TUMBBAD – Rahi Anil Barve – 2018 – India -Fantasía/Terror/Drama

Tumbbad

El destino me llevó a ver esta película poco más de cuatro horas después de haber visto en una sala de exhibición la última producción del mexicano Guillermo Del Toro, “Historias de miedo para contar en la oscuridad”. Y lo primero que tengo que decir, escribir en este caso, es que hubiese pagado el doble por ver esta en un cine. Lo segundo, que tiene más esta de Del Toro que la suya propia.

Tumbbad” tanto por forma como por sensaciones bien podría estar firmada por el cineasta centroamericano y aunque poco ortodoxo, voy a utilizar los paralelismos para intentar dar a conocer este film que merece ya no una oportunidad sino la atención de los amantes ya no tanto del género como del cine en general.

Tumbbad” lleva una carga sentimental muy de Del Toro. En casi todas sus películas tenemos personajes traumatizados por su pasado con un presente lleno de incertidumbres que no les permite ser felices. Aquí tenemos un hombre perseguido por la pobreza que incluso cuando… “encuentra” la fortuna no se permite descargarse del peso -la mochila- de la desdicha. Es ese fatalismo en contraposición con una felicidad tan alcance de la mano como difícil de alcanzar. Sueños, perseverancia, conciencia… todo ello se mezcla para crear un caldo de cultivo creíble a pesar de la fantasía que rodea la trama.

Pero más allá de la pesadilla personal sufrida por el protagonista tenemos un hijo y una mujer que llenan de matices aún más a un personaje ya de por sí complejo. Y no tanto a nuestro particular anti-héroe como a la hora de conjurar y colmar un conjunto rico y denso en sensaciones.

Por ejemplo, el niño por encima de ser un reflejo distorsionado de su padre, cosa que suele ocurrir en los films de este género, va más allá convirtiéndose casi en una caricatura perversa de este. Pero lo que lo hace… ¿grande? es que su peculiar ambición no nace de un pasado tormentoso sino de la propia inocencia. Solo hay que ver cuando intenta comprar el favor de la amante de su padre.

Y aquí enlazamos con el otro personaje importante del film como es la esposa de nuestro protagonista. ¡Qué gran idea defender la imagen de estas haciéndolas parecer menos que nada! En serio. Alguna se echará las manos a la cabeza pensando que he dicho una burrada, pero no es así. Está muy bien eso de mostrar a una mujer fuerte que lucha por su independencia y bla, bla, bla… pero a veces hay que mostrar el sufrimiento y el sacrificio para, aunque sea compadeciéndose, ser consciente de una triste realidad. Y no es algo sacado de mi mente poco objetiva con este trabajo ya que basta fijarse en detalles como esa irónica crítica a Gandhi y la frase de marras que ridiculiza el empoderamiento de la mujer. No es casualidad, es algo buscado.

Pero tranquilos que los que hayáis llegado a esta película buscando una producción de género, no os vais a encontrar un discurso reivindicativo y políticamente correcto. Sangre y sustos no hay muchos pero sí esa oscuridad que predomina, como venimos diciendo, en el Universo Del Toro.

La historia de esta “Tumbbad” bebe directamente de la mitología hindú y su rica imaginería de dioses peculiares. La cultura india es tan extensa y pintoresca que hay una diosa que se comió a sus retoños nada más darlos a luz para poder seguir copulando con otros de sus vástagos ya crecidos y es adorada como una de las protectoras –sí, protectoras- de la fertilidad en lugar de la lujuria como cabría esperar.

Así que no nos extraña que la leyenda que se nos cuenta aquí y su desarrollo dentro del marco que se nos narra, por muy surrealista que sea, resulte creíble. ¿Y qué más da? Tenemos una mansión decadente por mucho que su estilo sea diferente a esos pseudos mausoleos victorianos a los que estamos acostumbrados en Occidente, tenemos pasajes secretos, y tenemos una criatura siniestra.

