ONE CUT OF THE DEAD – Shinichiro Ueda – JP – 2018 – Comedia

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Me estoy haciendo viejo. Y claro, detrás de esta obviedad/tontería hay una postura creo muy común al resto de los mortales, acentuada cuando uno es friki. ¿Pero quién no es friki? No hace falta gustarte el cine de género, los cómics o el anime. A lo mejor eres friki del punto de cruz, de las tele-novelas o del rock más duro. En fin. A lo que iba…

Por ejemplo, a estas alturas de la vida, creo que a casi todos nos da lo mismo la opinión de conocidillos, ya no digo de gente que ni has visto nunca, por eso muchas veces soltamos nuestras verdades sin calcular las consecuencias. Y aproximándonos ya a esta reseña, a estas alturas de la vida intento ver las películas lo más ‘limpio’ posible; un tráiler como mucho y ya está.

Esto puede parecer incongruente con alguien que lleva más de 20 años escribiendo reseñas de películas pero tengo que recordar que cuando comencé en ‘esto’ mi intención era dar a conocer la cinematografía asiática, algo que por aquel entonces no era tan de ‘dominio público’ como ahora. Las cosas cambian y tú no eras el mismo que hace veinte años, ¿verdad?

La cuestión es que creo que por primera vez voy a decir esto alto y claro: más que nunca es necesario poner en sobre aviso sobre una película para poder ser disfrutada al máximo, y es que esta… NO ES UNA PELÍCULA DE ZOMBIES.

Y ya no solo es que no es una película de zombies sino que… NADA ES LO QUE PARECE.

Esto viene a cuento porque tras su pase por la edición del Festival de Sitges del 2018, el film de Shinichiro Ueda se convirtió en la comidilla de todos los aficionados. A decir verdad, los que nos movemos por el fandom asiático ya habíamos oído hablar de ella por su sorprendente éxito de taquilla, pero no fue tras su presentación en el certamen catalán cuando se fue consciente de su repercusión. Ya no solo fue la positiva, entusiasta recepción sino incluso las noticias que hablaban de su pronta comercialización en nuestro país.

Dicho esto, rápidamente nos llegó por los habituales medios… ¿alegales? y claro, las expectativas eran tan altas que pronto me dispuse a verla, como decía, lo más limpio posible. En este caso ni había visto el tráiler, solo lo dicho: comentarios entusiastas y alguna imagen.

Hete ahí que cuando empecé a visionar la película, mi sorpresa fue proporcionalmente inversa a la de los miles de aficionados que la habían visto. ¿De verdad que ‘hesto’ –hago hincapié en lo de la ‘h’- era lo que muchos habían tachado como el ‘film del año?, me pregunté. Vale que el film era modesto pero no tenía gracia para encajarlo como comedia y hasta se notaban las carencias por muy humilde que fuese… Ná de ná.

En mi irreductible idiosincrasia estúpida pensé en pararla –otro de esos efectos secundarios de ese <<A estas alturas…>>  con el que comenzaba la reseña- pero menos mal que, como digo, soy imbécil y aguanté porque de otra manera me hubiese perdido realmente lo que todo el mundo decía, una de las mejores películas del año.

A ver… Sin destripar nada, que una cosa es que diga que haya que poner en sobre aviso y otra que la reviente: “One cut of the dead” no es una película de zombies, sino una película de CÓMO se hace una película –o al menos, cortometraje y ‘foundfootage’ para más señas- de zombies, que es distinto.

El propio cortometraje lo veremos en esos primeros diez minutos y tras eso veremos el proceso de su realización y el porqué de todos esos… defectos que al fin y a la postre no lo son tanto.

Y la magia de la película es que lo que parecía una, siendo francos, mierda de película, se convierte en algo único, un producto ejemplar de ensalzamiento de la amistad, la familia y la superación personal. En serio. Creerme. Un producto de zombies elevado a una oda a la unidad, algo tierno y hasta familiar.

De hecho, la vi con mis hijos y terminamos todos como en los animes con los ojos redonditos y brillantes al borde del llanto, con ganas de levantarnos del sofá, aplaudir y vitorear a la película.

Desde siempre los japoneses han sabido hacer películas vitalistas y optimistas. Los surcoreanos le van a la zaga pero a diferencia que sus vecinos, otrora invasores, se les ve el plumero pecando a veces de melodramáticos o peor, lacrimógenos.

“One cut of the dead”, además por su carácter independiente, casi amateur, trasmite una desbordante ilusión, frescura, que casi se puede palpar, esa pasión que solo los que creen en su producto pueden lograr. Solo recordar que muchos de los integrantes del equipo se pagaron de su bolsillo el viaje hasta España para presentar el film en Sitges.

Resumiendo, poco puedo añadir más: FELICIDAD absoluta. Si estás de bajón, te harás un favor a ti y a mí por verte con una sonrisa de nuevo, escogiéndola. Repito: NO ES UNA PELÍCULA DE ZOMBIES, es CÓMO se hace una película de ZOMBIES y aunque parezca mentira, esto puede incluso a provocar que veas la vida de otra manera.

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THE GREAT BATTLE – Kim Kwang-Sik-I – Corea del Sur – 2018 – Aventuras épicas

Thegreatbattle

Hace pocos días escribiendo la reseña de la estupenda “Padmaavat” decía que como película épica era tremendamente emocionante pero que le faltaba acción. Ahora me toca el turno de esta “The great battle” y tengo que decir justo lo contrario: que como película épica tiene acción por un tubo pero desgraciadamente le falta emoción. Bueno, la verdad es que le falta emoción, imaginación y hasta sentido común.

