PADMAAVET – Sanjay Leela Bhansali – Bollywood – 2018 – Drama épico

Padmaavat

Érase una vez un director de nombre Sanjay Leela Bhansali que parecía que se iba a comer el mundo. Sus películas mostraban una belleza inusual y su concepto visual iba más allá de lo que la industria de su país quería reflejar. Pero un buen día, cuando parecía que este iba a consagrarse con “Bajirao Mastani” se pegó de cruces con la dura realidad: no era ajeno a la mediocridad.

Pues bien, dejando de lado esta tontería de introducción, a dónde quiero realmente llegar es a decir que tras “Bajirao Mastani” pasé absolutamente de esta “Padmaavat” porque me parecía un ‘más de lo mismo’, un nuevo intento de su director de consagrarse como el gran realizador de la India, recurriendo no solo a otra historia parecida sino hasta a los mismos actores. Ni siquiera las consecutivas noticias que hablaban de su ruptura de récords a la hora de recaudar en taquilla, llamaron mi atención. Total, ya conocemos como se ‘mueven’ en aquel país…

Pero el aburrimiento es muy malo y pueden más las ganas de abarcar lo editado durante el año para completar la lista de tus mejores del 2018 que los prejuicios e ideas preconcebidas. Así es que sin muchas expectativas me dispuse a ver la última epopeya épica surgida de la mente del otrora -¿aún lo será? … guardo el suspense…-  mago Leela Bhansali.

Lo primero que hay que decir es que la insistencia de su autor en historias épicas no es algo gratuito. Dejando que le gusten más o menos o que le permitan expresar toda esa plasticidad grandilocuente que atesora, el objetivo de la industria de Bollywood desde hace un par de años no es consagrar a alguien como el mejor cineasta o realizar la mejor película de todos los tiempos. A los productores, por mucho que el propio Bhansali se haga un ‘Juan Palomo’, les interesa lo que a todos: el dinero. El punto de mira de productoras e inversores está en superar a “Baahubali 2” como la película de películas hindús y el orgullo de Mumbai estaba en entredicho desde que esta arrasase en las taquillas y no tan solo del gigante asiático. Querían recuperar el cetro, el honor de ser la industria reina del país y no pocos intentos hemos visto en los últimos meses como para dejar atrás a la de Tollywood.

Así, los medios dispuestos para esta película son grandiosos en todos los aspectos. La cuestión es si a vista de un occidental, visto que a los locales sí atendiendo a la recaudación y galardones, son suficientes…

Los primeros minutos del film auguran lo mejor, pero también lo peor. Se nota ese generoso presupuesto dispuesto pero hay algún detalle que podría echar el freno al menos tolerante: nada más arrancar vemos cómo el objeto de la cacería de una brava Padukone –claro guiño a “Baahubali 2”-, un ciervo recreado digitalmente, más parece un peluche atrofiado que algo medianamente decente. No entiendo ese arranque tan poco ilusionante. Ni tampoco comprendo la decisión de su director de incluirlo ni del autor de semejante aberración por darse por satisfecho con tal adefesio. Flaco favor le hacen al conjunto y más, como digo, al arrancar.

Luego la cosa se normaliza y las recreaciones digitales y efectos mejoran no ‘cantando’ encontrándonos con una línea general bastante notable, pero me parecía correcto avisarlo más que nada para que nadie se echara atrás a las primeras de cambio.

Y es que no solo las cosas, como decía, se normalizan, o más allá, mejoran ostensiblemente sino que la película bien merece esa indulgencia.

Siguiendo la línea que llevaba de… advertencias, conviene aclarar también que la película aunque épica, no es al nivel de lo que estamos habituados. El contexto y las formas nos harían pensar en batalla tras batalla y lamentablemente para el que piense eso, no lo va a encontrar. Hay un par como mucho, y ni larga en extensión ni espectacular en contenido. Flechas por aquí y choques de sables por allá. Poco más. De hecho hasta el duelo final peca de buscar más el escudo y la espada del contrario que el cuerpo del enemigo, el fallo típico cuando los contendientes tienen miedo de hacerse daño.

¿Qué esto suena a desilusionante otra vez? Pues si buscáis acción a lo –otra vez… – “Baahubali”, pues sí. Pero, ¿y si buscáis una buena película…? Ahhh, amigos, eso es otra cosa.

El guión de “Padmaavat” no es una colosal obra de ingeniería, se resume en un par de líneas y sin casi números musicales, su relativo contenido metraje -para lo que es habitual en aquel país- ya nos está señalando que se ha optado por ahorrarnos lo superfluo e ir al grano, algo a agradecer.

Y es que ni siquiera se han enredado en edulcorar la historia a pesar de que su trama haga pensar en un triángulo amoroso. Todo se resume en una palabra: PASIÓN.

La historia que viven los dos protagonistas es de respeto mutuo, se quieren y se adoran pero no los verás enredados en diálogos superficiales ya que con su posición no resultarían convincentes. Sin embargo debajo de todo ello encontramos esa pasión que decía que es la que lleva consecuentemente a los actos postreros. Sin ello, sin esa fe su desenlace no resultaría tan… DESGARRADOR. Y eso, para empezar, es lo que hace grande a la película: que consiga emocionarnos cuando lo que en realidad estamos viendo está fuera de toda compresión. Sin ese trabajo previo, no hay milagro.

Y luego tenemos la otra punta del triángulo, al villano de la función, al que le mueve una pasión convertida en obsesión. Se puede criticar que su motivación no sea creíble pero hay que ponerse en situación y comprender que para alguien a quién las conquistas son una forma de vida le daba lo mismo territorios que personas. Aquí ayuda mucho la excelente labor de Ranveer Singh, mi actor favorito hindú, un artista que contrariamente a este papel ha crecido rápidamente gracias a su encanto y simpatía y que aquí se enfrentaba a un duro reto como era interpretar a un villano. La sobreactuación de Ranveer le va como anillo al dedo al personaje acentuando ese puntito de locura que necesita. Otro punto a destacar respecto a este es ese enfoque bisexual que se le ha dado, algo sorprendente para la industria si de una superproducción hablamos. Conociendo su cerrada cultura y que esto es un vehículo para las masas… Pero ya sabemos por la trayectoria de su responsable que Leela Bhansali es todo un provocador.

Y ya que hablamos de provocación, mucho revuelo se levantó a la hora de su estreno con eso de poner a los musulmanes como los malos malísimos y bla, bla, bla… Pues no. Ahora reinventaremos la historia y los haremos cambiar de bando para complacer a unos… Siempre habrá malos, así es que siempre habrá perjudicados. En todo caso no se hace escarnio de ellos como un pueblo perverso. Aquí no hay discurso del odio –algo muy de moda hoy en día en esta mi tierra-, es “simplemente” un reino contra otro al estilo de lo que hemos visto en otras producciones de esta clase. De hecho, salen beneficiados en algunos aspectos que no voy a contar con tal de no destripar la historia.

Dejando de lado matices del argumento vayamos con lo que a mi gusto es lo mejor de la película. De la concepción visual de Leela Bhansali ya he dejado caer algo al inicio de la reseña. Aquí tengo que decir que se ha contenido un poco a la hora de utilizar los colores, más que nada porque la trama no animaba a ello y ha tenido que recurrir a una gama más ocre pero… “PADMAAVAT” tiene la MEJOR FOTOGRAFÍA que he visto hace mucho, pero mucho tiempo, en una película.

