Adaptación de videojuego de terror llegado de indonesia: “Dreadout”

Dreadout

A veces nos creemos el ombligo del mundo y terminamos siendo el culo. Con perdón. Por ejemplo, ¿cuántas adaptaciones de videojuegos hay y cuantas de occidente? Como mucho, en Japón hemos visto unas cuantas y porque el país es exportador de ellos.

Ahora desde la exótica Indonesia, y ya no tanto a medida que van cruzando fronteras sus producciones, nos llega “Dread Out the movie”, un film de terror que como el propio nombre indica, es ‘The movie’ porque adapta un videojuego homónimo del 2013 cuyas cifras a través de stream superaron las 300.000 unidades vendidas, algo nada desdeñable.

El director de la misma es uno de los “Mo brothers”, pareja de cineastas conformada por él mismo –Kimo Stamboel– y Timo Tjahjanto, autores entre otros films de género de esta nacionalidad como “Rumah Dara”, “Takut: faces of fear” o uno de los segmentos de la más popular “VHS 2”.

Desde ya se puede ver el tráiler del film. La película está protagonizada por Jefri Nichol (“Hello Salma”, “Dear Nathan”, “One fine day”, etc.) y Caitlin Halderman (“The guys”) son algunos de sus protagonistas.

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COOKING UP A STORM – Raymond Yip – 2017 – China/Hong Kong – Comedia

Cooking

Siempre me ha gustado el mundo de la cocina. De hecho si no hubiese sido lo que soy –a decir verdad, no sé lo que soy porque no ejerzo mi profesión…- me hubiese decantado por el mundo de la gastronomía. Pero en mi ‘época’ estudiar cocina –allá en las cavernas…- no era tan accesible como lo es ahora –de hecho mi hijo sí que está estudiando el oficio- y elegir esta profesión estaba penalizado por ciertos prejuicios de los que ahora me avergüenzo.

Pero dejando las batallitas personales aparte, en lo que estaremos todos de acuerdo es que la gastronomía está de moda. Solo hay que ver cómo en los distintos canales de televisión vemos mil y un programas dedicados a este tema, sea en forma didáctica con profesionales enseñando recetas por doquier, en forma de concurso con mil versiones y formatos o tradicionalmente, por medio de documentales.

El mundo cinematográfico o en forma de serial no se ha visto tan afectado. Al menos en occidente, claro, puesto que particularmente en Asia este mundo siempre se ha visto representado llegándonos incluso a dar títulos tan míticos ya como “God of cookery”.

Quizás es que pasa lo de siempre, que en occidente nos creemos el ombligo del mundo, especialmente en Europa donde el timo de las estrellas Michelin -¿nadie se da cuenta de que esto está promovido por una compañía privada y como tal, no está sujeto a la objetividad?- lo tiene todo sometido a su tiranía y pensamos que nuestra gastronomía es la mejor.

En parte también juega su papel la ignorancia ya que si a alguien poco versado en la cultura de extremo oriente le preguntan por la gastronomía japonesa no va a ir más allá del sushi sin ni siquiera diferenciar el mismo del sashimi. Algo por el estilo pasa con la comida china. Arroz tres delicias, pollo agridulce y como mucho, pato laqueado.

Pero a lo que vamos, “Cooking up a storm” como vehículo culinario nos va a ofrecer esa otra cara de la cocina china, pero que nadie se espere un film que gira sobre los fogones ya que habría que empezar diciendo que el film dirigido por Raymond Yip, otra de las claves del film, no es otra cosa que un “Lunar New Year Film”, es decir, una de esas comedias que tradicionalmente se estrenan para el ‘Nuevo Año Lunar’ chino y que comparte ciertas características; la primera, que son familiares. La segunda, que guarda un poso sentimental nostálgico.

Así, Yip, experto en este tipo de films, nos presenta una comedia en la que la cocina es la excusa y las relaciones padre-hijo-maestro-familia, las  verdaderas protagonistas. Pero por partes.

En lo que respecta a la cocina tenemos el típico esquema de estas producciones: rivalidad entre dos antagonistas, luego se ganan el respeto mutuo, unen fuerzas y se enfrentan al enemigo común. No destripo nada porque como he dicho, es lo de siempre.

Igualmente, no pueden faltar las competiciones culinarias para que los personajes demuestren sus habilidades. Aquí tenemos tres, pero lo que evidencia que lo importante en el film no son los fogones, es que por ejemplo la segunda competición se la pulen al momento dando de golpe al ganador. Concurren varios países pero ni hay puntuación, ni tercer, segundo o primer puesto. Ni emoción ni nada. Total, es evidente quien va a ganar porque sino no habría resto de película… Al menos se agradece la franqueza.

Por otra parte, ¿se presentan apetitosos los platos? Pues sí, el problema es que hay pocos. Yip recurre a las cámaras lentas, cámaras subjetivas, primeros planos… todo muy visual, casi videoclipero, pero se nota que no es lo que busca. Cumple pero no va más allá.