Quizás es que me estoy haciendo mayor y ya no me basta con una hora y media de peleas, batallas y sangrías por doquier. O quizás es que me he vuelto muy exquisito, quién sabe, la cuestión es que empezando por el final, por las conclusiones, esta “The great battle” me ha parecido un entretenimiento muy digno pero poco más.

Para empezar su guión dejando de lado que más simple no puede ser, el asedio de una plaza fortificada por parte de los malvados chinos, peca de una previsibilidad espasmosa. Sin destripar nada porque ocurre al principio y es taaaan evidente que no descubro nada importante, cuando al protagonista le asignan como misión asesinar al Comandante de la fortaleza de Asin ya sabemos que esto no va a ocurrir. Alguno me dirá que es normal porque de acometer su objetivo no tendríamos película; pues bien, yo le diré que sí, que tiene razón pero que más allá de esa puntualización hay muchos otros términos que de lejos se saben cómo acabarán. Por ejemplo, acompañar de música sensible en las pausas entre batallas a determinados personajes, conociendo la idiosincrasia surcoreana, ya nos lleva a pensar que los mismos van a tener un final trágico.

¡Es tan evidente que cuando sucede en lugar de pena sentimos indignación! Y no tanto por la previsibilidad sino porque no dan tiempo siquiera a fomentar el cariño por esos personajes. Se creen que por unas notas tristes de música o un segundo de atención de la cámara ya se forja una conexión entre estos y el respetable. Pues no.

Y si emoción no hay y sorpresa tampoco, como decía al principio, sentido común ni existe. El consabido ‘todo vale’ vuelve a convertirnos en los tontos de turno para vendernos la idea del guionista más ridículamente ingenioso. Dejando de lado que obvian por completo lo que es un asedio y los problemas de comunicación, logística… ¡alimentación! de los sitiados –magníficos ejemplos podemos encontrar en otras producciones sin mucho buscar- se nos ponen a erigir una montaña/montículo/montón de mierda sin tenernos al tanto del tiempo de construcción para que no nos echemos unas risas. Y lo mismo para los pseudo-túneles que construyen nuestros héroes para contrarrestar el ingenio (ingenuo…) enemigo. Claro, es que luego para resolver el problema basta con cortar unos pilaritos de ná y ‘sanseacabó’. Lo mismo se puede decir de esas torres con puentes levadizos surgidas de la nada, milagros de la ingeniería china… Todo está rodeado de una nebulosa tan confusa y estúpida a sabiendas de la atrocidad que están cometiendo que nos les importa evidenciar que están haciendo el ridículo. Al menos son honestos.

¿Y qué más da cuando lo que importa es ofrecer espectáculo y batalla? Pues sí, desde esa perspectiva, “The great battle” es un buen producto. De las dos horas y pico de duración, hora y media, como decía al principio, está centrada en ofrecer confrontaciones sin tregua.

Para ello se ha recurrido a un buen número de extras, esos miles, millones por momentos que aparecen obra y gracia de la industria digital, todos bien uniformados y motivados para mostrar contundencia.

Quizás le falte más sangría aunque se hace mucho hincapié en la que hay y quizás eso denote el miedo a no asustar a un público timorato con la violencia como el surcoreano. Y es que conviene recordar que el film va dirigido a las grandes masas.

Las coreografías sin ser grandiosas resultan vibrantes sobre todo las protagonizadas por nuestro héroe con el arco en la mano ya que entra el factor digital con la cámara siguiendo la trayectoria de las flechas y el comandante dando saltos al más puro estilo Légolas.

Volviendo a unos párrafos arriba, algunas infografías ‘cantan’ un poco en las grandes masas como esa caballería al galope con los caballos moviéndose más al estilo balancín que como al animal noble ‘carne de cañón’ en este tipo de producciones. También en las escenas aéreas sobre todo en la fase final del ‘ínclito’ montículo parece que estamos viendo la secuela de “La gran muralla” de Zhang Yimou, pero en líneas generales el apartado técnico como el artístico es solvente como en todas las producciones de esta procedencia.

Algo por el estilo se puede decir de su reparto, cumplidor y con encanto, pero poco más. De todas formas no hay muchas exigencias en este tipo de producciones y más aquí que no hay tiempo para crear situaciones que requiriesen de un mayor esfuerzo interpretativo. De hecho, a la hora de buscar emociones es la Banda Sonora la que pone más empeño y la que logra, bajo mi punto de vista, un notable.

Resumiendo, si buscas una película para pasar el rato viendo batallas sin importar el qué ni el cómo, “The great battle” se ajusta a lo que buscas, pero si lo que quieres es una buena película épica tienes otras muchas opciones incluso dentro de la propia Corea.

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PADMAAVET – Sanjay Leela Bhansali – Bollywood – 2018 – Drama épico

Padmaavat

Érase una vez un director de nombre Sanjay Leela Bhansali que parecía que se iba a comer el mundo. Sus películas mostraban una belleza inusual y su concepto visual iba más allá de lo que la industria de su país quería reflejar. Pero un buen día, cuando parecía que este iba a consagrarse con “Bajirao Mastani” se pegó de cruces con la dura realidad: no era ajeno a la mediocridad.

Pues bien, dejando de lado esta tontería de introducción, a dónde quiero realmente llegar es a decir que tras “Bajirao Mastani” pasé absolutamente de esta “Padmaavat” porque me parecía un ‘más de lo mismo’, un nuevo intento de su director de consagrarse como el gran realizador de la India, recurriendo no solo a otra historia parecida sino hasta a los mismos actores. Ni siquiera las consecutivas noticias que hablaban de su ruptura de récords a la hora de recaudar en taquilla, llamaron mi atención. Total, ya conocemos como se ‘mueven’ en aquel país…

Pero el aburrimiento es muy malo y pueden más las ganas de abarcar lo editado durante el año para completar la lista de tus mejores del 2018 que los prejuicios e ideas preconcebidas. Así es que sin muchas expectativas me dispuse a ver la última epopeya épica surgida de la mente del otrora -¿aún lo será? … guardo el suspense…-  mago Leela Bhansali.

