesto y carismático.

Resumiendo, “Raman Raghav 2.0” es un thriller de contrastes y eso lo hace diferente. Cruento pero desenfadado, tenso pero ligero. Tan comercial como carne de festival. Un film para romper los tabúes del cine hecho en la India.

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La surcoreana “The guest” seguirá su andadura en la pantalla grande.

The guest

Muchos fuimos los que tuvimos la oportunidad de ver ese estupendo KDrama que fue “The Guest” que vio la luz el último trimestre del 2018.

El serial que nos llegó de la mano de la OCN y Kim Hong-Seon I (“The age of blood”, “Black”, “Voice”, etc.) continuó y dio paso a otros seriales y productos de la tendencia ‘posesiones’ que parece no dejar de estar en boga.

Con Kim Dong-Wook (“The concubine”, “The cat”, “Coffee Prince”, etc.), Kim Jae-Wook (“The last princess”, “Antique” y otra vez “Coffee Prince”, etc.) y Jung Eun-Chae (“The great battle”, “The fatal encounter”, “Pasta”, etc.) al frente del reparto, la serie se convirtió en un éxito y ahora se anuncia la intención de continuar con la misma con el ínclito Kim Hong-Seon I al mando aunque no se ha asegurado si sus protagonistas continuarán ya que se desconoce la naturaleza de la misma, si es una continuación, spin-off o un caso totalmente diferente.

Estaremos atentos pero la cosa apunta.

SEVEN YEARS OF NIGHT – Choo Chang-Min – 2018 – Corea del Sur – Thriller/Drama

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“El qué esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Esta cita bíblica me sirve para comenzar la reseña de, aviso desde el principio, una de las películas que más me han impactado este 2019, por no decir de la década.

Bajo la apariencia de uno de esos potentes thrillers que han dado fama a la cinematografía de Corea del Sur, el director Choo Chang-Min, autor de otras notables obras como “Masquerade” o “Mapado” -eso sí, en otros géneros- nos regala una impagable reflexión sobre los remordimientos, la obsesión y hasta la locura; una tesis sobre la culpa, donde los tintes grises, casi negros, dibujan tanto a los personajes como al destino de estos.

Para empezar hay que decir que hasta por formas, la película es compleja. Y no, no me refiero a que su estructura sea complicada a pesar de que el grueso del film sea un flashback. Me refiero a que su apariencia, su base, podría ser la de uno de esos films de ‘padre coraje’ ya que a grandes líneas nos trae la venganza de un padre cuya hija fue encontrada muerta. Son los matices, esa complejidad de la que hablaba que alcanza tanto a los personajes como a las situaciones lo que la convierte en algo realmente brillante.

Casualidad y causalidad se entremezclan para que todo el caldo de cultivo anterior explote y desencadene las situaciones que nos coloca como testigos de excepción del drama.

Pero vayamos por partes. El argumento a grandes rasgos es el que ya he comentado. El problema que es ni el padre que busca venganza está libre de pecado ni, sin destripar nada, su venganza es todo lo… ‘limpia’ que nos gustaría. La venganza esconde una obsesión más allá del empecinamiento por saldar cuentas, entrando en terrenos donde hasta parece vislumbrarse enfermedades mentales tan de moda en el panorama cinematográfico como la esquizofrenia. No en vano, la anterior obra de Yeong Yoo-Jeong en la que se basa la película ya hablaba de esta enfermedad aunque desde un prisma mucho más amable como la comedia romántica.

Volviendo al redil; alguien puede pensar que con todos las rémoras y hándicaps nos encontramos frente a uno de esos anti-héroes tan gratificantes para el género, pero lo curioso es que aquí si tenemos que calificar a alguien de tal guisa es al culpable de todo, al presunto villano.

El problema es que tampoco este sería un anti-héroe. Ni tampoco villano propiamente dicho ya que sobre él “pueden” –resalto el entrecomillado- recaer las simpatías del respetable. Como hemos dicho al principio hay demasiados grises sobre todos los personajes y quizás si tuviésemos que calificarlo lo haríamos con el término de ‘humano’ de ahí que sea más fácil identificarnos con él.

Pero por encima de su vertiente terrenal la película le concede una faceta casi sobrenatural que es lo que hace extraordinario al film acercándolo por momentos a la escenografía reconocible en el terreno del terror. No en vano junto a su director ejerce como co-guionista Lee Yong-Yeon experta en el género con libretos a sus espaldas como los de “Yoga”, “Red eye” o la más recordada “Wishing stairs”. Su realizador acentúa ese trasfondo misterioso, siniestro, envolviendo las tinieblas del pasado con una presentación impecable gracias a una fotografía cuidada, puesta en escena lóbrega, complejo folclore local e incluso referencias reconocibles.