Y es aquí donde volvemos a encontrarnos los parecidos razonables. La apariencia de esta criatura bien podría haber surgido de la mente y mano de Guy Davis, uno de los ilustradores de cabecera del realizador mexicano. Sin ser grotesco tiene ese aire escalofriante de lo posible. Lamentablemente los efectos especiales no son lo mejor del film y chirrían un poco. Y no porque la industria del país esté un paso por detrás de la occidental o de sus vecinos más orientales, de hecho muchas producciones de Hollywood se alimentan de las pobladas empresas dedicadas a estos menesteres que existen en el país, sino porque la inversión quizás no ha haya ido acorde a la ambición de sus responsables.

Y claro está, como toda película de Del Toro –o casi- tenemos una moraleja que en esta ocasión no esconde un gran mensaje; sin embargo la causa, como he ido diciendo, ya ha ido calando y para cuando llega el desenlace ya estamos concienciados.

Resumiendo, “Tumbbad” es una maravillosa película, una fábula que nos enseña que la vida a veces recompensa no solo si se persevera sino si algún demonio te acompaña en el camino.  

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SATYAMEVA JAYATE – Milav Zaveri – 2018 – Bollywood (India) – Thriller

SatyamevJayate

El amor es ciego. A pesar de mi basta (sí, con b, of course!) cultura, no sé quién dijo esta frase, pero… ¡cuánta razón tenía! ¿Quién no ha estado enamorado y cual emoticono con corazones por ojos ha ignorado los defectillos de su amada? Pues a mi me pasa eso con Bollywood. Hay películas regulares y directamente malas, pero mira, no sé si es por las características de su industria, por esos galanes chulapos, por las mozas sacando pechuga o por la música que me idiotiza (más aún) pero me pirran.

Satyameva Jayate” entraría en las regulares, pero oye, me ha enamorado. Y creo que puede hacerlo a cualquiera que se deje llevar, de ahí que no me importe ser poco objetivo con mis conclusiones. La reseña, veréis que es más objetiva. De hecho voy a empezar con lo menos bueno, para que decidáis seguir leyendo o no.

Tratándose de un thriller, el mayor defecto del film es lo endeble del tratamiento del suspense. Tenemos a un justiciero urbano que salda cuentas con agentes corruptos de la policía con una aparente motivación. Dependerá luego de cada uno si está suficientemente justificada, pero quedan cabos sueltos como la chispa que le llevó a ello ya a sus cuarenta años o por qué razón sigue un patrón formando la palabra “Satyameva Jayate”. No entiendo que deje pistas. O lo que es peor… cómo llega a la deducción de este patrón su perseguidor. Vale que mire el dibujo que le ha hecho su hija pero… ¿con tres letras ya sabe que el asesino va a formar esa frase? ¿Con tres letras? Yo que sé… a lo mejor quería formar “SATán es nuestro señor” o… “SATiro a la vista”.

Otro defecto o fallo directamente es el de las casualidades, casi todas centradas en el personaje femenino del film, pero bueno, esto más que inherente a la industria de la India, es una pandemia a nivel global.

Y por último, la carga de tener a un protagonista que a muchos les puede pesar. Aunque a John Abraham, más Bobby Deol que nunca, no lo considero un mal actor, de hecho tiene premios interpretativos y ha sido el protagonista de por ejemplo “Water”, film nominado al Oscar en la categoría de “Mejor film de habla no inglesa”, aquí abusan del colirio para provocarle las lágrimas. Dentro de la categoría de estrella de acción musculada es de los más expresivos, sobre todo cuando sonríe, pero aquí a tenor de un rol un tanto bipolar puede chirriarle a alguien y más cuando su contrapartida Manoj Bajpayee demuestra una templanza y más dominio del tempo interpretativo, vamos, que no necesita de las gotitas en los ojos. ¡Y qué conste que Abraham es de mis actores favoritos y verdadero motivo para ver esta!

Dicho esto vayamos con lo positivo.