Lo primero que hay que decir es que la insistencia de su autor en historias épicas no es algo gratuito. Dejando que le gusten más o menos o que le permitan expresar toda esa plasticidad grandilocuente que atesora, el objetivo de la industria de Bollywood desde hace un par de años no es consagrar a alguien como el mejor cineasta o realizar la mejor película de todos los tiempos. A los productores, por mucho que el propio Bhansali se haga un ‘Juan Palomo’, les interesa lo que a todos: el dinero. El punto de mira de productoras e inversores está en superar a “Baahubali 2” como la película de películas hindús y el orgullo de Mumbai estaba en entredicho desde que esta arrasase en las taquillas y no tan solo del gigante asiático. Querían recuperar el cetro, el honor de ser la industria reina del país y no pocos intentos hemos visto en los últimos meses como para dejar atrás a la de Tollywood.

Así, los medios dispuestos para esta película son grandiosos en todos los aspectos. La cuestión es si a vista de un occidental, visto que a los locales sí atendiendo a la recaudación y galardones, son suficientes…

Los primeros minutos del film auguran lo mejor, pero también lo peor. Se nota ese generoso presupuesto dispuesto pero hay algún detalle que podría echar el freno al menos tolerante: nada más arrancar vemos cómo el objeto de la cacería de una brava Padukone –claro guiño a “Baahubali 2”-, un ciervo recreado digitalmente, más parece un peluche atrofiado que algo medianamente decente. No entiendo ese arranque tan poco ilusionante. Ni tampoco comprendo la decisión de su director de incluirlo ni del autor de semejante aberración por darse por satisfecho con tal adefesio. Flaco favor le hacen al conjunto y más, como digo, al arrancar.

Luego la cosa se normaliza y las recreaciones digitales y efectos mejoran no ‘cantando’ encontrándonos con una línea general bastante notable, pero me parecía correcto avisarlo más que nada para que nadie se echara atrás a las primeras de cambio.

Y es que no solo las cosas, como decía, se normalizan, o más allá, mejoran ostensiblemente sino que la película bien merece esa indulgencia.

Siguiendo la línea que llevaba de… advertencias, conviene aclarar también que la película aunque épica, no es al nivel de lo que estamos habituados. El contexto y las formas nos harían pensar en batalla tras batalla y lamentablemente para el que piense eso, no lo va a encontrar. Hay un par como mucho, y ni larga en extensión ni espectacular en contenido. Flechas por aquí y choques de sables por allá. Poco más. De hecho hasta el duelo final peca de buscar más el escudo y la espada del contrario que el cuerpo del enemigo, el fallo típico cuando los contendientes tienen miedo de hacerse daño.

¿Qué esto suena a desilusionante otra vez? Pues si buscáis acción a lo –otra vez… – “Baahubali”, pues sí. Pero, ¿y si buscáis una buena película…? Ahhh, amigos, eso es otra cosa.

El guión de “Padmaavat” no es una colosal obra de ingeniería, se resume en un par de líneas y sin casi números musicales, su relativo contenido metraje -para lo que es habitual en aquel país- ya nos está señalando que se ha optado por ahorrarnos lo superfluo e ir al grano, algo a agradecer.

Y es que ni siquiera se han enredado en edulcorar la historia a pesar de que su trama haga pensar en un triángulo amoroso. Todo se resume en una palabra: PASIÓN.

La historia que viven los dos protagonistas es de respeto mutuo, se quieren y se adoran pero no los verás enredados en diálogos superficiales ya que con su posición no resultarían convincentes. Sin embargo debajo de todo ello encontramos esa pasión que decía que es la que lleva consecuentemente a los actos postreros. Sin ello, sin esa fe su desenlace no resultaría tan… DESGARRADOR. Y eso, para empezar, es lo que hace grande a la película: que consiga emocionarnos cuando lo que en realidad estamos viendo está fuera de toda compresión. Sin ese trabajo previo, no hay milagro.

Y luego tenemos la otra punta del triángulo, al villano de la función, al que le mueve una pasión convertida en obsesión. Se puede criticar que su motivación no sea creíble pero hay que ponerse en situación y comprender que para alguien a quién las conquistas son una forma de vida le daba lo mismo territorios que personas. Aquí ayuda mucho la excelente labor de Ranveer Singh, mi actor favorito hindú, un artista que contrariamente a este papel ha crecido rápidamente gracias a su encanto y simpatía y que aquí se enfrentaba a un duro reto como era interpretar a un villano. La sobreactuación de Ranveer le va como anillo al dedo al personaje acentuando ese puntito de locura que necesita. Otro punto a destacar respecto a este es ese enfoque bisexual que se le ha dado, algo sorprendente para la industria si de una superproducción hablamos. Conociendo su cerrada cultura y que esto es un vehículo para las masas… Pero ya sabemos por la trayectoria de su responsable que Leela Bhansali es todo un provocador.

Y ya que hablamos de provocación, mucho revuelo se levantó a la hora de su estreno con eso de poner a los musulmanes como los malos malísimos y bla, bla, bla… Pues no. Ahora reinventaremos la historia y los haremos cambiar de bando para complacer a unos… Siempre habrá malos, así es que siempre habrá perjudicados. En todo caso no se hace escarnio de ellos como un pueblo perverso. Aquí no hay discurso del odio –algo muy de moda hoy en día en esta mi tierra-, es “simplemente” un reino contra otro al estilo de lo que hemos visto en otras producciones de esta clase. De hecho, salen beneficiados en algunos aspectos que no voy a contar con tal de no destripar la historia.