La belleza que refleja Bhansali y la fuerza visual que imprime a algunas de sus escenas está al alcance de muy pocos. Está claro que en ello depende mucho la labor de un buen director de fotografía y del equipo de iluminación, por no decir el director artístico, pero sin tener las ideas claras y alguien que coordine todo, es imposible plasmar en la pantalla lo que esta “Padmaavat” es capaz de ofrecer.

Los más críticos sacarán el discurso del ‘videoclip’, que se abusa de la cámara cenital y lo que quieran pues a la hora de criticar cada cual es libre dependiendo además de sus manías y fobias, pero lo que no se puede negar es que hay un elaborado trabajo detrás.

Antes de cerrar como siempre con la ‘Sección de Coros y danzas’ comentar el peso específico de la mujer en el film. Ya no solo es la imagen heroica de la protagonista que se quiere transmitir, es algo menos aparente y quizás aunque solapado por mor otra vez de esa cultura retrograda, su importancia como unidad, su capacidad de sacrificio y ese mensaje de que sin ellas, sin vosotras, no hay triunfo.

Para terminar, desgraciadamente para unos y afortunadamente para otros, números de bailes propiamente dichos solo hay un par. Uno protagonizado por Deepika Padukone y otro por su maridito en la vida real, Singh, ambos de carácter tradicional como no podía ser de otra manera dado el contexto. Espectaculares ambos, se echa en falta a Kapoor, para mí junto al propio Singh y quizás Hrithik Roshan, los mejores bailarines de la industria. Luego tenemos dos temas musicales sin ya coreografías donde importa más el mensaje de la letra que no molestarán a los menos afines a estos espectáculos.

Resumiendo, “Padmaavat” es una señora película, grandilocuente y exagerada en todas sus dimensiones sino fuese porque en cuanto a acción se queda un poco corta. Sin embargo su objetivo no es apabullar, no es el choque de sables lo que nos hará vibrar, es la magia, la pasión y la fatalidad convertida en triunfo más allá de lo carnal lo que no nos dejará indiferentes. No solo una de las mejores fotografías de la historia del cine sino uno de finales con más fuerza.

Ratan Singh es el regente Rajput de Mewar. Un día de caza por el vecino reino de Sinhala ”coincidirá” con la Princesa Padmaavat. Pronto se enamorarán, la tomará como segunda esposa y se la llevará a su palacio de Chittor. Pero la traición siempre toma extraños derroteros: su consejero, celoso de su relación con la nueva reina tras ser desterrado, animará al conquistador musulmán Jalaluddin Khilji a que conozca a Padmaavat ya que, conocedor de la ambición de este por poseer todo lo bello que no está a su alcance, provocará la caída del reino de Ratan Singh.

5

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THUGS OF HINDOSTAN – Vihay Krishna Acharya – Bollywood – 2018 – Acción

Thugs

Cuando lanzaron el tráiler de la película los más críticos soltaron eso de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Meses más tarde, cuando se estrenó y los medios más generalistas tuvieron constancia de ella, volvieron a soltar lo de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Pues coño, aún estoy esperando que alguien diga eso de “¡La India homenajea a Sandokan!”. ¡Qué corta es la memoria…!

Y es que si bien cada cual se aferra a lo que quiere –o puede…- el film de Vihay Krishna Acharya tiene más de películas clásicas de aventuras que de fantasías que recrean espectáculos de parque de atracciones. Además, conviene otra vez refrescar la memoria y decir que la intención de Acharya y los Chopra como productores no es la de rivalizar con la de la Disney sino con sus vecinos del este y con cierta producción que empieza por ‘Baahu’ y termina por ‘bali’…

Dicho esto, vayamos con la peli. La trama es bastante sencilla y vista ya en otras tantas producciones de este origen: los hindús están esclavizados por los británicos y luchan por su libertad. Nada más y nada menos. Alguno dirá que casi tres horas da para mucho pero aquí el ‘mucho’ son escenas de acción por mucho –again…- que les pese a los críticos de su país, de ahí algunas malas críticas.

Es verdad que la palabra ‘Libertad’ se repite varias veces, pero fuera del espectáculo el trasfondo que más peso tiene no es el discurso por la entidad de la nación, la independencia o esos alegatos que como decía nos tienen acostumbrados por aquellos lares; curiosamente en la película tiene más importancia el individuo que el colectivo, y eso, visto lo visto, no gusta a un país… o mejor, a unos críticos que creen que la fuerza del grupo reside en su unidad.

La explicación a ello la tiene el protagonismo del personaje interpretado por Aamir Khan, una mezcla de varios personajes vistos ya en otras producciones estereotipo del ‘minion’ granuja/sinvergüenza/mentiroso/sin-ideales con el que comenzamos a ver las grandes –abismales- diferencias de esta con la de la Disney. En la saga “Piratas del Caribe” el ínclito Johnny Depp interpretaba a un borrachín afeminado que sin dejar de ser intrépido a fuerza del azar no tenía más objetivo que provocar la carcajada. Aquí, aunque guarde algunos rasgos en común, se busca incidir en esa conciencia que decía, que deje los egoísmos a un lado y “luche” por algo más que su bolsillo. Lo mejor: que aunque la perorata es previsible no se hace recalcitrante. Y es que como venía comentado, aquí importa más la diversión que el lavado de cerebro.

Era difícil rivalizar con la ‘película épica’ de las ‘películas épicas indias’ por antonomasia como era “Baahabuli” en sus dos partes y creo que esta, al menos a la segunda, la ha superado. Son diferentes porque una es épica a nivel bélico-medieval y esta a nivel aventuresco con lo que implica de números de extras, batallas, etc. pero en cuanto a lo que espectáculo/diversión se refiere se encuentran a la par sino la supera.

Y todo muy al gusto… occidental.

Apuntar como directores de la segunda unidad y de acción a Franz Spilhaus que trabajó en el serial piratesco por excelencia como fue “Black sails” y en otras producciones reconocidas como “Distrito 9”, “Dredd”, “Marea letal”, “Hitman”, etc., a Lee Whitetaker que a sumó en la propia secuela de “Baahubali” y en las occidentales “Fast & Furious 5”, “Abraham Lincoln: cazador de vampiros” o “La jungla 4,0”, entre otras y a Grant Powell con algunos títulos de serie B y otro más reconocidos como la última “Tomb raider”, la saga “El rey escorpión” u otra vez “Black sails”. Pero por encima de estos un nombre: el del gran Gleen Boswell con títulos tan míticos a sus espaldas como las sagas “Matrix” o “El hobbit”. Y no entro en los locales porque no os quiero aburrir…

Así es que con estos currículums no os esperéis lo típico de Bollywood como son patadas y puñetazos al aire o proyecciones de enemigos venciendo a la gravedad. Una película de piratas es una película de corsarios, navíos, duelo a espada, abordajes y aventura, y de todo eso tenemos dosis generosas. La esgrima –practiqué durante seis años este deporte en mi juventud- que veremos no es la más técnica ni elegante, pero tampoco es lo que se busca. Todo es más burdo, más directo y trepidante, buscando el ritmo en lugar de la excelencia, tomándole el pulso al espectáculo, algo de lo que los hindús saben mucho.

Y junto a todo esto tanto unos efectos especiales bastante apreciables, de primera me atrevería a decir, como unos fondos naturales exóticos tan brillantes como imprescindibles para tanto una producción del género como –y sobre todo- de la ‘YR Films’, especializados en fotografías cuidadas para ofrecer una apariencia impecable.

Hay algún elemento disonante como ese barril ‘llámese torpedo’ que sale disparado tras ser soltado de una cuerda sin más impulso que la imaginación de algún guionista sin excusas, pero en cuanto a explosiones, enfrentamientos navales o recreaciones infográficas, pocas pegas.