Si como habíamos dicho “Satyameva Jayate” (SY a partir de ahora) flojea un poco como thriller, la parte de drama funciona a las mil maravillas. Los diálogos de los protagonistas cuando se ponen solemnes son discursos con prosa muy profunda como estamos acostumbrados en esta industria y solventando esta contundencia categórica, resulta creíble. En parte porque se apoya en ese ‘bromance’ tan de moda en los noventa y que tan bien conocemos los amantes del género de la acción.

Aconsejo ver la película lo más virgen posible, de hecho aquí no suelto spoilers con tal de no fastidiar más de una sorpresa, sobre todo la que se descubre justo antes del “Intermission” o meridiano del film, pero diré que el film va más allá del policía identificado con un vigilante al que persigue.

Crear empatía con el espectador depende más de crear un personaje que reúna las simpatías del público; hay que crear un ecosistema para que además de identificarse se crean vínculos y SJ lo consigue con creces. Y no es que tenga una gran “fauna”, los personajes secundarios son más bien escasos pero mediante algún flashback y las relaciones personales de los protagonistas a la película no le cuesta mucho atrapar al espectador que ponga, claro está como siempre en Bollywood, de su parte.

Hablando de relaciones, aquellos que teman por un romance demasiado largo del héroe no tienen de qué temer. Todo se resuelve con un par de encuentros exiguos en minutos y una canción más que número musical propiamente dicho ya que se limita a seguir a ambos tortolitos con música de fondo.

Y ya que hablamos de música, desgraciadamente para los que como a un servidor nos gusta las partituras de esta industria, solo tendremos un número musical y encima corto. Es uno en el que Aisha Sharma/Shikha junto a sus compañeras coristas ejecuta uno de esos sensuales bailes similares a la más conocida danza del vientre en un entorno que parece una discoteca.

Para ir acabando decir que la acción del film, tratándose de un thriller, pues más que correcta. No hay mucha pero la que hay es convincente. Guantazos con la mano abierta y proyecciones a metros de distancia cuando el héroe se cabrea de verdad. Repito, no es un film de acción pero la que la hay es correctísima. Especial atención a esa parte final donde se nos presenta a la versión india del “Capitán América”. No digo más…  ^_^

Para terminar, ahora sí, un par de detalles. El primero, que es de agradecer esa escena donde se defiende a la figura de la mujer cuando esta se hace fuerte, invitando a que esto se repita. Alguien dirá que es demasiado poco o que es algo de cara a la galería, pero ya nos gustaría que se repitiese en todas las películas: al final el mensaje calaría.

El segundo, que cuando escribo esta reseña se anuncia una secuela.

Resumiendo, SY es un modesto thriller con fallos pero que llega a calar por sentimiento y carisma. Si le sumas que es entretenido y técnicamente impecable, más de una oportunidad merece por vuestra parte.

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RAMAN RAGHAV 2.0 – Anurag Kashyap – 2016 – India – Thriller

raman

Ni todo Bollywood son películas con bailes ni todo el cine sin bailes en la India es cine independiente. Como todo en la vida, existe el término medio por mucho que algunos se empeñen en decirnos que por ejemplo en política solo hay izquierdas o derechas.

Así, para empezar, “Raman Raghav 2.0” es uno de esos films, comerciales pero exentos de ese exótico colorido que ha dado popularidad a la filmografía hindú. Repito, popularidad, no me seáis más papistas que el papa.

Avisados, adentrémonos más en el film. Decir que tampoco nos tiene que extrañar porque el director de la producción es Anurag Kashyap y que su filmografía habitualmente se ciñe a ese cine ‘término medio’ con el que he comenzado la reseña sería ir un poco de… ‘sobrado’ porque por desgracia el conocimiento que se tiene en este país u otros de habla hispana –lo digo por los que hayáis acudido a esta reseña…- sobre el cine indio es bastante limitado. Los que menos habréis visto u oído hablar de sus “No smoking”, “Gulaal”, “Dev.D” o la más popular “Gangs of Wasseypur” y eso os formará una idea aproximadamente de lo que quiero decir.