Dejando de lado matices del argumento vayamos con lo que a mi gusto es lo mejor de la película. De la concepción visual de Leela Bhansali ya he dejado caer algo al inicio de la reseña. Aquí tengo que decir que se ha contenido un poco a la hora de utilizar los colores, más que nada porque la trama no animaba a ello y ha tenido que recurrir a una gama más ocre pero… “PADMAAVAT” tiene la MEJOR FOTOGRAFÍA que he visto hace mucho, pero mucho tiempo, en una película.

La belleza que refleja Bhansali y la fuerza visual que imprime a algunas de sus escenas está al alcance de muy pocos. Está claro que en ello depende mucho la labor de un buen director de fotografía y del equipo de iluminación, por no decir el director artístico, pero sin tener las ideas claras y alguien que coordine todo, es imposible plasmar en la pantalla lo que esta “Padmaavat” es capaz de ofrecer.

Los más críticos sacarán el discurso del ‘videoclip’, que se abusa de la cámara cenital y lo que quieran pues a la hora de criticar cada cual es libre dependiendo además de sus manías y fobias, pero lo que no se puede negar es que hay un elaborado trabajo detrás.

Antes de cerrar como siempre con la ‘Sección de Coros y danzas’ comentar el peso específico de la mujer en el film. Ya no solo es la imagen heroica de la protagonista que se quiere transmitir, es algo menos aparente y quizás aunque solapado por mor otra vez de esa cultura retrograda, su importancia como unidad, su capacidad de sacrificio y ese mensaje de que sin ellas, sin vosotras, no hay triunfo.

Para terminar, desgraciadamente para unos y afortunadamente para otros, números de bailes propiamente dichos solo hay un par. Uno protagonizado por Deepika Padukone y otro por su maridito en la vida real, Singh, ambos de carácter tradicional como no podía ser de otra manera dado el contexto. Espectaculares ambos, se echa en falta a Kapoor, para mí junto al propio Singh y quizás Hrithik Roshan, los mejores bailarines de la industria. Luego tenemos dos temas musicales sin ya coreografías donde importa más el mensaje de la letra que no molestarán a los menos afines a estos espectáculos.

Resumiendo, “Padmaavat” es una señora película, grandilocuente y exagerada en todas sus dimensiones sino fuese porque en cuanto a acción se queda un poco corta. Sin embargo su objetivo no es apabullar, no es el choque de sables lo que nos hará vibrar, es la magia, la pasión y la fatalidad convertida en triunfo más allá de lo carnal lo que no nos dejará indiferentes. No solo una de las mejores fotografías de la historia del cine sino uno de finales con más fuerza.

Ratan Singh es el regente Rajput de Mewar. Un día de caza por el vecino reino de Sinhala ”coincidirá” con la Princesa Padmaavat. Pronto se enamorarán, la tomará como segunda esposa y se la llevará a su palacio de Chittor. Pero la traición siempre toma extraños derroteros: su consejero, celoso de su relación con la nueva reina tras ser desterrado, animará al conquistador musulmán Jalaluddin Khilji a que conozca a Padmaavat ya que, conocedor de la ambición de este por poseer todo lo bello que no está a su alcance, provocará la caída del reino de Ratan Singh.

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THUGS OF HINDOSTAN – Vihay Krishna Acharya – Bollywood – 2018 – Acción

Thugs

Cuando lanzaron el tráiler de la película los más críticos soltaron eso de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Meses más tarde, cuando se estrenó y los medios más generalistas tuvieron constancia de ella, volvieron a soltar lo de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Pues coño, aún estoy esperando que alguien diga eso de “¡La India homenajea a Sandokan!”. ¡Qué corta es la memoria…!

Y es que si bien cada cual se aferra a lo que quiere –o puede…- el film de Vihay Krishna Acharya tiene más de películas clásicas de aventuras que de fantasías que recrean espectáculos de parque de atracciones. Además, conviene otra vez refrescar la memoria y decir que la intención de Acharya y los Chopra como productores no es la de rivalizar con la de la Disney sino con sus vecinos del este y con cierta producción que empieza por ‘Baahu’ y termina por ‘bali’…

Dicho esto, vayamos con la peli. La trama es bastante sencilla y vista ya en otras tantas producciones de este origen: los hindús están esclavizados por los británicos y luchan por su libertad. Nada más y nada menos. Alguno dirá que casi tres horas da para mucho pero aquí el ‘mucho’ son escenas de acción por mucho –again…- que les pese a los críticos de su país, de ahí algunas malas críticas.

Es verdad que la palabra ‘Libertad’ se repite varias veces, pero fuera del espectáculo el trasfondo que más peso tiene no es el discurso por la entidad de la nación, la independencia o esos alegatos que como decía nos tienen acostumbrados por aquellos lares; curiosamente en la película tiene más importancia el individuo que el colectivo, y eso, visto lo visto, no gusta a un país… o mejor, a unos críticos que creen que la fuerza del grupo reside en su unidad.

La explicación a ello la tiene el protagonismo del personaje interpretado por Aamir Khan, una mezcla de varios personajes vistos ya en otras producciones estereotipo del ‘minion’ granuja/sinvergüenza/mentiroso/sin-ideales con el que comenzamos a ver las grandes –abismales- diferencias de esta con la de la Disney. En la saga “Piratas del Caribe” el ínclito Johnny Depp interpretaba a un borrachín afeminado que sin dejar de ser intrépido a fuerza del azar no tenía más objetivo que provocar la carcajada. Aquí, aunque guarde algunos rasgos en común, se busca incidir en esa conciencia que decía, que deje los egoísmos a un lado y “luche” por algo más que su bolsillo. Lo mejor: que aunque la perorata es previsible no se hace recalcitrante. Y es que como venía comentado, aquí importa más la diversión que el lavado de cerebro.