Seguimos con el espectáculo pero en otra vertiente, el de los números musicales. Lamentablemente cuatro serán las únicas ocasiones en las que podremos disfrutar del dominio de este campo de esta cinematografía. Y es que es tal la sensación de disfrute y satisfacción de las escenas de bailes que uno se queda con ganas de más.

Suraiyya” nos trae un divertido número con Katrina Kaif como foco de atención de un ‘soltadisímo’ Aamir Khan. Aunque ya hayamos visto este número en otras ocasiones cambiando los roles y actores no dejamos de disfrutarlo gracias a su ritmo y desenfado siempre que, como en este caso, los intérpretes se entreguen a esa fusión de comedia y baile.

Más racial, es decir, más tradicional pero no menos efectivo se haya “Vashmalle”. Impecable a nivel coreográfico y teniendo a los hombres como protagonistas, busca más la contundencia que la plasticidad. Amitabh sigue demostrando a su edad estar aún en forma. Y es que el que tuvo, retuvo.

Por su parte “Manzoor e Khuda” me atrevería a decir que es una Obra Maestra, ya no solo por el elevado número de participantes sino por toda esa vistosidad y fuerza en su puesta en escena. Si uno no se queda con la boca abierta tras ver estos cinco minutos de espectáculo y pasión, es que no ama la música. Por cosas así, “Thugs of Hindustan” justifica ya su visionado. La palabra ‘grandilocuente’ pierde su significado al lado de esta demostración de poderío.

No puedo acabar sin dejar al menos un par de líneas que hablen sobre sus protagonistas. De Amitabh poco se puede decir. Hasta personalidades dentro del séptimo arte como Baz Luhrmann o Danny Boyle se han rendido ante él. El ‘Sandokan’ perfecto tras tres décadas; mejor que el propio Kabir Bedi.

Fatima Sana Shaikh es la que, contrariamente al veterano actor, me ha sorprendido. Bachchan ya sabemos que no nos va a fallar, pero Sana Shaikh… No es guapa, pero no era belleza lo que requería el personaje sino determinación y credibilidad en cuanto al derroche físico, y como heroína ha superado a muchas estrellas consagradas del firmamento cinematográfico de la India. Casi parece una luchadora profesional a la altura de Ronda Rousey o Gina Carano.

Luego nos queda Aamir Khan. Katrina lamentablemente solo brilla bailando y dejándonos perplejos ante ese su nuevo labio superior operado/hinchado… Del trío de Dioses “Khan” de Bollywood, Aamir siempre ha sido el que menos gracia me hacía. Shahrukh es Shahrukh y aunque ha perdido el encanto de antaño, es como el Chow Yun-Fat de la India: a carisma no hay quien le gane.

Salman te cae bien a la fuerza. Es tan… exagerado en todos los aspectos… pero sus limitaciones las compensa con una voluntad que termina por convencerte y vencerte.

Pero Aamir… ¡es tan perfecto! Que si buena acción por aquí, que si excelente interpretación por allí. ¡Da asco de lo bueno que es! Pero coño, mira por dónde en esta película ha dejado atrás una imagen impoluta para encarnar a un canalla hijo-de-su-madre. Y lo mejor es que me lo creo. Lo veo por primera vez un tío de andar por casa. No solo nos hace reír sino odiarlo y volverlo amar. Decir que es un personaje hecho a su medida sería echar abajo todo lo dicho, pero es que realmente más que seguir un papel parece que improvisa y se nota por la frescura. Uno de los mejores personajes que uno se puede echar a la cara en este mundillo del celuloide que tanto nos gusta.

Un último apunte. En la Banda Sonora suena el “Jackeye’s Tale” de la Banda Sonora de “El Rey Arturo, la leyenda de Excalibur” de Daniel Pemberton cada vez que aparece Aamir Khan, sin embargo no aparece en los títulos de crédito. Se lo pregunté al mismo Pemberton pero no obtuve respuesta. Algo raro hay ahí…

Resumiendo, si todo lo dicho no te anima a verla, olvidando críticas malas y puntuaciones bajas en diversos medios online, es que no te gusta el cine. Yo valoro una película por lo que es. “Thugs of Hindostan” es espectáculo puro. No es “Piratas del Caribe”, es una película de piratas clásicas puesta al día y pasada por el filtro de Bollywood y la YRFilms. Tyrone Power y Errol Flynn estarían orgullosos, ¿por qué tú no? Quizás es que las películas de piratas siempre han estado infravaloradas en contraposición al Western, pero sea como sea, es un entretenimiento sano y de calidad.

4  / 5

SUI DHAAGA: MADE IN INDIA – Sharat Katariya – 2018 – Bollywood – Comedia

SuiDhaaga

Mira que me gusta la productora ‘Yash Raj Films’, pues esta vez, empezando la reseña al revés, por las conclusiones, he pinchado en hueso.

Me gusta la YRF porque es una de las pocas productoras que transmite una ‘marca de fábrica’, es decir, cuando uno ve una de sus películas ya sabe más o menos lo que se va a encontrar: colorido, buen rollo y unos protagonistas que te ganan el corazón.

Puede parecer una chorrada e incluso tacharlo como un poco de superficial, pero no es así cuando –repito- ‘te ganan el corazón’.

De normal, la compañía de la Dinastía Chopra también ofrece grandes espectáculos, pero no siempre nos encontramos con superproducciones, como en este caso. Sin embargo mi decepción no se debe a que nos encontramos con una película pequeña, más que nada porque ya lo sabía, sino porque por el camino se ha dejado muchas de esas huellas de identidad que estaba comentando.

El film es una comedia sentimental que gira en torno a tres grandes conceptos: la familia, el matrimonio y la lucha por tus sueños.

Sobre el tema de la familia, eje sobre el que orbita la gran mayoría de films de la India, “Sui Dhaaga” nos trae a unos progenitores con dos hijos. Uno, el protagonista, que vive con estos es un tanto perezoso y a pesar de que obedece a sus padres no cuenta con su simpatía. El otro, vive con su familia política y paradójicamente, es el favorito de estos.

El entorno humilde en el que se mueven, las dificultades que pasan cuando la madre enferma… En la película se refleja una familia unida, pero el principal problema es que no se explica muy bien la “manía” que se le tiene al protagonista cuando este se nota entregado a la familia. Se le acusa de vago pero vemos como llega a humillarse con tal de llevar dinero a casa. Luego se ve como la familia política del hermano ‘favorito’ se inmiscuye para mal en asuntos y ‘aquí no pasa nada’…

Es evidente que todo dará un giro radical, pero aquí estamos hablando ya de previsibilidad y por lo tanto tampoco juega a su favor.

En la referencia al matrimonio protagonista, aquí por el contrario es su mejor baza. A pesar de haber visto mil y una películas de este origen sobre matrimonios concertados, el enfoque está bastante actualizado. La mujer, concienciada, no se resigna en ser la sacrificada esposa sino que lucha por su pareja. No hay amor y aunque sabemos que lo habrá, no quiere que su esposo se humille o sea ese recipiente donde, como decía, la familia eche todas las culpas de sus males. No es un enfoque feminista porque ya conocemos lo difícil que es eso en la India, pero se acerca y se agradece.

Y sobre todo, ya no es la postura a la que se acoge como valedora de su marido, sino defensora de los ideales, ese “luchar por tus sueños” en el que cualquier mujer se puede ver representada fuera ya del contexto de la película.

Sin embargo en esto el guión también tiene sus “peros”. Da algún bandazo que otro y en esa “marcha atrás” al que asistimos en determinado momento del film, el mismo se resiente en cuanto a credibilidad, algo parecido de lo que decíamos de la poca empatía de los padres con su hijo.