Confía más en la labor de sus protagonistas, sobre todo en los veteranos Ge You y Anthony Wong -¿os muestro orgulloso mi foto junto a él?- y por supuesto, en Nicholas Tse, para conformar un triángulo que permita el milagro final. Y es que si bien, adelantando conclusiones, todo en la película pasa de puntillas, cuando llega el momento clave, sin saber cómo llega a emocionar. Eso, o es que me he vuelto muy blando…

La cuestión es que ya sea por la maestría de Wong o la experiencia de Yip en este tipo de películas, es imposible que lleguemos a odiar al personaje del progenitor del protagonista para que cuando llegue ese momento que mencionaba, resulte creíble y conmovedor. Yip y el no menos célebre Manfred Wong a cargo del guión, manejan muy bien la ambigüedad para que en esos tonos de grises nadie salga perjudicado.

Y quizás esa tibieza es la que termina para afectar para mal al film. Si carece de espectáculo culinario, tensión tampoco hay y además todo está impregnado de un “buen rollismo” bobo, salvo por ese momento de… ¿debilidad? uno termina la película con la sensación de haber visto algo insulso que olvidará al segundo siguiente.

Antes de acabar, una tanda de detalles. Que el protagonista sea Nicholas Tse no es casual ya que durante varios años estuvo presentando un programa documental de cocina viajando por distintos países –incluido España- dando a conocer la gastronomía mundial.

Su parteniere, el surcoreano Jung Yong-Hwa, no tiene justificada su presencia por encontrarse afín a la cocina sino por ser, además de popular actor en el gigante asiático gracias a su participación en varios Kdramas, líder de la banda CNBlue, una de mis favoritas y junto a FTIsland, una de las agrupaciones más rockeras de las boybands kpoperas. Su rol es del abrir fronteras, algo bastante habitual en los últimos tiempos en China/Hong Kong.

La fotografía raya a un gran nivel y la Banda Sonora instrumental ayuda a crear la atmósfera propicia para que, a pesar de esa inexplicable contención en toda la dimensión de la película –exceptuando quizás en los medios dispuestos para ofrecer esa semi-final y final del torneo de cocina- llegue a cuajar como lo hace.

Resumiendo, el que busque una película sobre el mundo gastronómico que busque otra opción. Esta es una comedia amable sobre la superación y los lazos de unión personales. Se deja ver pero queda lejos de lo que podría haber dado por reparto y apartados técnicos y artísticos. Si en lugar de Raymond Yip la hubiese dirigido otro Yip, Wilson, Wilson Yip, otro gallo nos hubiese cantado… Le falta espectáculo y compromiso.

Sky es un joven cocinero de Macao. Junto a su maestro Seven regenta un restaurante familiar en un antiguo barrio de la ciudad. Enfrente del local se establecerá otro joven cocinero de origen coreano, Paul Ahn, pero a diferencia de ellos, dirige un restaurante de alto poder adquisitivo, avanzadilla de la moderna zona que quieren construir los promotores del lugar derrumbado y rehaciendo el barrio. Pronto entre los jóvenes nacerá la rivalidad.

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A GENTLEMAN – Raj & D.K. – Bollywood (India) – 2017 – Acción

Agentleman

El porqué de la no-explosión del cine de Bollywood, hindú por extensión, en España no lo entiendo. Si no recuerdo mal creo que auténticos conocedores de este mundillo como Domingo López decían que los derechos de las películas tienen ciertas peculiaridades, pero dejando el tema de las dificultades de exportación/importación, todavía no hay mercado para estos productos.

De anime, cine coreano, japonés y chino en menor medida, tenemos pequeñas dosis, pero hindú…como no sea cine de autor o reivindicativo… Ah, sí o el que se estrena en salas en versión VOSE pero que luego no se traduce en edición casera con doblaje.

Que las costumbres son muy alejadas de las nuestras, que los bailes desvirtúan las historias, que si patatín, que si patatán. He oído excusas de todo tipo. Mi socio Ángel Manuel, la otra costilla de Chanpoo.com, con gran criterio y amante de (casi) todo lo asiático no termina de comulgar con este cine.

A mí, que es a lo que importa y lo que me sirve para dar comienzo al análisis de esta película, me gusta porque además de integrar la música como nadie lo ha hecho –sin música no puedo vivir- tienen una noción de la vida tan fantástica que se traduce en su forma de comunicar. Esas peleas tan exageradas, sus melodramas tan sentidos, su humor tan inocente y a bocajarro… Ponen el corazón en lo que hacen, para bien y para mal, y eso se nota.

Alguno dirá que solo es palabrería barata, que es la última moda y que solo estoy ciego por el exotismo.

Pues para contestar a este alegato me viene que ni perfecta esta película ya que lo que me gusta de ella, entre otras muchas cosas con las que entraré también ahora, es porque da una imagen idílica y moderna, mucho más sofisticada que en producciones occidentales. ¿Exotismo? Pues estoy hablando de todo lo contrario…

“A gentleman” traslada la mayor parte de su rodaje a Miami, con todo lo que ello conlleva de exteriores y calidad de vida. Porque aquí no tenemos a latinos intentando sobrevivir. Los expatriados hindús son un arquetipo de personaje de la cinematografía hindú y pocas veces vemos miseria o dificultades. La productora ‘Yash Raj  Films’ casi se ha especializado en este tipo de películas y si bien esta pertenece a la ‘Fox Star Studios’, dependiente de la norteamericana ‘20th Century Fox’, es curioso ver en los agradecimientos al inicio del film el nombre de Karan Johar, sobrino de Yash Chopra, fundador de la propia YRF… ¿casualidad?