Era difícil rivalizar con la ‘película épica’ de las ‘películas épicas indias’ por antonomasia como era “Baahabuli” en sus dos partes y creo que esta, al menos a la segunda, la ha superado. Son diferentes porque una es épica a nivel bélico-medieval y esta a nivel aventuresco con lo que implica de números de extras, batallas, etc. pero en cuanto a lo que espectáculo/diversión se refiere se encuentran a la par sino la supera.

Y todo muy al gusto… occidental.

Apuntar como directores de la segunda unidad y de acción a Franz Spilhaus que trabajó en el serial piratesco por excelencia como fue “Black sails” y en otras producciones reconocidas como “Distrito 9”, “Dredd”, “Marea letal”, “Hitman”, etc., a Lee Whitetaker que a sumó en la propia secuela de “Baahubali” y en las occidentales “Fast & Furious 5”, “Abraham Lincoln: cazador de vampiros” o “La jungla 4,0”, entre otras y a Grant Powell con algunos títulos de serie B y otro más reconocidos como la última “Tomb raider”, la saga “El rey escorpión” u otra vez “Black sails”. Pero por encima de estos un nombre: el del gran Gleen Boswell con títulos tan míticos a sus espaldas como las sagas “Matrix” o “El hobbit”. Y no entro en los locales porque no os quiero aburrir…

Así es que con estos currículums no os esperéis lo típico de Bollywood como son patadas y puñetazos al aire o proyecciones de enemigos venciendo a la gravedad. Una película de piratas es una película de corsarios, navíos, duelo a espada, abordajes y aventura, y de todo eso tenemos dosis generosas. La esgrima –practiqué durante seis años este deporte en mi juventud- que veremos no es la más técnica ni elegante, pero tampoco es lo que se busca. Todo es más burdo, más directo y trepidante, buscando el ritmo en lugar de la excelencia, tomándole el pulso al espectáculo, algo de lo que los hindús saben mucho.

Y junto a todo esto tanto unos efectos especiales bastante apreciables, de primera me atrevería a decir, como unos fondos naturales exóticos tan brillantes como imprescindibles para tanto una producción del género como –y sobre todo- de la ‘YR Films’, especializados en fotografías cuidadas para ofrecer una apariencia impecable.

Hay algún elemento disonante como ese barril ‘llámese torpedo’ que sale disparado tras ser soltado de una cuerda sin más impulso que la imaginación de algún guionista sin excusas, pero en cuanto a explosiones, enfrentamientos navales o recreaciones infográficas, pocas pegas.

Seguimos con el espectáculo pero en otra vertiente, el de los números musicales. Lamentablemente cuatro serán las únicas ocasiones en las que podremos disfrutar del dominio de este campo de esta cinematografía. Y es que es tal la sensación de disfrute y satisfacción de las escenas de bailes que uno se queda con ganas de más.

Suraiyya” nos trae un divertido número con Katrina Kaif como foco de atención de un ‘soltadisímo’ Aamir Khan. Aunque ya hayamos visto este número en otras ocasiones cambiando los roles y actores no dejamos de disfrutarlo gracias a su ritmo y desenfado siempre que, como en este caso, los intérpretes se entreguen a esa fusión de comedia y baile.

Más racial, es decir, más tradicional pero no menos efectivo se haya “Vashmalle”. Impecable a nivel coreográfico y teniendo a los hombres como protagonistas, busca más la contundencia que la plasticidad. Amitabh sigue demostrando a su edad estar aún en forma. Y es que el que tuvo, retuvo.

Por su parte “Manzoor e Khuda” me atrevería a decir que es una Obra Maestra, ya no solo por el elevado número de participantes sino por toda esa vistosidad y fuerza en su puesta en escena. Si uno no se queda con la boca abierta tras ver estos cinco minutos de espectáculo y pasión, es que no ama la música. Por cosas así, “Thugs of Hindustan” justifica ya su visionado. La palabra ‘grandilocuente’ pierde su significado al lado de esta demostración de poderío.

No puedo acabar sin dejar al menos un par de líneas que hablen sobre sus protagonistas. De Amitabh poco se puede decir. Hasta personalidades dentro del séptimo arte como Baz Luhrmann o Danny Boyle se han rendido ante él. El ‘Sandokan’ perfecto tras tres décadas; mejor que el propio Kabir Bedi.

Fatima Sana Shaikh es la que, contrariamente al veterano actor, me ha sorprendido. Bachchan ya sabemos que no nos va a fallar, pero Sana Shaikh… No es guapa, pero no era belleza lo que requería el personaje sino determinación y credibilidad en cuanto al derroche físico, y como heroína ha superado a muchas estrellas consagradas del firmamento cinematográfico de la India. Casi parece una luchadora profesional a la altura de Ronda Rousey o Gina Carano.

Luego nos queda Aamir Khan. Katrina lamentablemente solo brilla bailando y dejándonos perplejos ante ese su nuevo labio superior operado/hinchado… Del trío de Dioses “Khan” de Bollywood, Aamir siempre ha sido el que menos gracia me hacía. Shahrukh es Shahrukh y aunque ha perdido el encanto de antaño, es como el Chow Yun-Fat de la India: a carisma no hay quien le gane.

Salman te cae bien a la fuerza. Es tan… exagerado en todos los aspectos… pero sus limitaciones las compensa con una voluntad que termina por convencerte y vencerte.