Otro aspecto que no me… encaja es la diferencia tan notable entre la primera parte y la segunda, separadas por el inevitable “Intermisssion”. La primera parte es una comedia muy amable, con un alma muy de comedia napolitana, ‘Commedia dell’arte’, impulsada sin duda por la Banda Sonora de Andrea Guerra, donde las dificultades se combinan con un a veces mágico espíritu de superación. Sin embargo la segunda parte se recrea en los tópicos, en el fatalismo con reacciones exageradas y soluciones ya nada creíbles desaparecida la magia con encima sorpresas sacadas de la manga.

En estos aspectos uno cae en la cuenta de que algo por el estilo lo había visto ya en otras producciones de este origen y que siempre se había achacado este proceder a la inocencia, que no ingenuidad, de las gentes de aquel país, del deseo de triunfo, del “todo está bien” al que no para de apelar el protagonista, pero la diferencia, lo que me escama, es que esto no lo habíamos visto todavía en la YRF, que su perspectiva era más moderna y actual, más la visión de esos ‘repatriados’ a los que muchas veces recurre en sus producciones, y que esto con todo el respeto del mundo me parece una bajada de pantalones. ¿Congraciarse con el público base? ¿Con la crítica que paradójicamente lo tacha de superficial? ¿O simplemente estoy equivocado?

Otro aspecto que redunda en la pérdida de entidad de la productora es que el film no posee ningún número musical al uso, es decir, de baile. Musical sí que tiene tres, de esos en lo que suena un tema acompañando la acción de los protagonistas, pero –vuelvo a lo mismo- acostumbrados a lo que es habitual en la Yasj Raj Film queda un poco… triste. Y no precisamente por el carácter romántico de las canciones.

Para acabar, Varun Dhawan resulta cumplidor, pero le falta el carisma y simpatía de Ranveer Singh con el que algunos quieren compararle. Es Anushka Sharma la que sale fortalecida: sin maquillaje sigue siendo uno de los rostros más atractivos de Bollywood y la fuerza que le imprime a su personaje, ese no rendirse y luchar por lo que uno quiere, parece que va más allá de interpretar un papel: lo hace suyo y con compromiso las cosas siempre salen bien.

Del veterano Raghuvir Yaday poco se puede decir. Cualquiera diría que lleva más de cien películas a sus espaldas -¿sabéis que llegó a interpretar a Hitler?- y que en realidad no es un padre que han escogido al azar en la calles de Chanderi.

Lo mejor del film, además del citado Yaday, los modelos de moda que nos ofrece el film, una especie de “Desigual” hindú. El más vistoso –y único- espectáculo del film.

Resumiendo, “Sui Dhaaga: Made in India” puede parecerle al espectador medio una película ideal inmersos en su exotismo y mensaje, pero al conocedor de su cultura y, sobre todo, cinematografía, les parecerá una película más, con trampas y falta de la magia de este origen.

Majui es un joven que vive con su esposa en casa de sus padres. Trabaja en una tienda de máquinas de coser a pesar de que su pasión es convertirse en sastre. Un día, empujado por su mujer, decidirá establecerse por su cuenta, pero el destino hará que el momento coincida con un ataque al corazón de su madre.

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RACE 3 – Remo D’Souza – 2018 – Bollywood – Acción

Race3

Dada la popularidad de esta película llegándose a estrenar en cines incluso de nuestro país, parece un poco obvio decir que la misma no es una secuela directa de sus dos primeras partes ya que, como digo, casi todo el amante al cine de Bollywood ya lo sabrá. Sin embargo hay que decirlo tanto para el que se haya acercado aquí por curiosidad sin conocer la naturaleza de la misma como por hacer hincapié en un hecho que al menos aquí resulta sorprendente.

Y es que de sobra sabemos que lo de las sagas en Asia es un poco… antinatura, es decir, son más las secuelas que no tienen nada que ver con su parte original que las que responden a la naturaleza propia de una saga desde el punto de vista de la continuidad. Encima aquí cobra mayor/menor sentido cuando la segunda parte sí que era una prolongación directa de la primera.

Aquí tenemos actores de la saga, sobre todo al de cabecera Anil Kapoor, pero no interpreta al mismo personaje de las anteriores. Otra cosa es que el film respete el esquema de sus antecesoras y así tenemos a unos protagonistas que más que héroes no son ‘trigo limpio’, dos bandos enfrentados, engaños continuos y, claro está, lujo y espectáculo.

Ahora bien, olvidaros de todo lo que podéis leer sobre el film y las causas que motivaron su producción. La verdad, la que se esconde tras decenas de patrañas periodísticas es que Salman Khan quería su propia “Dhoom”.

A ver, para a aquel que le suene a chino –o mejor en este caso, a hindú- habrá que decirle que “Dhoom” es otra popular saga de acción muy al estilo de esta. La diferencia de “Race” frente a la auspiciada por la Dinastía Chopra es que en aquella en cada parte el “héroe” que se contrapone a la pareja Abhishek Bachchan-Uday Chopra que repiten en cada entrega, es interpretado por un reputado actor. En la primera fue mi ojito derecho John Abraham; en la segunda, mi no menos apreciado Hrithik Roshan, y en la tercera el todopoderoso Aamir Khan. Para su cuarta parte se hablado de Shahrukh Khan o Askhay Kumar, pero no de Salman. ¿Cómo un tipo que se sitúa a la altura de los anteriores sino más alto que los dos primeros, nunca aparece en la pomada para protagonizar una nueva entrega?

Pues Salman puso remedio y fin a los rumores mal intencionados que alegaban ser tan mal actor como para poder protagonizar una de las partes de “Dhoom”, haciendo suya esta “Race”. Dicho esto, cerramos la ‘crónica rosa’ y nos metemos con el film en sí.

Lo primero que hay que decir es que, aparte de continuar por la senda de sus partes anteriores, “Race 3” permanece también por la vereda no menos transitada del género en el país. ¿Qué digo en el país…? ¡En el continente!

Su estructura no es muy moderna ya que sigue esa máxima de arrancar con un inicio explosivo para amagar la acción hasta la segunda parte. ¿A qué os suena a la época dorada de Hong Kong? Pues eso. Encima, por si faltase poco, ese “gancho” actioner no puede ser más ex-colonia británica. Me explico.

Tras el prólogo de presentación del personaje de Anil Kapoor, se nos da paso a unos estupendos diez minutos de tiroteos al más puro estilo John Woo. Olvidaros de los típicos ‘puñetazos al aire’ de la India o del uso indiscriminado del cable para proyectar a los enemigos de los héroes cuando les propinan un golpe; aquí hay tanta acción pirotécnica con todos los personajes disparando con dos pistolas en las manos que ya quisieran Tony Leung y Chow Yun-Fat en su época. Algún desvarío en forma de exageración más al estilo local, pero no faltan ni los impecables trajes de corbata al estilo noventero. La verdad que un disfrute para el amante de la acción de aquella época.

A partir de ahí la acción desaparecerá dejando paso al enjambre de mentiras y traiciones características de la saga salpimentadas por un par de números musicales. Es en la segunda parte donde se recupera la acción.

Pero que nadie se espere un argumento rebuscado que encierre argucias inteligentes: por mucho giro y retuerto que se encuentre el camino el espectador, el objetivo del film únicamente es divertir por lo que solamente se toman en serio el ofrecer un mejor espectáculo, nada de pretender ser unos genios estructurando estrategias, conspiraciones y subterfugios como otras sagas en occidente al estilo “Misión Imposible”. El “nada es lo que parece” es en realidad un “porque yo lo digo” en toda regla así es que si no estás de acuerdo con las patrañ… perdón, excusas y resoluciones para solventar algunos de esos giros argumentales difíciles de asumir, mejor pasar página y acudir a otra producción y hasta diría que origen.