Es cierto que la relación vendrá por otra parte, pero no las formas. Todo en “A gentleman” tiene una apariencia occidental y el tratamiento de la imagen está más que cuidado. Que la matriz sea la propia Fox tendrá algo que ver, que al principio del proyecto la vendiesen como una continuación de “Bang bang” –“Operanción Koh-I-Noor” como se bautizó en España mutilada de números musicales- remake local a su vez de “Noche y día”, también; la cuestión es que a vista de un occidental, de exotismo nada. Más bien como decía, sofisticación y lujo.

Y para llevar todo ello a la gran pantalla, ¿qué mejor que una comedia de acción? Pues eso nos encontramos, una película con espías impecables, chicas guapas y escenarios envidiables.

Por la parte de comedia, es muy ‘a la americana’, es decir, comedia ligera donde hay más simpatía que humor. Es el carisma de los protagonistas el que tira del carro y las situaciones no se fuerzan demasiado con tal de no pedirle al público demasiado. Olvidaros de los chistes zafios y los gags absurdos y hasta políticamente incorrectos, casi denunciables habituales en la India; aquí todo es bastante asumible: puede hacer gracia o no, pero tampoco nos hará poner los ojos en blanco a causa de la vergüenza ajena.

Por el trasfondo romántico, tampoco hay que preocuparse ya que aquí no hay conquista. La pareja ya está conformada, o eso es lo que desearía el protagonista… No cuento más.

La acción, sin tener una presencia protagonista, resulta gratificante. Las peleas físicas rayan a gran altura. En ningún momento tenemos ese defecto tan común en su cinematografía como son las populares “patadas al aire”, resultando las coreografías técnicamente brillantes, proporcionando credibilidad, laboriosidad y contundencia. Olvidaros de las fantasías de otras cinematografías hermanas de Bollywood ya que aquí no veremos enemigos volando a merced del cable. Como todo en la película tiene una apariencia –y gusto- occidental, así es que de desfases, ni uno. No en vano, el responsable de la misma es ni más ni menos que el francés Cyril Raffaelli, autor de coreografías de la talla de la saga “Transporter”, “La jungla 4.0” u otras películas de género bajo el sello Luc Besson.

Por su parte, Sidharth Malhotra, con un cierto aire a Eric Bana, a pesar de haber ganado algún galardón como “Peor actor” por su papel, se descubre como un correcto actor de acción, dejándonos con la idea de que cada vez entendemos menos de esto al no comprender sus desméritos para ‘valerse’ con la carga de este cuestionable galardón.

De Jacqueline Fernández poco se puede hablar ya que desgraciamente queda bastante relegada a… a… cara bonita. Y vaya sí lo es: actualmente mi actriz de Bollywood preferida. El problema es que en otras ocasiones se le ha sacado más partido.

Pasemos a, como es habitual en las reseñas de esta procedencia, la que denomino como ‘Sección de Coros y danzas’. Hasta tres números musicales tiene la película.

Chandralekha” tiene como escenario una fiesta de trabajo y resulta simpática, más la coreografía que el tema musical ya que, aunque movido y moderno, no resulta tan pegadizo a causa de la excesiva repetición del “Chandralekha” del título y la instrumentación de esa trompeta recalcitrante. Lo mejor: ver a la gente pasándoselo bien.

En “Baat Ban Jaye” cambiamos el entorno yéndonos a la playa. Con ello, el ritmo se hace más distendido, menos repetitivo subiendo las prestaciones, haciéndose más comercial. Una gozada. Colorido y, ahora sí, pegadizo.

Disco disco” acompaña a los títulos de créditos finales por lo que los poco amigos de estas escenas podrán saltárselo sin más. El resto disfrutaremos de una de estas típicas coreografías ambientadas en una supuesta discoteca setentera. La melodía nos recuerda a otras muchas pero como su función no es otra que servir de dicharachera comparsa al aluvión de nombres, tampoco desentona.

Por lo demás, otros dos temas melódicos que acompañan a las escenas más acarameladas, sin entrar como decía líneas arriba en el edulcoramiento más empalagoso. Destacar el tema “Laagi Na choote”, un dueto precioso tanto por composición como por interpretación. La piel de gallina, oiga.

Resumiendo “A gentleman” es una divertida comedia de acción, sin más pretensiones que divertir y estar bien hecha, cuidando los detalles. Y por Ganesha que cumple con creces. Y es que cuando se tienen claros los objetivos y mimas el producto, se nota trascendiendo las sensaciones del resultado buscado.

Gaurav Kapoor es un ejecutivo que disfruta de su cómoda vida. Está enamorado de su compañera de trabajo Kavya, pero esta lo cree un tipo aburrido por lo que no le hace mucho caso. Pronto la acción se cruzará en sus vidas. O no…   

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RV: RESURRECTED VICTIMS – Kwak Gyeong-Taek – Corea del Sur – 2018 – Thriller fantástico

RV

De casta le viene al galgo”. Soy de los que piensan que los refranes, al igual que los proverbios, vengan de donde vengan, a tenor de los nuevos tiempos han perdido gran parte de esa carga que hacían que muchos se valiesen de ellos amparándose en la sabiduría tradicional, pero en esta ocasión me viene que ni pintado para dar comienzo el análisis de esta película.