Pero Aamir… ¡es tan perfecto! Que si buena acción por aquí, que si excelente interpretación por allí. ¡Da asco de lo bueno que es! Pero coño, mira por dónde en esta película ha dejado atrás una imagen impoluta para encarnar a un canalla hijo-de-su-madre. Y lo mejor es que me lo creo. Lo veo por primera vez un tío de andar por casa. No solo nos hace reír sino odiarlo y volverlo amar. Decir que es un personaje hecho a su medida sería echar abajo todo lo dicho, pero es que realmente más que seguir un papel parece que improvisa y se nota por la frescura. Uno de los mejores personajes que uno se puede echar a la cara en este mundillo del celuloide que tanto nos gusta.

Un último apunte. En la Banda Sonora suena el “Jackeye’s Tale” de la Banda Sonora de “El Rey Arturo, la leyenda de Excalibur” de Daniel Pemberton cada vez que aparece Aamir Khan, sin embargo no aparece en los títulos de crédito. Se lo pregunté al mismo Pemberton pero no obtuve respuesta. Algo raro hay ahí…

Resumiendo, si todo lo dicho no te anima a verla, olvidando críticas malas y puntuaciones bajas en diversos medios online, es que no te gusta el cine. Yo valoro una película por lo que es. “Thugs of Hindostan” es espectáculo puro. No es “Piratas del Caribe”, es una película de piratas clásicas puesta al día y pasada por el filtro de Bollywood y la YRFilms. Tyrone Power y Errol Flynn estarían orgullosos, ¿por qué tú no? Quizás es que las películas de piratas siempre han estado infravaloradas en contraposición al Western, pero sea como sea, es un entretenimiento sano y de calidad.

4  / 5

La surcoreana “Revenger” dispuesta a convertirse en rival en cuanto a acción de la nueva ola llegada desde Indonesia.

Lee Seung-Won III, ayudante de dirección de películas tan importantes como “Memories of a murderer” o de la hiperecomendable “The suspect”, debuta en el campo de la dirección con el espectacular actioner “Revenger”.

El film, un drama de acción que cuenta como un hombre para encontrar a los asesinos de su familia viaja hasta las islas Salomón, está protagonizado por el especialista marcial Bruce Khan que debuta en la pantalla grande tras pasar por varias series de televisión, el más conocido Park Hee-Soon (“V.I.P.”, la propia “The suspect”, “A million”, “Hansen and Gretel”, etc.) y Yoon Jin-Seo (“Old boy”, “Secret love”, “Action boys”, etc.). Khan es también el autor del guión y por lo visto, se ha construido la película a su medida.

El tráiler que acompañamos es absolutamente brutal en cuanto a acción y seguro que se convertirá en una de las películas del género a seguir de cara al principio del 2019.

THE ADVENTURERS – Stephen Fung – 2017 – CH/HK – Acción

TheAdventurers

En estos casos hay que hacer un ejercicio de responsabilidad, así es que lo primero que hice antes de verme esta “The adventurers” fue recuperar “Un ladrón siempre es un ladrón/Once a thief” de la cual SUPUESTAMENTE esta es un remake. Aunque tampoco hay que ponerse tan trascendente ya que ver el clásico de John Woo siempre es un placer.

No obstante, ya puestos que yo “pierdo” un rato escribiendo estas líneas como –sobre todo- vosotros otro tanto intentando leer estos desvaríos… que menos que pueda poner las referencias en orden y hablar con conocimiento de causa o al menos, la memoria fresca en referencia a la obra original, ¿no?…

Pues menos mal que volver a visionar aquella es un, como decía, deleite porque de nada me ha servido verla más que para pasar un buen rato… ¡Que ya es!

Porque por mucho remake que nos hayan dicho, esto no deja de ser más que una estrategia de sus productores. Lo único que tienen en común es su origen y que tenemos a tres ladrones. Nada más. Ni estos son “hermanos”, ni hay una relación sentimental que salta de una pareja a otra, ni hay “padres” y ni siquiera hay un espíritu como aquel. Recapitulando, un insulto decir que esta es un remake de aquella.

Aclarado esto, vayamos con el film en sí que tampoco tiene desperdicio.

Decíamos que “The adventurers” no conserva ni el espíritu de “Once a thief” porque no es una comedia de acción como aquella; esta es una aventura sofisticada más al estilo de “Misión imposible” que de las tradicionalmente llamadas como películas de ‘Ladrones de guante blanco’ o incluso las “Heist movies”. Ya no menciono el “film noir” francés o “Rififi” como he leído por ahí porque si no me da la risa floja.

Y es que por muy mito que sea Andy Lau y mucho que nos guste, no es Chow Yun-Fat. Vale, hemos dicho que no es un remake y que por tanto no podemos compararlo, pero es inevitable. Lau es arrebatadoramente encantador y tiene carisma como para ponerse al nivel de Chowie, pero su carácter es otro y no es tan canalla. A Lau le ha tirado más eso de la elegancia de Bond, del pragmatismo de un Ethan Hunt asiático, que la bribonería y socarronería de su amigo, y esto trasciende en una película hecha a su medida y lucimiento. No en vano, es uno de los productores.

Donde tampoco ganamos con el cambio es en la presencia femenina, haciendo hincapié en lo de ‘presencia’. Creíamos que sustituyendo a Cherie Chung por Shu Qi íbamos a estar de suerte con todo lo que implica ya Chung y su trayectoria. Pero es que Qi fue nuestra musa con la entrada del nuevo milenio: excelente actriz, soberbia modelo y mejor persona. Sin embargo su… –otra vez- presencia se queda reducida en esta película en “consorte” del director del film. Un WTF en toda regla. Solo hay que ver su intervención en el primer robo, únicamente alentando a las masas, instigando una revuelta. ¿A esto te has visto reducida Qi? ¿De verdad?