Es cuestión de puntos de vista y de gustos. Además, morder más allá de lo que te permite la mandíbula la mayoría de las veces tiene un mal final y Bollywood aprendió a fuerza de golpes que por mucha ambición que se tenga no se debe desviar la atención de tu meta.

Porque acción como se ha visto –y volveré a incidir un poco más abajo- nos la da. Lujo, el que quieras: todo el parque automovilístico de Abu Dabhi parece haber sido puesto a disposición de la producción con todo lo que conlleva ello de deportivos únicos y singulares. Las residencias, suites y dependencias por donde trascurre la acción tampoco tiene desperdicio respondiendo a la opulencia que corresponde a los Emiratos Árabes Unidos.

Y todo esto no resultaría tan visualmente atractivo si no estuviese acompañado de una cuidada fotografía que como siempre en la India es excepcional. Parece que los prejuicios a más de uno le provoca una amnesia que hace olvidar que en algunos apartados técnicos y artísticos la India es ejemplar. Solo hay que ver esos ‘artesanos’ coloristas digitales que realzan tonos para ofrecer una policromía aún más rica. Eso, y a cambiar la bandera de Tailandia y hacerla pasar por la de Camboya donde dicen que se sitúa parte de la acción. Total, cuentan que también están en Beijing e igualmente es Bangkok… ¿Qué más da?

Al menos en ese ‘desasosiego’, el humor burdo se ha eliminado siendo sustituido por bravuconadas propias de Khan, que por otro lado no son malas. Especial atención a ese diálogo final con el que se concluye la película dejando claro lo poco en serio que se toman la misma: elucubrando si habrá nueva secuela y… quién la protagonizaría.

Por nuestra parte, nosotros antes de acabar, pasaremos otra vez a la acción. En la segunda parte como decía nos encontraremos más dosis de esta, pero tampoco mucha, todo sea dicho de paso. Una larga persecución con Salman en moto, una pelea de gatas y el tiroteo final. Sobre lo primero, decir que bajo mi punto de vista le falta velocidad. Por mucha trepidencia –toma palabro- que intenten hacernos creer, hay más fuegos de artificio, explosiones que sensación de peligro real. Hay casetas que explotan porque sí, y todos “vuelan” a la mínima, pero no hay sensación de peligro ninguna.

La mal calificada como “pelea de gatas” resulta más espectacular. Mucha acrobacia y poca contundencia, pero dentro de lo previsible, es refrescante. Ver a Jacqueline ensuciándose las manos, lo mejor. La chica perfecta.

El último tiroteo podría encontrarse al nivel del de la presentación, pero los condicionantes y no sé si la falta de presupuesto, les cortaron las alas. Cumplidor sin más, un ‘bien’ de nota general a este apartado.

Para acabar como siempre, la ‘Sección de Coros y Danzas’. “Race 3” nos ofrece cinco números musicales, dos antes del obligado “Intermission” y los restantes tras este. Dos son de carácter romántico, protagonizados por las dos parejas que da la película ofreciendo la típica puesta en escena de estos números con muchas telas al viento y escenarios casi desérticos.

Las movidas por el contrario pecan de lo mismo: de compartir escenario. Todas se desarrollan en discotecas. Teniendo a Remo D’Souza, reputado coreógrafo antes que cineasta, no entiendo este conformismo. Vale que las coreografías no puedan ser muy exigentes teniendo al, a pesar de todo, voluntarioso Khan, pero repetir esquemas es un poco… significativo. Decepcionante, la verdad. Encima que el mejor tema sea “Selfish”, uno de los de carácter romántico, ya está diciendo a las claras que en esta ocasión D’Souza estaba más centrado en la realización que en el apartado musical.

Resumiendo, “Race 3” es un film espectacular dirigido para pasar el rato. Teniendo un reparto de lo mejor que te puedes encontrar actualmente en Bollywood –cuatro de los cabezas de cartel han protagonizado por sí solos otros films-, acción bien dosificada y lujo desbordante, ofrece lo que se espera. Le falta un punto de ambición para alcanzar a “Dhoom” pero como sucedáneo hasta la llegada de la nueva entrega de esta, cumple.

Sanjana y Suraj son los hijos de Shamsher, un poderoso fabricante/traficante de armas. Junto a estos, su primo Sikander y el guardaespaldas del patriarca, Yash. Juntos forman una familia aparentemente inquebrantable que hacen frente a todo tipo de amenaza, sea cual sea esta. Un día Yash les descubrirá a estos que está enamorado de Jessica, lo que no saben los demás es que esta fue el amor platónico de Sikander…

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RACE 2 – Abbas-Mustan – 2013 – Bollywood – Acción

Race2Banner

Antes de empezar esta reseña me leí la que en su día escribí de su primera parte. No es que la hubiese olvidado; gracias a Dios la memoria aún me aguanta, pero siempre se pierden matices. La cuestión es que si tuviese prisa, por no decir estar en plan vago, cogería la misma, cambiaría un par de frases y ya tendría reseña. Sin embargo ya puesto que habéis tenido la deferencia de al menos pulsar sobre el link que os ha traído hasta aquí, qué menos que tomarme un rato para contaros que nos traen de nuevo –o no- la parejita Abbas y Mustan Burmawalla.

Para empezar hay que decir que el film es una secuela al uso; al uso occidental claro, ya que de sobras sabemos cómo se las gastan los cineastas hindús respecto a las secuelas, aunque bien es cierto que en los últimos años con el auge de las franquicias lo de añadir un 2 “porque sí” casi ha sido desterrado. Pero como decíamos, “Race 2” sí que retoma a algunos de los personajes –la mayoría- de la parte original. La historia no, ya que se trata de una nueva aventura, pero sí el espíritu.

Hay algunos cambios como que el personaje Robert RD D’Costa interpretado por Anil Kapoor ha dejado de ser agente de la ley para ser un simple gañán más, pero poco más. Se cambia, desgraciadamente, el rol de personajes como el de Sonia/Bipasha Basu y desaparecen otros secundarios como aquella atolondrada asistenta de RD, Mini/Sameera Reddy siendo sustituida por Cherry/Ameesha Patel; sin embargo, como decía, salvo la suerte corrida por Basu, nada notable o que no fuese habitual en una secuela.

Porque en lo que a estructura respecta, “Race 2” se apoya en las mismas bases: unos protagonistas que no son trigo limpio, dos bandos definidos y engaños constantes por uno y otro lado. Luego, sobre esta nos encontramos ya los elementos decorativos, herramientas o detalles que igualmente no abandonan la senda de la obra original, tales como una apariencia “cool”, a la última, o acción desbordante, en el más amplio sentido de la palabra. Pero por pasos.

Más que en ningún otro sitio, desde el punto de vista cinematográfico, el oficio de timador, ladrón o embaucador tiene una acogida especial en la India. De hecho, estrellas del calibre de Akshay Kumar comienzan a encasillarse en este tipo de personajes. Luego, a decir verdad, siempre los matizan atendiendo a la moralidad local convirtiéndolos en unos modernos Robin Hoods, ladrones que roban a ladrones, pero esto lo único que provoca es una previsibilidad alarmante. Aquí, aunque inicialmente se apunta a este extremo, pronto nos daremos cuenta que las motivaciones de los protagonistas responden a otro sentimiento que el de la avaricia, al de la venganza. Y son estos giros, junto a otros que me niego ya a desvelar, los que convierten el film en algo maquiavélico, tanto que uno al final no termina por creerse nada de lo que sucede. Lo imprevisible vuelto predecible.