Pero como aquí estamos para informar –lo buenamente que me den mis pobres conocimientos y manera de expresarme- y reivindicar, recurriré a un ejemplo que aunque no para el gran público sí que está al alcance de los aficionados al cine asiático.

Pensar en un thriller coreano. ¿Ya está? Pues eso… ¡ya está! ¿Ah, que lo que os gusta son los ojos rasgados, el postureo y una ciudad impoluta y moderna como Seúl? Pues no, eso no lo tenemos, pero el resto, igual. Dejaros de prejuicios. No tenéis excusas. Artística y técnicamente esta se sitúa al mismo nivel y como ya he dicho, no tenéis ni el mal pretexto de los bailes. Pero vayamos al meollo de la cuestión que es cómo mejor me pillaréis. Y no, no es que os esté llamando tontos, al revés, que yo soy muy obtuso a veces ‘dándome’ a explicar…

Para empezar os hago un breve resumen de su sinopsis. ¿Veis cómo soy un poco torpe? Sinopsis ya lleva implícito lo de breve.

La policía detiene a un pobre desgraciado que se declara culpable de una serie de asesinatos acaecidos en Mumbai. Lo reprenden para darle una lección pero logra huir. La cuestión es que es el verdadero asesino y ahora lo han perdido. El encargado de detenerlo: un oficial corrupto y adicto a las drogas.

Pues bien, esto que parece, salvo el apunte del ‘pobre desgraciado’, la trama de muchas películas policiacas tiene una serie de… ¿alicientes? que son los que hacen recomendable por un lado y diferente por otro.

Lo primero, nuestro protagonista. Lo he calificado como ‘pobre desgraciado’ pero habría sido mejor utilizar el término ‘pobre diablo’: el significado es el mismo, pero lo de ‘diablo’ nos viene que ni pintado ya que al ser en el fondo un asesino en serie, creo que no hay mejor manera para describirlo. Eso sí, tiene sus particularidades puesto que en apariencia es eso, un ‘don nadie’, frágil y con más palabrería que hechos. Cae hasta simpático ya que su ‘modus operandi’ es tan peculiar como su propia personalidad. Con determinación, una franqueza sorprendente y una exagerada palanca al ristre nuestro Ramanna dista mucho de ser un criminal calculador y solo le impulsa su propia locura, eso sí, sosegada y una meta que no contaré para no desvelar demasiado.

En el otro lado, y no precisamente de la ley, el oficial de policía, un personaje complejo y no solo por su adicción a las drogas sino por varios problemas que rodean a su vida como el miedo al compromiso que arrastra a causa de su relación con su padre. Todo ello compone un cuadro igual de sicótico que el de su ‘partenaire’ llevándole a comportamientos erráticos que rozan y llegan a cruzar los límites de lo esperado.

Lo que dista y mucho de esos thrillers coreanos que comentaba es el trasfondo y escenario. De hecho, le separan algunas ‘leguas’ también de las típicas producciones realizadas en Bombay/Mumbai ya que es oscura y mostrando la cara más agreste de la capital hindú. Podría añadir que en línea con otros de los trabajos de su director, pero volvería a lo que decía al principio. Cochambre, chabolas, pozas insalubres, lo que uno quisiera para sí. Dejando la ironía a un lado, tampoco debe asustarnos esto ya que el tono desenfadado -sí, desenfadado- con el que el protagonista afronta su realidad funciona como barrera contra todo lo sombrío de su propuesta ofreciendo un resultado más cinematográfico y menos documentalista, estilo que gusta a esos neo-realizadores snobs.

Y lo mejor del film no es tanto la explicación del desenlace sino esa reflexión que deja sobre los paralelismos.

Para ir acabando, un par de detalles. El primero, que a pesar de que no hay bailes sí que tendremos un par de canciones que suenan en primer plano acompañando a las imágenes.