La cuestión es que la premisa de esta “RV: Resurrected victims” es una de las mejores que he podido ver en años. Os la voy a resumir y me diréis si no os lo parece.

Las personas que fallecieron en circunstancias violentas y cuyos casos no han podido ser resueltos vuelven a la vida en las mismas condiciones antes de morir. Nada más “despertarse” acuden a las personas causantes de su muerte para vengarse. Tras ello, vuelven a desaparecer tras una combustión instantánea. Por si faltase algo, justo antes de lograr su objetivo e indiferentemente de su origen, dicen “Ranekama”, “Por venganza” en hebreo antiguo por lo que la iglesia católica es la encargada de investigar estos casos de supuesta resurrección.

¿A qué sí, a qué suena interesante? No en vano adapta una novela del local Park Ka-Ik y esto se deja notar.

La cuestión, el porqué del inicio de la reseña, es que en Occidente esta premisa daría para una película de terror, pero como Corea del Sur es como es, para lo bueno y lo malo, nos encontramos con un thriller. Y es que el que más y el que menos, ya sabe que esta nación y por extensión, cinematografía, ha hecho del thriller casi una religión. Y no lo digo porque haya que tenerle fe sino porque obra milagros de la nada.

Este no es el caso, tenemos una buena base y otros elementos que, adelantando conclusiones, conforman un peliculón. Así es que vayamos con ellos.

Si bien esa sinopsis dada a vuelapluma nos hace pensar en misticismo y horrores bíblicos, aquí como decía líneas arriba todo gira en torno al suspense, persecuciones y drama; vamos, las tónicas del género.

Sin embargo lo que eleva el nivel de la producción más allá de ese ‘más de los mismo’ al que parezco referirme con mis palabras son un par de elementos.

Para empezar, ese misterio que encierra la película y que produce que nos enganche. El caso que centra la trama dentro del relativamente escaso número de resucitados es el de una madre que al volver atenta contra su propio hijo, hijo al que adoraba en vida. Por si faltase poco, este es fiscal y que todo apunte a que, al volverse contra él su progenitora, sea el culpable de su muerte, abre tanto una grieta en el sistema como dos investigaciones, la que lleva el propio protagonista para limpiar su nombre y encontrar al verdadero asesino de su madre como otra paralela apartado como está, obviamente del caso.

El segundo y no menos importante aunque por ‘cuota de pantalla’ menor en cuanto a presencia es el que marca el drama personal de los protagonistas. Todos tenemos madre. Algunos no han podido conocerla, otros ya desgraciadamente la han perdido y los que más, aún tenemos la suerte de conservarla. La mayoría, sea el caso que sea, sabemos el rol que juega/ha jugado en nuestra vida y el hueco que deja o puede dejar. Aquí nos encontramos para mayor pesar con una madre que ha cuidado sola a sus hijos y una unión inquebrantable entre los miembros de la familia. Pues con este contexto, imaginaros que os acusan de matar a vuestra madre. Terrible.

Pues si sumamos al dolor en cierta forma la culpabilidad del protagonista conociendo las circunstancias que rodean a los resucitados, tenemos un bagaje dramático creíble tanto por ese resentimiento como por la justificación de algunas de las reacciones de este.

Sin embargo esto no podría funcionar tan bien como lo hace sino fuese por la implicación de su estrella protagonista, Kim Rae-Won. Atrás queda aquel jovenzuelo, típico guaperas, protagonista de Kdramas. Rae-Won, a pesar de todavía sus rasgos añiñados, es ya un adulto y no solo por edad -roza los cuarenta ya- sino por interpretación. No digo que sus trabajos anteriores fueran malos, es más, siempre ha sido cumplidor, sino que, poco a poco, se está convirtiendo en alternativa a las ‘vacas sagradas’ del país. Rae-Won, sin grandes manifestaciones emocionales, transmite lo que la película requiere hasta tal punto que nos llega a conmover. Tengo que confesar que su desenlace me hizo saltar alguna lagrimita.

En ello también influye tanto la dirección del veterano Kwak Gyeong-Taek, realizador de clásicos ya modernos como “Friend” y otras producciones  recomendables como “Typhoon: amenaza pirata”, “Champion”, “Eye for an eye”, “A love” y sobre todo “Pained”, como su Banda Sonora. Mira que he buscado quién es su compositor y no he podido encontrar nada. Entre violines, notas de piano, órgano clásico y efectos electrónicos nos da como resultante una suerte de composiciones entre Hans Zimmer y el Mike Oldfield más actual, la partitura de la película es una de las más bonitas que he podido oír en una película este año. Sensible pero potente en sonidos, no nos extraña que Gyeong-Taek dé protagonista a la música en las mejores escenas del film, sobre todo en la parte final.

Y ya que estamos con esta, no se puede desvelar mucho para no restarle suspense, pero su resolución sorprende. Se le puede criticar la manipulación de ocultar datos –¿en qué película del subgénero se permiten ser honestos?- pero… ¿criticar la carga religiosa en la moraleja del film? De lo que ‘habla’ –ya digo que no puedo concretar más ya que destrozaría el misterio- está presente en casi todas las religiones, además de ser una práctica sana para el espíritu. A mí particularmente me caló como he dicho, y mira que soy “duro” para estos mensajes adoctrinadores, como he llegado a leer por ahí.