Lau es el cerebro, Tony Yang el manitas y Qi se queda en el misógino papel de gancho, de cara bonita para embaucar al objetivo de turno. Por Dios… Por mucho que la película sea China y conozcamos que desgraciadamente la mujer en su sociedad va un paso por detrás, ¡ya no estamos en el siglo pasado! ¡Y menos con una actriz tan reconocida como ella!

Lo de comparar ya –sí, comparo porque la han vendido para eso- a Tony Yang con Leslie Cheung me parece una broma, no porque Yang sea malo, sino porque no hay cabida. Cheung era un ángel –aún recuerdo cómo entré en directo en un programa de radio de mi ciudad para anunciar el suicidio de este y el dramático silencio que se produjo- y Yang únicamente el subalterno de moda.

Por otro lado, salimos ganando con Jean Reno, pero tampoco es que sea el suyo un personaje para alardear. Peor papel le ha tocado jugar al ‘perenne’ –este hombre siempre está igual- Eric Tsang en un rol tan previsible como manido.

Y es que ese es uno de los males, sino el principal, de la película: que es previsible –a pesar de algún giro argumental- y le falta, ya no alma, sino hasta acción.

Con este reparto uno se queda con la sensación de que la gran mayoría  de los medios invertidos se ha ido para sus estrellas. Vemos la Costa Azul, Praga y alrededores y hasta se supone que Kiev, aunque creo que solo se utiliza una imagen fija porque no se ve nada de la ciudad, solo una fábrica abandonada, pero más allá de eso, dos persecuciones bastante inocuas y ya está. Cuatro tiros sin coreografías ni espectacularidad y lo demás un robo con rayos laser que hasta en los noventa ya eran cansinos.

La verdad es que no entiendo cómo su director Stephen Fung, otrora ‘idol’, con experiencia ya en occidente gracias a la serie “Into the badlands” y antecedentes tan plausibles en el género de la acción como la saga “Taichi Zero”, “House of fury” o “Enter the Phoenix” ha ofrecido un producto tan pobre de espectáculo. Su realización es bastante plana y no sé si se ha contagiado de los tics televisivos ofreciendo una puesta en escena tan de telefilm.

Por lo demás y por salvar algo, los efectos digitales tales como esas ‘arañas-ciborg’ están muy bien, la Banda Sonora de mi tocayo el finés Toumas Kantelinen raya hasta el sobresaliente y la fotografía de Shane Hurlbut, director de este apartado en la propia “Into the badlands”, ofrece imágenes brillantes a tono con la sofisticación de la película, pero dudo que sea un bagaje lo suficientemente atractivo como para seducir al público o que este se quede con un buen sabor de boca.

Resumiendo; había más de la obra original de Woo en aquella serie de finales de los noventa que en esta. “The adventurers” resulta decepcionante. Hace 10 años podría haber sido una película disfrutable; ahora es un entretenimiento que se aleja de las expectativas de un reparto estelar y un planteamiento presuntamente ambicioso. Actualmente Bollywood te puede ofrecer lo mismo con más acción, espectacularidad y sobre todo, imaginación. Alguien debería hacérselo mirar.

Dan acaba de pasar cinco años en la prisión tras ser traicionado. Ahora lo único que ansía es robar una prestigiosa joya para capturar a la persona que lo traicionó. Sin embargo tras él va un veterano policía con cuentas que saldar.

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SPL: PARADOX – Wilson Yip – 2017 – China/Hong Kong – Acción

SPL Paradox

El otro día escribía al inicio de la emotiva y recomendadísima por un servidor “RV: Resurrected victims” que “De casta le viene al galgo” para referirme a lo de que… bueno, vale, sigamos con los refranes y frases hechas: “La cabra siempre tira p’al monte”, es decir, que muchas veces una película u obra tiene su camino marcado de antemano, e igual que aquella en otro país podría ser enfocada hacia el cine de terror y que por pertenecer a Corea del sur fue dirigida hacia el thriller, en esta no menos estupenda “Paradox”, podemos aplicarle el mismo cuento… máxima o cómo queramos decirlo.

Y es que su premisa, la de un padre con cargo de conciencia que busca a su hija en un país extranjero descubriendo que esta se haya en manos de una red de tráfico de órganos, bien podría tomar distintos derroteros dependiendo de su origen. Si por ejemplo nos encontrásemos en la propia Corea del Sur, volveríamos al thriller, con mucha investigación policial y haciendo hincapié en los medios de comunicación y en la corrupción política. Sin ir más lejos, en mi país España, por mal que me pese, todo giraría alrededor del dolor y de la tragedia teniendo un drama en toda regla. Pero estamos ante una producción de Hong Kong así es que sin eliminar todo lo citado ya… ¿qué es lo que ha caracterizado a esta filmografía los últimos cincuenta años? Pues eso, no se necesita decir mucho más: la acción.

Lo primero que conviene decir es que por mucho que pensemos en un 3 tras el S.P.L (Sha Po Lang) que antecede al verdadero título del film, no estamos frente a una secuela ya que más allá de algunos de los intérpretes, responsables tras las cámaras y el género, la historia y personajes no se corresponden a los encontrados en las partes anteriores, así es que puede disfrutarse, nunca mejor dicho, independientemente. Eso sí, por mucho que lo que leáis aquí os guste, recomendaros el visionado de aquellas ya que no tienen tampoco desperdicio.

Aclarado esto, vayamos ya con el film.

Como resumía al inicio, la producción nos presenta a un padre con cargo de conciencia que busca a su hija desaparecida en Tailandia. Ni más ni menos. No os esperéis un guión esmerado ni giros argumentales ni nada estructuralmente ambicioso. La historia es la que es, y no se ha desarrollado más. Matices hay como el que el protagonista es agente de la ley para justificar sus habilidades marciales cuando lleguen los palos y la necesidad de un órgano se argumenta tras una operación de corrupción al más alto nivel para hacerlo más sangrante a ojos del pobrecito conciudadano harto de ese mal que afecta a todo el mundo sin distinción ya de origen, pero nada más.