Pero por si faltase algo, junto a ese trabajo más o menos elaborado que busca sorprender, nos encontramos con una “rara avis” en la industria del país: unos diálogos cuidados con frases lapidarias que bien podrían ser usadas como citas. A lo mejor exagero, pero cuando uno está acostumbrado a un toma y daca sistemático sin más sentido que cubrir expediente, encontrarte con una chispa de genialidad, te hace ver el conjunto de otra manera. Hasta los chistes de RD/Anil Kapoor tienen gracia por hirientes que puedan llegar a ser.

Pasando ya a la apariencia decir que sigue siendo brillante, por muy acostumbrados que estemos ya a estos dispendios en producciones actioners. Los protagonistas, impecables: ellos elegantes y ellas sexys; modelos de pasarela, réplicas de otras etapas o facetas de su vida profesional.

El entorno, lujoso. Desde el “Four Seasons” de Estambul  a orillas del Bósforo hasta esos complejos hoteleros de lujo en la costa de Antalya que intentan hacérnoslos pasar por un único establecimiento. Sin olvidar Chipre. Por si faltase algo, los deportivos que conducen los protagonistas, los restaurantes que visitan, o las discotecas que disfrutan. Recapitulando, un escaparate ideal –e irreal para la media de los que ven estas películas-que no sirve de otra cosa que de válvula de escape.

Olvidándonos de nuestra –sniff- triste realidad, pasemos a uno de los platos fuertes del film como es la acción. Coreografiada por el gurú del género en el país como es Peter Hein, “Race 2” supera alguna de las carencias habituales en la industria con inteligencia, es decir, en esta ocasión para la acción física se rodean de gente que por encima de nuestros héroes saben dar un buen y creíble espectáculo. Así, por ejemplo, en la persecución más lograda y hasta impactante, Ali Khan sigue a un asesino a sueldo interpretado por el “Yamakasi” Yannick Ben, y de resultas de ello tenemos saltos y volantines muy por encima de lo que esperábamos encontrar en una producción de Bollywood. Luego es verdad que la utilización del cable afea un tanto el resultado, pero nada decepcionante para aquel que esté acostumbrado a estos efectos tan característicos por ejemplo en Hong Kong.

Por otro lado, en la obligada pelea final con los dos protagonistas –no creo desvelar nada ya que todos la esperamos- se aprecian un par de puñetazos “al aire”, pero nada alarmante cuando la atención no radica en la pareja sino en su entorno. No digo nada más.

Donde sí que la cuestión “salta” un tanto a la vista es tanto en los efectos especiales como en las licencias que se toman sus directores a la hora de propiciar algún… golpe de efecto. ¿Que una lancha debe “despegar” de pronto para caer sobre un coche? Pues adelante, total no es nada nuevo ni en la ya franquicia ni en el género.

Lo peor, como adelantábamos, los efectos especiales. Nada más comenzar alguno decidirá parar la película al quedarse pasmado tras ver un cutre-(d)efecto-especial de un coche saltando por los aires. Por favor… con la pasta que te gastas, haz las cosas bien. Minutos después ves a un grupo de ladrones robar un tren en marcha desde un helicóptero. Pues bien, tienes un helicóptero contratado, los especialistas no sólo descienden de él sino que también se apoyan en el vagón, y sin embargo cuando nos sacan una toma desde lejos el helicóptero se nota que está sobreimpresionado de mala manera. ¿Por qué esa dejadez? ¿Tanto cuesta cuidar el detalle? ¡Si tienes las herramientas! Inexplicable.

Pasemos ya a la habitual sección de cierre como es la de “Coros y Danzas”. Tenemos cuatro números musicales, los suficientes para casi dos horas y media de metraje. Hubiese estado mejor al menos uno más, pero como digo, suficiente. Lo malo es que, bajo mi punto de vista, están mal dosificados. En su primera mitad tenemos dos, y encima los dos pegados. El primero es “Be Intehaan”, un intenso tema romántico, hasta algo tórrido, en el que la parejita conformada por Ali Khan y Padukone se dan amor en medio de unas ruinas. A mí no me suelen gustar las baladas pero para esta ocasión el especialista en films de acción Pritam ha compuesto un tema que no contrasta con el tono del film no resultando nada acaramelado y sí, rítmico.

Tan solo unos minutos después asistiremos al show de “Party on my mind”, un movido –y tópico- número musical a pie de playa con cientos de torsos desnudos y pequeños bikinis. La verdad es que tanto la coreografía como la canción es contagiosa, con un estribillo en inglés muy fácil de seguir. Por adicción, colorido, número de participantes y belleza de las protagonistas, se convierte desde ya en una de las mejores piezas musicales del 2013.

Y si “Party on my mind” es un ejemplo de lo que es capaz de dar Bollywood, “Lat Lag Gayee” es de hasta dónde se puede llevar la sensualidad. No os engaño, las faldas son igual de cortas y los escotes igual de profundos, pero cuando una actriz se pone, se pone. Obviando esta perogrullada, decir que Jacqueline Fernandez es una de mis debilidades, la nueva Priyanka Chopra; solo la necesito ver en un papel más exigente para ensalzarla a los altares. La cuestión es que en este número musical uno se olvida de sus acompañantes, de Saif Ali Khan y hasta de la canción –que no está mal pero tampoco se pasa- para fijar la atención en sus labios y movimiento de cintura.

Por último nos encontramos con “Allah Duhai Hai”, un número musical con dos caras. Visualmente es impactante con tanto diablo, goticismo, coreografías exigentes  y hasta apoyos digitales. Sin embargo el tema –por lo que tengo entendido es una versión de una canción antigua- es bastante mejorable: tiene alma rock y por lo tanto es potente, pero a su vez poco aprovechable a la hora de contagiar el ritmo.

Recapitulando, pocas canciones pero notables en conjunto, sobre todo gracias a la puesta en escena.

Para acabar, ahora sí, tres detalles. ¿A quién intentan engañar haciéndonos creer que una mezquita es la Basílica de San Juan Bautista de Turín? Por favor…

Y luego, ¡qué machistas son en esta película! Anda que los chistes de Anil Kapoor…

Y hablando de chistes, muy bueno ese en el que Abraham dice que Basu era su novia. ¡Y tanto!, como que lo fueron en la vida real…

Resumiendo, “Race 2” mejora a su antecesora, más ambiciosa y con un mayor rango de espectáculo. Para aquel que no la viese, decir que este es un buen producto de acción que, a pesar de las rémoras del género en el país, las minimiza hasta ofrecer un entretenimiento más que digno a ojos de un neófito occidental, muy superior a cualquier producto de serie B que inunda las estanterías de nuestros videoclubs.

Ranveer Singh cree haber dado con las personas que pueden hacerlo definitivamente rico, los peligrosos hermanos Armaan y Alina Malik. Tras ganarse su confianza estafando al dueño de una cadena de casinos, Ranveer les propondrá el golpe definitivo. Lo malo es que nada parece ser lo que es…

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RACE – Abbas-Mustan – 2008 – Bollywood – Acción

race

<<… Bollywood se ha vuelto predecible …>>. Eso me dije al ver los primeros veinte minutos de la película. Y no, no era porque sus historias de amor siempre deambulan por los mismos cauces sin lugar a la sorpresa o que sus comedias abusen de los mismos chistes y chirigotas para hacer reír a un público casi amnésico, no; mi afirmación se basaba en unos veinte minutos que venían a resumir una serie de particularidades que comienzan a convertirse en malos tópicos.