Por último añadir que la fotografía a cargo de Kim Sung-Hwan resulta competente, aprovechando las abundantes escenas de lluvia que nos regala el film, entorno que siempre resulta estimulante para  este tipo de producciones, y más de este origen, casi una marca de fábrica de su cinematografía.

Para cerrar decir que hasta su metraje es también plausible: hora y media. Directa y al grano, tanto a la mente como al corazón.

Resumiendo, excepcional thriller fantástico que navega entre varias aguas para conformar un producto redondo que engancha y transmite. Claro candidato para remake occidental. Uno de los mejores films que nos llegan este 2018 para un servidor.

Seo Jin-Hong es un fiscal implacable. Su carácter se endureció aún más cuando no pudo encontrar al asesino de su madre siete años atrás. Para su sorpresa, esta volverá de la tumba como una de las denominadas “Víctimas resucitadas”, personas que sin saber cómo vuelven a la vida dispuestas a vengarse de quién las asesinó. Lo peor, es que su propia madre atentará contra él, haciendo que recaigan sobre su persona las sospechas de todo el mundo.

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ISM – Puri Jagannadh – Tollywood/India – 2017 – Thriller

ISM

Decepción. Este es mi titular para la película. Por dos motivos, uno personal y otro, por mis sensaciones tras su visionado. Así es que si sois listos hasta os podéis ahorrar el rollo de tener que leer esto. Sin embargo, si os puede la curiosidad y pasión por este cine, no cambiéis de canal que… ooops, perdón… seguir leyendo que igual os sorprendo con mis habituales chorradas.

Empezaré por lo personal que igual importa menos, dentro del ya agujero negro de ‘importancia zero’ que tiene todo esto, claro. La cuestión es que la primera parte de la película, coincidiendo con la primera hora, transcurre en la ciudad que me vio nacer y a la que me siento orgulloso de pertenecer, VALENCIA. De hecho, estuve en el rodaje en una de las escenas de acción en la que persiguen al protagonista montado en una moto.

La ciudad –por cierto, es la cuarta vez que se rueda una película de la India aquí- sale preciosa, sacando muchos rincones de la misma –me falta el Micalet, campanario de la Catedral, para que fuese ya redondo- y se nota que los productores estaban enamorados de la misma. El problema, la decepción que decía, viene dado porque a la hora de nombrarla la cambian de lugar diciendo que es… TENERIFE. ¡Toma castaña! Imagino que es un homenaje a la gran colonia hindú que allí reside porque de otra forma no lo entiendo. Lo más curioso, siguiendo con las batallitas que solo me importan a mí, es que no es la primera vez que ocurre esto ya que en la sexta parte de “Fast and Furious” trasladan la valenciana base de la OTAN/NATO a la capital del Teide. En fin… ‘Resignació, germans valencians’ o lo que es lo mismo traducido del valenciano al español: “Tranquilos que un día los valencianos conquistaremos el mundo”.

Dicho esto, vayamos ya con lo importante –y más serio-, mis sensaciones y conclusiones.

Como en casi todas las películas de la India, nos encontramos dos partes bien diferenciadas. Aquí dadas las ‘limitaciones’ del metraje, poco más de dos horas, nos las encontramos bastante comedidas y, gracias a Ganesha, directas.

La primera parte, la que como decía se desarrolla en Valencia… o en Tenerife según estos, nos trae una comedia de acción donde las supuestas risas se anteponen a los guantazos. Digo bien lo de ‘supuestas’ porque el que más y el que menos ya sabe cómo se las gastan los hindús ya que su humor, y tanto importa si hablamos de Bo-To o Kollywood, se basa en personajes secundarios ridículos y en la mofa que se hace de ellos, un indigno escarnio objeto de denuncia. Aquí no es el caso pero hemos visto en otras ocasiones como hasta se burlaban de deficiencias físicas y mentales. Así de burdo, inocente para sus defensores, se nos presentan unos gags que para la mayoría son fuente de vergüenza ajena.

Los chistes, haciendo gala de otras de sus habituales pautas o características, tienen mucho de componente local, convirtiéndose en demasiadas ocasiones en jeroglíficos aún más indescifrables. Si los sketchs tontorrones no tienen gracia, imaginar los que solo entienden ellos. Aquí, nos sacan en una ocasión un cameo –no sé si será con permiso o qué- de Salman Khan y nos nombran a otras estrellas de su cine como Mahesh Babu -¿casual que haya sido el último que haya rodado en Valencia?- y Jr. NTR, pero poco más.

Junto a esto y la acción, que me dejo para después, la componente romántica, apartado superado en la India en la última década. Y digo ‘superado’ porque nadie tiene que preocuparse de encontrarse algo edulcorado; actualmente a no ser que nos topemos con un melodrama, las conquistas son poco menos que flechazos. Aquí tenemos a nuestro héroe que se enamora de la chica, le suelta un par de piropos al más puro estilo machito y esta, si bien no cae rendida a sus pies, entra en el juego de la seducción. Como hemos dicho, dadas las limitaciones de metraje, aquí todo resulta más precipitado y su enamoramiento es casi instantáneo, nada creíble por otro lado cuando entran en juego encima casualidades y enredos, esos otros ingredientes omnipresentes en este tipo de producciones.

Peeeero es que lo peor está por venir, con la segunda parte u hora.