Y si esto es un aliciente que da una dimensión más grandilocuente al drama que se nos presenta no hay que desviar la atención ya que dejando de lado la interpretación de sus dos protagonistas, el verdadero foco de atención es la propia tragedia.

En los últimos años la filmografía surcoreana ha dejado de ser aquella que nos atrapó gracias a su capacidad para hacernos vibrar con sus propuestas actioner, reír o contrariamente conmovernos. Se han vuelto cómodos por un lado y previsibles por otro. Sin embargo “Seven years of night” es capaz de ponernos el corazón en un puño con hechos que ya hemos visto mil veces.

Y es que si bien el celuloide, o mejor, las malas películas tienen la ‘virtud’ de convertir al ser humano en insensible a las desgracias ajenas, la habilidad de Chang-Min de transformar lo vulgar, por doloroso que sea, en algo contagioso hasta llegar a ser angustioso debe ser poco menos que resaltado.

Son varias las ocasiones en las que “Seven years of night” amenazará nuestra integridad pero lo mejor que podemos hacer es dejarnos llevar y dar rienda suelta a nuestros sentimientos. La verdad es que la ocasión lo merece y nadie debe arrepentirse por soltar unas lágrimas cuando el motivo es realmente conmovedor. Ser padre, querer a una persona, sacrificarse, llorar una pérdida, la frustración… son tantos y tan buenos los motivos por lo que abrir el corazón y dejar salir lo que uno lleva dentro…

Pero todo esto no sería posible sin, lo veníamos contando, una historia bien construida y, lo habíamos adelantado, un par de protagonistas de lo mejorcito que te puedes encontrar no solo en Corea sino en Asia. No solo Ryu Seung-Ryong es uno de los intérpretes más laureados en su país sino que Jang Dong-Gun es una estrella también fuera de su país ya que ha protagonizado producciones en el exterior, principalmente en China.

Dong-Gun nos sorprende haciendo uno de los pocos papeles negativos de su carrera, dando la sensación de querer dejar atrás la imagen de héroe o galán para demostrar que es un actor todo-terreno. Y no solo es su visceral interpretación sino que hasta físicamente ha sufrido una transformación engordando unos cuantos –bastantes- kilos. Lo del peinado, es solo una anécdota.

Contrariamente, a Seung-Ryong no hay que descubrirlo porque ya lo hemos visto en todo tipo de papeles y catadura pero siempre, y esto es lo loable, resultando no solo creíble sino brillante. Es, como en este caso, cuando a su personaje le corresponde llegar al corazón de los espectadores cuando se engrandece. Su trabajo por otro lado debería haber merecido algún premio local pero incomprensiblemente la película pasó de tapadillo entre la crítica y responsables de estos menesteres.

Por cierto, una curiosidad concerniente a ambos: tanto Dong-Gun como Seung-Ryong interpretan el papel de villano como Primer Ministro en, respectivamente, “Rampant” y “Kingdom”, las dos producciones, una para las salas de cine y la otra para TV, que muestra la lucha del reino de Joseon contra una legión de zombies.

No puedo acabar sin volver hacer mención a su director. Si es loable su trabajo en el guión, el manejo de estos dos monstruos interpretativos por fácil que parezca e incluso, el acierto al plasmar esa atmósfera a veces de cuento, a veces de pesadilla, no se puede pasar por alto que la película tenga algunas escenas que por sí solas tengan tanta fuerza como la propia historia que narra. La hoja de la desaparición de la niña con la flor, esa cremallera de la chaqueta, la escena de la cárcel… Son tantas y tan perfectas…

Y para cerrar el círculo destacar la preciosa Banda Sonora a cargo Ja Wan-Koo, la puntilla definitiva para que nuestros sentimientos se desborden.

Resumiendo, “Seven years of night” es un potente thriller que no solo atrapa y embarga sino que invita a la reflexión. Son los claroscuros de la vida, los errores y la lucha contra la fatalidad. Para un servidor, una Obra Maestra.

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RAMPANT – Kim Seong-Hoon III – 2018 – Corea del Sur – Aventuras épicas/Terror

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Si uno ve la serie que está en boca de todos como es “Kingdom” y es aficionado al cine asiático, está abocado a ver “Rampant”, por curiosidad y por lógica.

Si “Kingdom” nos traía a unos valientes muchachos de la mediana dinastía Joseon que luchaban contra unos infectados por una plaga que los asemejaba a zombies, los de “Rampant” no lo son menos. De ahí, esa ‘curiosidad y lógica’ que apuntaba más arriba.

Ahora bien, mientras la serie vio la luz en Enero, esta que nos ocupa aprovechó las condiciones propicias de la festividad de Halloween para convocar a más de un millón y medio de espectadores en las sala de cine. Recapitulando, dos meses y algo de antelación.