El segundo, la excelente labor de Nawazuddin Siddiqui, creíble en su papel de ‘sociable’ sicópata. Rascando bajo esa enorme cicatriz, su edad madura y comportamiento… cuestionable, nos encontramos con un gentleman apuesto y carismático.

Resumiendo, “Raman Raghav 2.0” es un thriller de contrastes y eso lo hace diferente. Cruento pero desenfadado, tenso pero ligero. Tan comercial como carne de festival. Un film para romper los tabúes del cine hecho en la India.

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PADMAAVET – Sanjay Leela Bhansali – Bollywood – 2018 – Drama épico

Padmaavat

Érase una vez un director de nombre Sanjay Leela Bhansali que parecía que se iba a comer el mundo. Sus películas mostraban una belleza inusual y su concepto visual iba más allá de lo que la industria de su país quería reflejar. Pero un buen día, cuando parecía que este iba a consagrarse con “Bajirao Mastani” se pegó de cruces con la dura realidad: no era ajeno a la mediocridad.

Pues bien, dejando de lado esta tontería de introducción, a dónde quiero realmente llegar es a decir que tras “Bajirao Mastani” pasé absolutamente de esta “Padmaavat” porque me parecía un ‘más de lo mismo’, un nuevo intento de su director de consagrarse como el gran realizador de la India, recurriendo no solo a otra historia parecida sino hasta a los mismos actores. Ni siquiera las consecutivas noticias que hablaban de su ruptura de récords a la hora de recaudar en taquilla, llamaron mi atención. Total, ya conocemos como se ‘mueven’ en aquel país…

Pero el aburrimiento es muy malo y pueden más las ganas de abarcar lo editado durante el año para completar la lista de tus mejores del 2018 que los prejuicios e ideas preconcebidas. Así es que sin muchas expectativas me dispuse a ver la última epopeya épica surgida de la mente del otrora -¿aún lo será? … guardo el suspense…-  mago Leela Bhansali.

Lo primero que hay que decir es que la insistencia de su autor en historias épicas no es algo gratuito. Dejando que le gusten más o menos o que le permitan expresar toda esa plasticidad grandilocuente que atesora, el objetivo de la industria de Bollywood desde hace un par de años no es consagrar a alguien como el mejor cineasta o realizar la mejor película de todos los tiempos. A los productores, por mucho que el propio Bhansali se haga un ‘Juan Palomo’, les interesa lo que a todos: el dinero. El punto de mira de productoras e inversores está en superar a “Baahubali 2” como la película de películas hindús y el orgullo de Mumbai estaba en entredicho desde que esta arrasase en las taquillas y no tan solo del gigante asiático. Querían recuperar el cetro, el honor de ser la industria reina del país y no pocos intentos hemos visto en los últimos meses como para dejar atrás a la de Tollywood.

Así, los medios dispuestos para esta película son grandiosos en todos los aspectos. La cuestión es si a vista de un occidental, visto que a los locales sí atendiendo a la recaudación y galardones, son suficientes…

Los primeros minutos del film auguran lo mejor, pero también lo peor. Se nota ese generoso presupuesto dispuesto pero hay algún detalle que podría echar el freno al menos tolerante: nada más arrancar vemos cómo el objeto de la cacería de una brava Padukone –claro guiño a “Baahubali 2”-, un ciervo recreado digitalmente, más parece un peluche atrofiado que algo medianamente decente. No entiendo ese arranque tan poco ilusionante. Ni tampoco comprendo la decisión de su director de incluirlo ni del autor de semejante aberración por darse por satisfecho con tal adefesio. Flaco favor le hacen al conjunto y más, como digo, al arrancar.

Luego la cosa se normaliza y las recreaciones digitales y efectos mejoran no ‘cantando’ encontrándonos con una línea general bastante notable, pero me parecía correcto avisarlo más que nada para que nadie se echara atrás a las primeras de cambio.

Y es que no solo las cosas, como decía, se normalizan, o más allá, mejoran ostensiblemente sino que la película bien merece esa indulgencia.