Pero como en toda observación precipitada envuelta de una cierta autosuficiencia – vamos, cuando uno cree saberlo todo – suele ocurrir lo que en éste caso: que te equivocas. Pero no volvamos a cometer el mismo error y no adelantemos conclusiones.

En esos primeros minutos de “Race” uno ya puede sin miedo a errar, hacerse una buena idea de conjunto. Por ejemplo, la película está rodada en la ciudad de Durban, tercera ciudad por población de Sudáfrica y uno de los mas importantes puertos del continente africano. Traducción: un escenario brillante, colorista y sobre todo lujoso que evadiéndose de la triste realidad hindú casi se está convirtiendo tanto en bandera de la filmografía bollywoodiense como en “leit motiv” de productoras como la “Yash Raj Films”.

A su vez estos fondos exóticos – o a lo sumo, envidiables – dan para recrear historias donde la suntuosidad compite con una pulcritud técnica que eleva el nivel del film. Así la fotografía de “Race” luce tan primorosa y nítida que uno no tiene ojos para otras carencias; la luz lo impregna todo y uno no puede ver mas allá de la superficie.

Dejando a un lado que sea una cursilada, creo haberme explicado bien; pasemos a otro aspecto.

Por si fuera poco lo vistoso del “escaparate” al film se le une un aliciente cada vez mas recurrente en su filmografía: la del muestrario femenino. Ya no solo es el par de protagonistas, son todas las figurantes a cada cual mas guapa y… ligerita de ropa. No nos extraña que el film haya sido un éxito de taquilla… Bromas aparte, igual ésta actitud tan solo responde a una cierta tendencia en su cine.

Y claro está, siempre que hace acto de aparición éste tipo de festival frívolo no pueden faltar unos números musicales a la altura. En esos veinte primeros minutos nos vamos a encontrar con uno que sirviendo de gancho – es el primero coreografiado y el mas masivo – surge tan espontáneo como paradójicamente forzado.

Me explico; sin que venga a cuento uno de los protagonista saltará al escenario – literalmente – para entonar una canción y contagiar su alegría al resto del personal, vamos, como el que no quiere la cosa; tanto que pocas explicaciones hay para que ello ocurra. Pues bien, esto será una constante a lo largo del resto del metraje. Tienen que estar ahí y no les importa el cómo.

Pero como decía Superratón, <<… No se vayan todavía que aún hay mas… >>. A lo dicho sobre la excelente fotografía hay que añadir otros aspectos técnicos/artísticos igual de brillantes y que hace tan solo cinco años evidenciaban un cierto retraso.

Nada mas comenzar vamos a ver un espectacular accidente apoyado en unos efectos especiales bastante creíbles y no por ello, menos espectaculares. Se puede poner en tela de juicio la causa pero no, la puesta en escena.

Al hilo de esto llegamos a la última de las particularidades “recursivas” que nos encontramos al inicio del film: las trampas.

¿Alguien se cree que un camionero al que se le está cayendo la carga va a frenar de tal manera provocando a su vez la ya tristemente famosa “Tijera”?. Uno al ver esto lo único que puede hacer es echarse las manos a la cabeza y mas si encima ve como el vehículo que le sigue, sin chocar con nada – se ve claramente – salta por los aires en posición vertical… Ya estamos acostumbrados al cine de acción de Bollywood y a su “fantástico” desenfreno pero aquí se roza el ridículo.

Sin embargo… NADA ES LO QUE PARECE.

Tan solo tendremos que esperar unos minutos mas para que lo que parecía una simple licencia por parte del guionista/director se justifique de una manera que hasta nos parecerá creíble. Vale, no el salto vertical del vehículo pero sí el origen del accidente. Y es que la intención de Abbas-Mustan es aprovecharse de todo ese conjunto de tópicos y situaciones manidas para, convenciéndonos de estar ante una producción mas de la industria local, un producto en serie donde lo único que cambia son unos rostros – y ni eso… ver “Tashan” estrenada tres semanas antes… – dar el golpe en el momento preciso.

Y es que hasta en cinco ocasiones la película dejará boquiabierto al espectador recurriendo a ese “nada es lo que parece”.

Lo malo es que son tantos los ases en la manga que se guarda su director que al final el espectador acaba por levantar un escudo de escepticismo que impide que se acabe de creer la historia, buscándole siempre las tres patas al gato o, como decía antes, la trampa.

Situación que termina por volverse “insostenible” cuando nos acerquemos a su parte final, anticipándonos a su desenlace formulando hipótesis que en el peor de los casos pueden resultar certeras haciéndonos exclamar el típico <<… si ya lo decía yo …>> recibiendo en contraposición la no menos clásica decepción. Puede sonar demasiado abstracto pero dados los bandazos que pega la película uno se espera ya lo imposible terminando por acertar.

Tampoco ayuda que el tono del film cambie en su segunda mitad transformando el hasta el momento correcto thriller en algo cercano a la comedia.

La llegada del personaje interpretado por Anil Kapoor resultará determinante en éste aspecto pero no será el único elemento que ponga la nota discordante ya que como decía, no solo es el cambio de registro sino que a merced de la poca trascendencia que va adquiriendo la película, el juego de sorpresas al que servíamos de testigos se transformará en algo cercano a esa manipulación donde siempre el espectador es la víctima.

Ese es el problema de estirar demasiado la cuerda que además de resultar previsible como avanzaba unos párrafos antes, terminas por perder la frescura recurriendo a tópicos y trampas muy fáciles de descubrir; corres el riesgo de que se te vea el plumero.

En todo caso hay que realizar un ejercicio de honestidad y ser justo tanto con el planteamiento de la historia, evidenciando una buena construcción con a pesar de todo pocos cabos sueltos, como con la parte cómica de la historia encabezada por una camaleónico Anil Kapoor en un año para él antológico: “Black & White”, “Tashan“, “Race“, “Yuvvraaj” y la oscarizada “Slumdog millonaire” en un papel muy distinto a éstas.

A pesar del humor burdo del que hace gala con hasta esas pinceladas de socarronería machista que tan habituales se están convirtiendo en la comedia bollywoodiense, hay detalles que vuelven a dejar patente cierto cuidado por el detalle como esa inclinación por incluir metáforas “afrutadas” en su dialogo.

Para ir acabando vayamos como siempre con el apartado musical. Como decía al principio el film es tan vivaz como poco recatado; así los números musicales de la película insisten en enseñar carne a ritmo de una serie de canciones a cada cual mas bailable. Calidad no tendrán – todas muy repetitivas y poco originales – pero pegadizas son un rato. La puesta en escena es igual de impecable que el resto de la película pero luce espectacular gracias a una escenografía brillante y a la acumulación de bailarines. Para los amantes de las grandes orquestaciones coreográficas, “Race” les dejará satisfecho a pesar de la sencillez de movimientos. Esto junto a la generosidad en número de canciones puede suponer por sí solo un atractivo de la película.

Resumiendo, “Race” es un film irregular en contenido pero impactante en presentación. Una primera parte trabajada y brillante para una segunda zafia y previsible. Y es que en su afán por ser el “novamas”, la película pierde los papeles ofreciendo un recital de incoherencias y hasta despropósitos en sus escenas de acción. Entretiene sin mas.