Sin embargo, esto no fue más que una estrategia clara de marketing ya que si nos ponemos a analizar una producción y otra, viendo las coincidencias más allá de las líneas generales que he dado en los primeros párrafos, es “Kingdom” la… digamos original. Y eso que no nos hemos metido todavía con las sensaciones.

En “Kingdom” se encuentra acreditada la guionista Kim Eun-Hee, autora de la web toon

Kingdom of the gods” junto a Yang Kyung-Il en la que se basa. Con este punto de partida, sobra todo lo demás. Las coincidencias no son fortuitas y hasta se podría asegurar que aquí en “Rampant” hacen uso de algunos de los planteamientos de la web toon sin pararse si quiera a reconocer la autoría. Claro, como hacen cambios… debieron pensar con ironía.

Dicho esto, empezaré reflejando los cambios entre esta y la producida/presentada por Netflix. Está claro que si no has visto aquella, esto poco importará así es que pasar unos párrafos más abajo.

En ambas tenemos un príncipe heredero pero no tan “heredero”. Aquí es un tío –no tengo otro nombre para calificar a tal… personaje- criado en China que vuelve al país tras la muerte de su hermano mayor. En la “otra” es hijo de una concubina y por lo tanto si la actual reina tiene un hijo, será desposeído de todo derecho al trono.

En las dos el villano es el Primer Ministro y oh, qué casualidad, en las dos es un ‘primer espada’ del país, incluso en esta que nos ocupa un primer espada de Asia ya que el bueno de Jang Dong-Gun ha trabajado fuera de sus fronteras. Aquí mismo nos enseña su dominio del mandarín con un par de intervenciones en este idioma. También es curioso que sendos actores normalmente sean los buenos de las películas que protagonizan, por sí solos además, y aquí sean malos, malísimos. Eso sí, a Dong-Gun lo estamos viendo últimamente queriendo demostrar que puede ser algo más que un héroe ya que en su anterior película como fue la recomendable “Seven Years of Night” acogía un rol negativo.

Tanto en “Kingdom” como en “Rampant” el protagonista está acompañado de un subalterno al más puro estilo Sancho Panza. En ambas tiene un toque cómico aunque es aquí donde está más acentuado. Excesivamente. Y es que mientras en la serie es un guardia real aquí es un… un… ¿monje?

Por último tenemos el detonante de toda la función como es la plaga. En las dos les llega de nuevas. Eso sí, con diferencias tanto por origen como por efectos. Sobre lo primero, mientras que en “Kingdom” proviene del uso de una flor que nos ata irremediablemente a otro mito del género del terror como es la licantropía, aquí son los sucios y bárbaros extranjeros –holandeses, of course!- los que traen la enfermedad.

En cuanto a los consecuentes efectos, en ambos son impecables pero en “Kingdom” están más definidos y con matices.

Dicho esto, vayamos con un análisis más individualizado de la película, aunque con todo lo dicho tampoco hay mucho qué decir y más, dando el resultado que da.

Antes cuando hablaba del protagonista ya he esbozado parte de mis sensaciones hacia él. Decíamos que la película, aunque no lo acredite, toma prestadas cosas de una webtoon, pues bien, más de dibujo animado no puede ser el ínclito principito. Nos llega desde las Chinas en plan chulo y tras una demostración en plan Naruto se nos mete a republicano y santurrón…

Y tras lo dicho, podríamos aplicar los mismos términos al resto de la película: irregular y poco creíble. Está claro que perteneciendo al género con el que tratamos lo de ‘poco creíble’ suena un tanto… extraño. No me refiero a la lucha contra zombies sino a los bandazos que da la película. Arranca fantástica, enganchando, pero se queda en eso, en gancho. Luego pasa a una hora de aburrimiento supino con excesivo diálogo que suena a excusa y poca acción.

Y la parte ‘zombática’… Sin ganas de innovar. Sí, hay crujidos de huesos, posiciones imposibles y señas que hemos visto en los ‘no muertos’ de este origen, pero es eso: cosas que ya hemos visto. Poco más.

Y lo peor es que cuando se pone dramática no hay por dónde cogerla, en parte porque ya sabemos quiénes van a ser las bajas cuando hacen hincapié en algunos personajes por medio del humor para caer simpáticos y por otro, porque algunos de los que caen no nos interesa un bledo por mucho que el compositor de la Banda Sonora ponga todo su empeño.

Es lo de siempre: artística y técnicamente impecable, pero la historia haciendo aguas y más en este caso con los precedentes y consecuencias teniendo ahí “Kingdom”.