Siguiendo la línea que llevaba de… advertencias, conviene aclarar también que la película aunque épica, no es al nivel de lo que estamos habituados. El contexto y las formas nos harían pensar en batalla tras batalla y lamentablemente para el que piense eso, no lo va a encontrar. Hay un par como mucho, y ni larga en extensión ni espectacular en contenido. Flechas por aquí y choques de sables por allá. Poco más. De hecho hasta el duelo final peca de buscar más el escudo y la espada del contrario que el cuerpo del enemigo, el fallo típico cuando los contendientes tienen miedo de hacerse daño.

¿Qué esto suena a desilusionante otra vez? Pues si buscáis acción a lo –otra vez… – “Baahubali”, pues sí. Pero, ¿y si buscáis una buena película…? Ahhh, amigos, eso es otra cosa.

El guión de “Padmaavat” no es una colosal obra de ingeniería, se resume en un par de líneas y sin casi números musicales, su relativo contenido metraje -para lo que es habitual en aquel país- ya nos está señalando que se ha optado por ahorrarnos lo superfluo e ir al grano, algo a agradecer.

Y es que ni siquiera se han enredado en edulcorar la historia a pesar de que su trama haga pensar en un triángulo amoroso. Todo se resume en una palabra: PASIÓN.

La historia que viven los dos protagonistas es de respeto mutuo, se quieren y se adoran pero no los verás enredados en diálogos superficiales ya que con su posición no resultarían convincentes. Sin embargo debajo de todo ello encontramos esa pasión que decía que es la que lleva consecuentemente a los actos postreros. Sin ello, sin esa fe su desenlace no resultaría tan… DESGARRADOR. Y eso, para empezar, es lo que hace grande a la película: que consiga emocionarnos cuando lo que en realidad estamos viendo está fuera de toda compresión. Sin ese trabajo previo, no hay milagro.

Y luego tenemos la otra punta del triángulo, al villano de la función, al que le mueve una pasión convertida en obsesión. Se puede criticar que su motivación no sea creíble pero hay que ponerse en situación y comprender que para alguien a quién las conquistas son una forma de vida le daba lo mismo territorios que personas. Aquí ayuda mucho la excelente labor de Ranveer Singh, mi actor favorito hindú, un artista que contrariamente a este papel ha crecido rápidamente gracias a su encanto y simpatía y que aquí se enfrentaba a un duro reto como era interpretar a un villano. La sobreactuación de Ranveer le va como anillo al dedo al personaje acentuando ese puntito de locura que necesita. Otro punto a destacar respecto a este es ese enfoque bisexual que se le ha dado, algo sorprendente para la industria si de una superproducción hablamos. Conociendo su cerrada cultura y que esto es un vehículo para las masas… Pero ya sabemos por la trayectoria de su responsable que Leela Bhansali es todo un provocador.

Y ya que hablamos de provocación, mucho revuelo se levantó a la hora de su estreno con eso de poner a los musulmanes como los malos malísimos y bla, bla, bla… Pues no. Ahora reinventaremos la historia y los haremos cambiar de bando para complacer a unos… Siempre habrá malos, así es que siempre habrá perjudicados. En todo caso no se hace escarnio de ellos como un pueblo perverso. Aquí no hay discurso del odio –algo muy de moda hoy en día en esta mi tierra-, es “simplemente” un reino contra otro al estilo de lo que hemos visto en otras producciones de esta clase. De hecho, salen beneficiados en algunos aspectos que no voy a contar con tal de no destripar la historia.

Dejando de lado matices del argumento vayamos con lo que a mi gusto es lo mejor de la película. De la concepción visual de Leela Bhansali ya he dejado caer algo al inicio de la reseña. Aquí tengo que decir que se ha contenido un poco a la hora de utilizar los colores, más que nada porque la trama no animaba a ello y ha tenido que recurrir a una gama más ocre pero… “PADMAAVAT” tiene la MEJOR FOTOGRAFÍA que he visto hace mucho, pero mucho tiempo, en una película.