Ranvir y Rajeev son dos hermanos aparentemente bienavenidos. Ranvir maneja los negocios tras la muerte de su padre mientras que Rajeev se dedica a vivir la vida alcoholizado a la sombra de su hermano. Apenado por la situación a Ranvir no le importará ni siquiera cederle el paso a éste cuando los dos se interesen por la misma mujer. Y es que Rajeev por Sonia, que así se llama ésta, es capaz de hasta dejar la bebida. A pesar del gesto de Ranvir, Rajeev le guarda un inmenso rencor; tanto que su verdadera intención es asesinarlo.

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A GENTLEMAN – Raj & D.K. – Bollywood (India) – 2017 – Acción

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El porqué de la no-explosión del cine de Bollywood, hindú por extensión, en España no lo entiendo. Si no recuerdo mal creo que auténticos conocedores de este mundillo como Domingo López decían que los derechos de las películas tienen ciertas peculiaridades, pero dejando el tema de las dificultades de exportación/importación, todavía no hay mercado para estos productos.

De anime, cine coreano, japonés y chino en menor medida, tenemos pequeñas dosis, pero hindú…como no sea cine de autor o reivindicativo… Ah, sí o el que se estrena en salas en versión VOSE pero que luego no se traduce en edición casera con doblaje.

Que las costumbres son muy alejadas de las nuestras, que los bailes desvirtúan las historias, que si patatín, que si patatán. He oído excusas de todo tipo. Mi socio Ángel Manuel, la otra costilla de Chanpoo.com, con gran criterio y amante de (casi) todo lo asiático no termina de comulgar con este cine.

A mí, que es a lo que importa y lo que me sirve para dar comienzo al análisis de esta película, me gusta porque además de integrar la música como nadie lo ha hecho –sin música no puedo vivir- tienen una noción de la vida tan fantástica que se traduce en su forma de comunicar. Esas peleas tan exageradas, sus melodramas tan sentidos, su humor tan inocente y a bocajarro… Ponen el corazón en lo que hacen, para bien y para mal, y eso se nota.

Alguno dirá que solo es palabrería barata, que es la última moda y que solo estoy ciego por el exotismo.

Pues para contestar a este alegato me viene que ni perfecta esta película ya que lo que me gusta de ella, entre otras muchas cosas con las que entraré también ahora, es porque da una imagen idílica y moderna, mucho más sofisticada que en producciones occidentales. ¿Exotismo? Pues estoy hablando de todo lo contrario…

“A gentleman” traslada la mayor parte de su rodaje a Miami, con todo lo que ello conlleva de exteriores y calidad de vida. Porque aquí no tenemos a latinos intentando sobrevivir. Los expatriados hindús son un arquetipo de personaje de la cinematografía hindú y pocas veces vemos miseria o dificultades. La productora ‘Yash Raj  Films’ casi se ha especializado en este tipo de películas y si bien esta pertenece a la ‘Fox Star Studios’, dependiente de la norteamericana ‘20th Century Fox’, es curioso ver en los agradecimientos al inicio del film el nombre de Karan Johar, sobrino de Yash Chopra, fundador de la propia YRF… ¿casualidad?

Es cierto que la relación vendrá por otra parte, pero no las formas. Todo en “A gentleman” tiene una apariencia occidental y el tratamiento de la imagen está más que cuidado. Que la matriz sea la propia Fox tendrá algo que ver, que al principio del proyecto la vendiesen como una continuación de “Bang bang” –“Operanción Koh-I-Noor” como se bautizó en España mutilada de números musicales- remake local a su vez de “Noche y día”, también; la cuestión es que a vista de un occidental, de exotismo nada. Más bien como decía, sofisticación y lujo.

Y para llevar todo ello a la gran pantalla, ¿qué mejor que una comedia de acción? Pues eso nos encontramos, una película con espías impecables, chicas guapas y escenarios envidiables.

Por la parte de comedia, es muy ‘a la americana’, es decir, comedia ligera donde hay más simpatía que humor. Es el carisma de los protagonistas el que tira del carro y las situaciones no se fuerzan demasiado con tal de no pedirle al público demasiado. Olvidaros de los chistes zafios y los gags absurdos y hasta políticamente incorrectos, casi denunciables habituales en la India; aquí todo es bastante asumible: puede hacer gracia o no, pero tampoco nos hará poner los ojos en blanco a causa de la vergüenza ajena.

Por el trasfondo romántico, tampoco hay que preocuparse ya que aquí no hay conquista. La pareja ya está conformada, o eso es lo que desearía el protagonista… No cuento más.

La acción, sin tener una presencia protagonista, resulta gratificante. Las peleas físicas rayan a gran altura. En ningún momento tenemos ese defecto tan común en su cinematografía como son las populares “patadas al aire”, resultando las coreografías técnicamente brillantes, proporcionando credibilidad, laboriosidad y contundencia. Olvidaros de las fantasías de otras cinematografías hermanas de Bollywood ya que aquí no veremos enemigos volando a merced del cable. Como todo en la película tiene una apariencia –y gusto- occidental, así es que de desfases, ni uno. No en vano, el responsable de la misma es ni más ni menos que el francés Cyril Raffaelli, autor de coreografías de la talla de la saga “Transporter”, “La jungla 4.0” u otras películas de género bajo el sello Luc Besson.

Por su parte, Sidharth Malhotra, con un cierto aire a Eric Bana, a pesar de haber ganado algún galardón como “Peor actor” por su papel, se descubre como un correcto actor de acción, dejándonos con la idea de que cada vez entendemos menos de esto al no comprender sus desméritos para ‘valerse’ con la carga de este cuestionable galardón.

De Jacqueline Fernández poco se puede hablar ya que desgraciamente queda bastante relegada a… a… cara bonita. Y vaya sí lo es: actualmente mi actriz de Bollywood preferida. El problema es que en otras ocasiones se le ha sacado más partido.

Pasemos a, como es habitual en las reseñas de esta procedencia, la que denomino como ‘Sección de Coros y danzas’. Hasta tres números musicales tiene la película.

Chandralekha” tiene como escenario una fiesta de trabajo y resulta simpática, más la coreografía que el tema musical ya que, aunque movido y moderno, no resulta tan pegadizo a causa de la excesiva repetición del “Chandralekha” del título y la instrumentación de esa trompeta recalcitrante. Lo mejor: ver a la gente pasándoselo bien.

En “Baat Ban Jaye” cambiamos el entorno yéndonos a la playa. Con ello, el ritmo se hace más distendido, menos repetitivo subiendo las prestaciones, haciéndose más comercial. Una gozada. Colorido y, ahora sí, pegadizo.

Disco disco” acompaña a los títulos de créditos finales por lo que los poco amigos de estas escenas podrán saltárselo sin más. El resto disfrutaremos de una de estas típicas coreografías ambientadas en una supuesta discoteca setentera. La melodía nos recuerda a otras muchas pero como su función no es otra que servir de dicharachera comparsa al aluvión de nombres, tampoco desentona.

Por lo demás, otros dos temas melódicos que acompañan a las escenas más acarameladas, sin entrar como decía líneas arriba en el edulcoramiento más empalagoso. Destacar el tema “Laagi Na choote”, un dueto precioso tanto por composición como por interpretación. La piel de gallina, oiga.

Resumiendo “A gentleman” es una divertida comedia de acción, sin más pretensiones que divertir y estar bien hecha, cuidando los detalles. Y por Ganesha que cumple con creces. Y es que cuando se tienen claros los objetivos y mimas el producto, se nota trascendiendo las sensaciones del resultado buscado.

Gaurav Kapoor es un ejecutivo que disfruta de su cómoda vida. Está enamorado de su compañera de trabajo Kavya, pero esta lo cree un tipo aburrido por lo que no le hace mucho caso. Pronto la acción se cruzará en sus vidas. O no…   

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