Aquí la película da un giro radical, convirtiendo la comedia en drama y la tontería en un panfleto liberal de estos mesiásticos que no hay por donde pillarlos. Resulta que todo lo que estábamos viendo no era tal y que nuestro héroe en realidad es un cruzado por la verdad y libertad del pueblo que está esclavizado por las corruptelas del poder y bla, bla, bla… Vamos, que ahora entiendo por qué eligieron Valencia como fondo de las aventuras de estos, hartos de ver cómo en la última década, unos y otros han convertido a mi otrora próspera tierra en el objeto de las ambiciones ilícitas de cualquier político de tres al cuarto.

El humor se cambia por reivindicaciones y discursos grandilocuentes que hemos visto ya una y mil veces, que resultan tan redundantes en su mensaje que aburren más que otra cosa. El fin es bueno, pero no deja de ser una utopía. Y eso lo dice alguien que cree que el comunismo es perfecto, pero son las personas las que no, y por lo tanto no se puede llevar a cabo.

La última media hora es aburrida por mucho que se empeñen en querernos hacernos partícipes de la alegría del pueblo por verse representado. Me recuerda a uno de esos finales de “Madagascar” donde los lémures solo tienen ganas de fiesta y se ponen a bailar al ritmo de una canción pegadiza. ¿Pero somos tontos o qué? Está muy bien eso de hacer un Wikileakshinduleaks más bien- haciendo uso del ‘modus operandi’ de Anonymous y decir que te inspiras en Julian Assange y Edward Snowden al inicio del film, pero todo resulta pretencioso cuando sabes que en realidad es una maniobra para llevar al público a las salas.

Solo hay que ver esa subtrama romántica de la que hablaba líneas arriba y su cohesión con la historia tal y como termina desarrollándose. No se puede decir mucho para no desvelar nada, pero de creíble… Por no decir el lugar que deja a la mujer. Manipulada. Objeto. Excusa. Marioneta… Tantas cosas y ninguna buena… Vale que sea algo a lo que deberíamos estar habituados, pero… ¿tu mensaje no es romper con lo de siempre? Hipocresía.

Nos queda la acción, quizás el factor más importante de mi frustración, sobre todo por venir de quién venía.

La que nos encontramos en la primera hora es bastante mala. No voy a poner ningún paño caliente. Por mucho que me guste el cine de la India no voy a ser indulgente. Las peleas no hay ninguna en la que los puños o patadas lleguen a su objetivo. Cualquiera diría que el director de esta, Puri Jagannadh, fuese el mismo de esa casi Obra Maestra que fue “Pokiri”  u otras recomendables como “Bbuddah… Hoga Terra Baap”. Con decir que hay un tiroteo y pasa de tapadillo a causa de planos demasiado alejados donde no se puede ver nada. ¿Tapar los defectos?

Luego, en la segunda parte y con la entrada de especialistas locales la cosa cambia, pero tampoco llega al nivel de otras producciones de su director. Una de esas escenas donde los rivales salen volando y el héroe muestra sus habilidades dando mamporros, y poco más ya que la esperada parte final resulta una copia de otras tantas con el héroe acuchillando a diestro y siniestro pero sin la espectacularidad de otros títulos. Parece que no querían restarle fuerza al mensaje políticamente correcto de los minutos anteriores y se han dejado el dinamismo, la fantasía y contundencia de la acción hindú para otra ocasión.

¿De las coreografías y números musicales? Pues que propiamente dichos hay solo dos. Uno donde el héroe demuestra sus dotes para el baile por toda Valencia, bastante vistoso y divertido, y otro en las calles de Hyderabd con mujeres y ritmos más autóctonos, menos comerciales a vista de un occidental. Correctos sin más. Luego de tipo videoclips, es decir, esos donde los protagonistas deambulan en silencio solo acompañados por música tendremos otros tres, pero estos son simples minutos musicales con letra. Al igual que con la acción, se podría haber aspirado a más.

Para ir acabado, destacar al protagonista Nandamuri Kalyan Ram, una mezcla entre Salman Khan y Dominic Cooper, un intérprete que se mueve mejor en el drama que en la comedia aunque como héroe de acción no pinta mal, lejos todavía de los iconos del género de su cinematografía pero al que habría que estar atento en futuras ocasiones si le llegan mejores proyectos. Es Jagapati Babu el que hace gala de su veteranía y el que sin quererlo se lleva el gato al agua a pesar de sus limitaciones y rol de ‘casi’ villano de la función. Es lo que tiene el carisma…

Resumiendo “ISM” es un film irregular que podría haber dado más de sí pero que da la sensación de que al trasladar su producción a España, perdió parte de su potencial económico. Le falta espectacularidad y le sobra hipocresía. Demasiada carga de corrección política para no dar ejemplo en el tratamiento de la mujer o poner realmente los pies en el suelo.

Kalyan es un joven vividor que se gana la vida en las peleas ilegales en España. Un día conocerá a Alia, la guapa hija de un mafioso. El destino le llevará a conocer por su parte al padre de esta y pronto comenzarán los enredos. Pero nada es lo que parece… empezando porque Valencia es Tenerife.