Todo el desarrollo es lineal y siendo malos pero sinceros, únicamente sirve para encadenar escenas de acción. La diferencia, la que hace que el film dé un paso hacia adelante traspasando la barrera del simple entretenimiento son detalles paradójicamente -haciendo uso de su título- alejados tradicionalmente a priori de su género como los artísticos. El principal, una interpretación soberbia de un Louis Koo que hace años dejó de ser una cara ‘guapita’ para irse consagrando como un señor actor. No en vano su trabajo fue recompensado con varios galardones entre ellos los de “Mejor actor” en los locales “Hong Kong Film Award” y los más importantes “Asian Film Award” compitiendo, entre otros, con gente de la talla de Kim Yoon-Seok (“The chaser”, “The yellow sea”, “El gran golpe”, etc.).

Por suerte o por desgracia el rol de ‘Padre/madre coraje’ se ha estado perpetuando en las últimas décadas dando siempre excelentes resultados por medio de todo tipo de intérpretes creíbles que conseguían transmitir su dolor, pero aquí Koo justifica sus méritos acometiendo la conversión de su rabia más allá de soltar guantazos a diestro y siniestro. Decir que en cada golpe, empellón a pesar de estar medio muerto, lleva implícito una carga emocional puede quedar un poco pedante, pero realmente la excusa que decíamos de encadenar escenas de lucha queda un poco menos evidente gracias a su trabajo.

Y mientras Koo se sigue consagrando, el que sorprende es su compañero Wu Yue. Menos popular pero conocido por sus habilidades físicas, Yue parece contagiarse de su partenaire no conformándose en ser el típico escudero sabiendo aprovechar sus minutos dramáticos. Disposiciones interpretativas aparte, ese peinado le favorece y mucho. Oye, que no todo es alabar que sepa poner cara de pena…

La Banda Sonora a cargo del ya imprescindible Chan Kwong-Wing aporta lo suyo, esa capacidad para que los sentimientos trasciendan por encima de la acción y estos lleguen al espectador. Como seguidor del trabajo del compositor chino tengo que decir que hay algunos temas que me recuerdan demasiado al de la pareja “Two steps from Hell” pero quizás esto es una apreciación mía. O no.

Y es que en su demérito, “Paradox” provoca un constante ‘deja vu’ en el espectador. Ya sea por las escenas de acción, algunas situaciones o el propio entorno el film dirigido por el maestro Yip –sí, para mí lo es- nos traerá a la mente títulos como “Ong Bak”, “Redada asesina 2”, “The man from nowhere”, sus propias entregas anteriores o cualquiera de la vieja escuela de Jackie Chan. No en vano el coreógrafo es el mítico Sammo Hung retornando a la saga tras su relativa desaparición en la segunda entrega en sustitución de Nicky Li Chung-Chi y… ¡oh, qué casualidad! el nunca bien reconocido Ken Lo con un odioso aunque agradecido papel aquí.

Hung nos ofrece todo tipo de escenas físicas: algo del thai boxing local -tampoco mucho-, saltos, acrobacias y riesgo para los especialistas al estilo ochentero en las persecuciones, y mucha arma blanca en detrimento del contenido pirotécnico lo que le añade más realismo y peligrosidad.

Las escenas ‘machete en mano’ dejan en pañales a los míticos “swordplay” dadas las menores proporciones de las armas aumentando la incertidumbre para unos actores comprometidos. No es nada fácil esgrimir un arma a tan pocos centímetros de tu cara a tal velocidad y que ‘sin querer’ se te vaya la mano y ‘le des’ al colega que tienes enfrente.  Soberbio.

Sin embargo, por ser crítico, hay un puñado de asuntos que no permiten que esta llegue, bajo mi punto de vista, al nivel excepcional de su antecesora. Uno, que deje cabos sueltos como por ejemplo el devenir de la prostituta. Habiéndole dado su ‘minuto de gloria’ contándonos su motivación, podrían haberle concedido un final decente. O al menos un final.

Dos, que los cambios de idioma chirríen tanto. Manías mías, lo sé.

Tres, que para acompañar a las inmejorables sensaciones dejadas por algunos de los aspectos reseñados, le falta una fotografía acorde. No es que sea mala, simplemente es cumplidora. Algo más cuidada y/u oscura, elevaría el nivel general del film, ya de por sí como digo considerable.

Y cuatro, la poca presencia de Tony Jaa. No entiendo ni siquiera para que le dotan de cierta sensibilidad paranormal en determinado momento…

Resumiendo, “SPL: Paradox” ofreciendo una historia vista ya resulta refrescante gracias a sacar a la misma del marco habitual en estas tragedias. Un film de acción que hace los honores al género trascendiendo más allá del entretenimiento y espectáculo. Con esta, “SPL” conforma una de las mejores trilogías del género de la acción.

Tras detener a su novio y obligar a su hija a abortar, el oficial Lee Chung-Chi (¿casualidad que se llame igual que el anterior director de acción?) viaja hasta Tailandia para buscar a su hija desaparecida. Al llegar al país del sudeste asiático será ayudado por un agente local que simpatiza por su causa. Pronto descubrirán que esta fue secuestrada por una red de traficantes de órganos…

Postdata: El ínclito Domingo López nos informa que los productores de la película consideran a esta un ‘spin off’ ya que han comenzado a vender la siguiente entrega como la “verdadera” tercera parte. Entrecomillo lo de “verdadera” porque ya sabemos que de ‘continuidad’, nada.

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