Resumiendo; estando “Kingdom” uno puede pasar absolutamente de esta película. Si no existiese la serie de Netflix tendría un pase por Jang Dong-Gun. Entretiene, pero también tiene sus momentos aburridillos.

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KINGDOM – 1ª Temp. – Corea del Sur – 2019 – Aventuras épicas/Terror

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El que me conozca un poco va a creer que pongo a esta serie bien porque es coreana y claro, dada mi afinidad por todo lo asiático… Pues no.

El que me conozca más sabrá que soy de los que digo las cosas cómo me parecen, caiga el que caiga sin importar el qué. Si no me gusta algo, lo digo y no pasa nada, venga de donde venga y salga el que salga.

De hecho, por muy coreana que sea, no le tenía excesivas ganas, una porque al tratarse de zombies ya estaba un poco harto y dos porque, y relacionada con esta misma razón, pocas semanas antes nos había llegado desde el mismo lugar “Rampant”, otra producción épica con zombies con muchas… coincidencias. Está claro que aunque la otra vio la luz antes, es esta la que tiene acreditada a la webcomic “Kingdom of the gods” de Kim Eun-Hee y Yang Kyung-Il de donde claramente la primera robó algunas ideas.

Pues bien, tampoco era cuestión de desestimarla a las primeras de cambio ya que no todos los días nos llega un Kdrama doblado a nuestro idioma, ¿verdad?

Un último apunte que ayuda a empezar con el análisis vinculado a lo que venía diciendo sobre mí objetividad: mis dudas sobre la serie eran tales que hasta el primer episodio me pareció un tanto… soso.

Pues sí, el arranque de “Kingdom” es un tanto dubitativo con unos cuantos clichés, casi nula aparición de los ‘no-muertos’, menos presencia de acción y ya si de terror hablamos… Apaga y vámonos. Por si faltase poco, sus dos estrellas, reclamo donde los haya para autónomos y frikis como un servidor, dejaban mucho que desear.

El protagonista Joo Ji-Hoon,  al que hemos visto crecer a lo largo de ya más de una década desde la encantadora “Princess Hours” donde también ejercía en el papel de príncipe, aparecía poco menos que acartonado.

Su contrapartida, el carismático Ryu Seung-Ryong, se nos hacía extraño viéndolo en un papel de villano como hacía tiempo que no veíamos en él, desde también sus orígenes.

Pues entre unas cosas y otras la cosita no apuntaba bien. Pero como otras tantas veces, nada es lo que parece en Corea.

El segundo episodio toma el relevo del primero aumentando las sensaciones y añadiendo todo el mordiente que echábamos a faltar: acción, terror y hasta reconciliación con su reparto, aunque bien no personificado en el mencionado dúo de estrellas pero sí por parte de un puñado de secundarios que aportan los matices que extrañábamos. ¡Pero si hasta nos encontramos con alguna dosis de humor!

Pormenorizando en los detalles aunque sin destripar nada, diremos que otra vez Corea ‘se la saca’ –perdón por lo soez que pueda sonar y ser la expresión- como ya hiciese con “Train to Busan” al añadir notas originales a nuestros queridos ‘resucitados’ que no dejarán de sorprendernos hasta el último capítulo.

En todo caso, que nadie se piense que la serie solo busca combatir contra la plaga de zombies ya que esconde otras subtramas como el ‘equilibrio de poder’ dentro de la corte que nada tiene que ver ya con el género fantástico y/o de terror aunque sí más común a la filmografía local.

A este respecto la dirección artística se presenta como siempre impecable haciendo gala de un generoso presupuesto. Esto no nos viene de nuevas a los habituales a estas producciones, pero conviene mencionarlo para el vea a esta “Kingdom” como algo exótico o casual, ahora que está de moda la palabra, jejejeejeje…

Para ir acabando, volver a lo dicho sobre los secundarios encontrándonos un granado puñado de actores de primera fila como por ejemplo Heo Joon-Ho como ese líder de los “Panaderos Ninjas”.

Lo peor: Por un lado el doblaje en español, sobre todo el que recae en el papel del Magistrado Beom-Pal, el más hilarante de los personajes que por mor de un doblaje mediocre pasa directamente de cómico a idiota.

Y por otro lado que en seis capítulos no da tiempo para nada, dejándonos con ganas de más. Sabiendo que la semana pasada comenzó el rodaje de la segunda temporada, uno no puede dejar de pensar que sus productores esperaban su resultado internacional para acometer la continuación.

Resumiendo; “Train to Busan” ya demostró que aún se podía sacar provecho de los zombies. Ha tenido que volver a ser Corea del Sur quién continúe pillándonos a contrapié con esta serie tan entretenida, ricamente recreada y gratamente construida para sorprender hasta el último momento con detalles y guiños.

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