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V.I.P. – Park Hoon-Jung – Corea del Sur – 2017 – Thriller

VIP

Como vivo un momento delicado –algunos lo llaman ‘Crisis de los cuarenta’- la verdad es que por un lado ya me da lo mismo todo y por otro, no me da. Me da lo mismo todo porque estoy harto de las tonterías, harto del quedar bien, harto de que a uno lo tomen por tonto y harto de que la vida pase sin menos alegrías de las que merecemos.

Sin embargo, ese hartazgo te lleva a ver las cosas de otra manera, de saber quién está ahí, quién te aprecia y en quién puedes confiar. Me hacen gracia ahora los niñatos que intentan explicarnos lo qué está bien o lo que está mal cuando de la vida solo la conocen de oídas y encima filtradas por un tamiz deformado a su antojo.

Llevo desde 1998 escribiendo reseñas de cine asiático y si mis cuentas no me fallan ya habré superado las 3000 reseñas. Está claro que la mayoría son ladrillos intragables, con desaciertos y afirmaciones desafortunadas, pero eran meramente un medio de expresión, ninguna lección a terceros con intenciones de adoctrinar. Era mi forma de comunicarme y dar a conocer un mundo que gracias a las nuevas tecnologías ahora cualquiera tiene a su alcance pero que parecía inaccesible hace tan solo quince años.

Quizás ahora la pasión haya pasado dejando paso simplemente a las ganas de dejarse llevar, olvidar lo que se ha quedado por el camino. Escribir tampoco es ya esa devoción de ponerse delante de un folio en blanco a hablar sobre algo casi místico por aquella época, dar el justo reconocimiento a algo que merecía la pena, que tenía que ser descubierto. Quizás en parte porque ya no valga la pena… ¿O sí?

De nada me sirve ahora explicar que los surcoreanos son los reyes del thriller policiaco porque es redundar sobre un tema sabido ya. Menos aún hablar sobre la obsesión que tienen sobre Corea del norte… Total, si nosotros españolitos no hemos podido quitarnos la losa –nunca mejor dicho en unos días en los que se habla de desenterrar a cierto dictador…- de la Guerra Civil… ¿Qué no podrán ellos teniéndolos tan solo a unos metros de distancia?

La cuestión es que ‘enmerdado’ como estoy, me cuesta llevar a adelante una reseña que gira en torno a tantos tópicos en la cinematografía y sociedad coreana sin caer en el tedio y darme asco a mí mismo, así es que intentaré ser expeditivo.

El argumento de “V.I.P.” no puede ser más simple: un asesino en serie es el deseo de la policía, del servicio de inteligencia y de una venganza. A partir de ahí sazonamos con esos tópicos que mencionaba.

Para empezar, nuestro oficial de policía es el clásico agente rebelde que pocas veces cumple las normas y al que todo el mundo tiene respeto, aquí llevado al límite de incluso el miedo debido a un carácter irascible.

El agente del Servicio Secreto, por el contrario, es el típico funcionario, disciplinado y cerebral.

El joven asesino, por su parte, parece haberse inspirado en su compatriota y colega de profesión Shin Ha-Kyun (“Salvar el planeta tierra”, “El gran golpe”, “Sympathy for Lady vengeance”, etc.) con el que guarda por cierto hasta un cierto parecido, esbozando en todo momento una macabra sonrisa por muy sádicos que sean sus actos, haciéndolos más cruentos si cabe. Y es que el antagonista de la historia es un cruel sicópata que disfruta con el dolor ajeno, siendo las inocentes jovencitas su presa favorita.

Y por último, un policía militar norcoreano que busca venganza desde que… entre otras, nuestro asesino desertó al sur.

Para aderezar todo el conjunto tenemos otro factor habitual en el país como son las luchas de poder. Por un lado, el policía y el agente del servicio secreto se ven sometido a la tiranía de la cadena de mando. Y por otro, el exponente político representado por el tira y afloja entre el servicio secreto local a merced, según nos lo pintan, del americano.

Pues bien, a pesar de que parezca “lo mismo de siempre” y que esa peligrosamente aburrida a priori componente jerárquica-institucional esté ahí presente, “V.I.P.” es un gran entretenimiento.

Las claves, un par. La primera, que nuestro iracundo policía está interpretado por Kim Myung-Min, un actor todo-terreno en quizás su papel más exaltado. Aunque dramas y thrillers ha tocado bastantes, es un reconocido comediante, y verlo tan excesivamente sobrio, resulta refrescante. Claro, esto a quién lo conozca poco o nada, no le va a resultar un atractivo extra, pero ya sabemos que parte del éxito de las producciones surcoreanas radica en su… ¿interiorización?

La segunda, las sorpresas. No voy a desvelar nada, pero a pesar de que como digo el guión no es muy elaborado, no resulta previsible. Y cuando lo hace, sobre todo en el personaje interpretado por el internacional Jang Dong-Gun –repito que no descubro nada, solo hay que ver el arranque- es cuando resulta necesario. Los mejores minutos de la película coinciden con la acción protagonizada por este. Da gusto verlo. Y ya no tanto por la contundencia sino por dejar atrás toda esa mojigatería en la que vivimos. Personalizándolo en su persona, ya en su momento muchos dijimos que era un buen heredero de Chow Yun-Fat; aquí lo ratifica. ¡Qué atracción ejerce sobre la cámara y cuánto estilo con una pistola en las manos!

¿Lo peor? Que se me queda corta la participación de Park Hee-Soon cuando su personaje daba para mucho más como ese oficial norteño con la venganza como meta y fatalidad como destino, la nula presencia femenina y que parece que la industria tabacalera del país ha producido la película. Cada cual hace con su cuerpo lo que quiera, siempre que no moleste a otro, claro, pero aquí parece que es indispensable fumar para parecer más duro o cool. El personaje interpretado por Kim Myung-Min no hay escena en la que no lleve un pitillo en los labios.

Resumiendo, “V.I.P.” es un ‘más de lo mismo’, pero un ‘más de lo mismo’ bueno, sabe qué dar y hasta cuándo. Aprovecha defectos para convertirlos en virtudes y enmascara tópicos gracias al ritmo y carisma de sus protagonistas. Un thriller que sin llegar a ser “de acción” resulta intenso.

4  /  5

SATAN’S SLAVES – Joko Anwar – Indonesia – 2017 – Terror

SatansSlaves

Gracias al cine de acción, la cinematografía indonesia ha logrado hacerse un hueco dentro de la cada vez más pujante cinematografía asiática, una pequeña fisura en comparación con otros gigantes, pero lo suficientemente aperturista como para permitir que, aunque sea con ayuda de terceros como en este caso con la surcoreana CJ Entertaiment Group en la distribución, otros géneros más allá de la acción tengan cabida en este escaparate del séptimo arte. Aunque para ser justos, como en otros pequeños países del sudeste asiático, antes de ‘fenómenos espontáneos’ como los causados por Evans y compañía, el terror siempre traspasaba fronteras a cuentagotas.

Lo primero que hay que decir, más como aviso, es que  “Satan’s slaves”, a pesar de sus más de 4 millones de entradas vendidas en su país de origen, es una película pequeña con fragantes fallos artísticos y técnicos que a muchos les echará ‘pa’tras’ a las primeras de cambio: fallos de raccord, de guión –el niño se pone a hablar de buenas a primeras, intentar abrir una puerta para dentro cuando se abre para fuera y no cortarlo en la mesa de montaje… – situaciones que de otra manera no se entenderían en industrias más avezadas conforman contrariamente a lo que pudiese parecer un aura de inocencia que permite que el espectador sea indulgente con la producción dejándose llevar.

Lo segundo y menos importante, pero hay que decirlo, que la película es un remake local del año ’82 que a su vez se decía que adaptaba el “Phantasma” de Coscarelli. Yo la verdad es que parecidos no veo muchos, pero bueno…

Metidos en harina, diremos que la película se divide en tres actos cual obra de teatro. El primero es un torrente de sustos sin casi hilo argumental. Intenso aunque tramposo, va concatenando apariciones fantasmales muy al uso asiático con mujeres de largas melenas y hasta un pozo (!!!) llegando verdaderamente a enganchar, justificando su éxito y cruce de fronteras.

Son minutos verdaderamente siniestros que usa en su beneficio sonidos, esa moda que se ha instaurado en la última década gracias a otros éxitos occidentales, que entre el desconcierto y la buena cadencia apuntan a que podemos estar ante un hito. Ya os aventuro que esa sensación no será más que otra ‘aparición’ fantasmagórica…

La segunda parte renuncia al efectismo centrándose en la investigación de la causa de las apariciones. Sabe mantener la tensión e incluso se nos regalará una pantagruélica escena sangrienta de las de recordar, pero la intensidad decrecerá. Estos minutos, alrededor de la hora de metraje, serán calafateados por uno de esos falsos finales tan innecesarios como artificiales ya que, como he dicho, alcanzada escasamente la primera hora, uno no necesita ser muy listo para saber que esto no ha acabado todavía.

Aunque a decir verdad, tendría que haber terminado ahí puesto que la tercera parte es un epílogo tan opuesto a lo que nos estaban ofreciendo que resulta hasta ridículo. La sorpresa, el misterio, el tenerte en tensión es sustituido por una serie B de zombies de tres al cuarto que es culminado por… atentos, redoble de tambor…. UN NÚMERO MUSICAL que acompaña a los títulos de crédito. Sí señores, ríanse ustedes –yo no porque lo adoro- de Bollywood al lado de esta incongruencia, un tanguete que no viene a cuento a no ser que los protagonistas del mismo sean artistas reconocidos del país y solo estén haciendo un cameo, un guiño al público. De otra manera, no se entiende. Inconcebible.

Por lo demás, el reparto es cumplidor sin ni siquiera desentonar los niños y aunque la dirección peca de movimientos extraños –más de una ocasión parece que se choca con el mobiliario- no se echan a faltar efectos especiales digitales cuando se respira un espíritu tan de andar por casa.

Resumiendo, la primera hora del film es un producto más que digno dentro del género del terror. El resto, algo incomprensible que estropea todo lo anterior. En conjunto es algo… –me duele decirlo- exótico.

P.D.: Eso de miccionar en medio de la sala al lado del pozo donde se pueden filtrar los orines…

Sara se encarga de su familia tras enfermar su madre, una, antaño, popular cantante. Junto a su padre y tres hermanos pequeños tienen que subsistir ahogados por las deudas que produce el tratamiento médico que recibe la enferma. Un día esta morirá y a partir de ese momento todo irá peor para la familia ya que un número importante de fenómenos paranormales se sucederán en la casa.

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