La belleza que refleja Bhansali y la fuerza visual que imprime a algunas de sus escenas está al alcance de muy pocos. Está claro que en ello depende mucho la labor de un buen director de fotografía y del equipo de iluminación, por no decir el director artístico, pero sin tener las ideas claras y alguien que coordine todo, es imposible plasmar en la pantalla lo que esta “Padmaavat” es capaz de ofrecer.

Los más críticos sacarán el discurso del ‘videoclip’, que se abusa de la cámara cenital y lo que quieran pues a la hora de criticar cada cual es libre dependiendo además de sus manías y fobias, pero lo que no se puede negar es que hay un elaborado trabajo detrás.

Antes de cerrar como siempre con la ‘Sección de Coros y danzas’ comentar el peso específico de la mujer en el film. Ya no solo es la imagen heroica de la protagonista que se quiere transmitir, es algo menos aparente y quizás aunque solapado por mor otra vez de esa cultura retrograda, su importancia como unidad, su capacidad de sacrificio y ese mensaje de que sin ellas, sin vosotras, no hay triunfo.

Para terminar, desgraciadamente para unos y afortunadamente para otros, números de bailes propiamente dichos solo hay un par. Uno protagonizado por Deepika Padukone y otro por su maridito en la vida real, Singh, ambos de carácter tradicional como no podía ser de otra manera dado el contexto. Espectaculares ambos, se echa en falta a Kapoor, para mí junto al propio Singh y quizás Hrithik Roshan, los mejores bailarines de la industria. Luego tenemos dos temas musicales sin ya coreografías donde importa más el mensaje de la letra que no molestarán a los menos afines a estos espectáculos.

Resumiendo, “Padmaavat” es una señora película, grandilocuente y exagerada en todas sus dimensiones sino fuese porque en cuanto a acción se queda un poco corta. Sin embargo su objetivo no es apabullar, no es el choque de sables lo que nos hará vibrar, es la magia, la pasión y la fatalidad convertida en triunfo más allá de lo carnal lo que no nos dejará indiferentes. No solo una de las mejores fotografías de la historia del cine sino uno de finales con más fuerza.

Ratan Singh es el regente Rajput de Mewar. Un día de caza por el vecino reino de Sinhala ”coincidirá” con la Princesa Padmaavat. Pronto se enamorarán, la tomará como segunda esposa y se la llevará a su palacio de Chittor. Pero la traición siempre toma extraños derroteros: su consejero, celoso de su relación con la nueva reina tras ser desterrado, animará al conquistador musulmán Jalaluddin Khilji a que conozca a Padmaavat ya que, conocedor de la ambición de este por poseer todo lo bello que no está a su alcance, provocará la caída del reino de Ratan Singh.

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THUGS OF HINDOSTAN – Vihay Krishna Acharya – Bollywood – 2018 – Acción

Thugs

Cuando lanzaron el tráiler de la película los más críticos soltaron eso de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Meses más tarde, cuando se estrenó y los medios más generalistas tuvieron constancia de ella, volvieron a soltar lo de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Pues coño, aún estoy esperando que alguien diga eso de “¡La India homenajea a Sandokan!”. ¡Qué corta es la memoria…!

Y es que si bien cada cual se aferra a lo que quiere –o puede…- el film de Vihay Krishna Acharya tiene más de películas clásicas de aventuras que de fantasías que recrean espectáculos de parque de atracciones. Además, conviene otra vez refrescar la memoria y decir que la intención de Acharya y los Chopra como productores no es la de rivalizar con la de la Disney sino con sus vecinos del este y con cierta producción que empieza por ‘Baahu’ y termina por ‘bali’…

Dicho esto, vayamos con la peli. La trama es bastante sencilla y vista ya en otras tantas producciones de este origen: los hindús están esclavizados por los británicos y luchan por su libertad. Nada más y nada menos. Alguno dirá que casi tres horas da para mucho pero aquí el ‘mucho’ son escenas de acción por mucho –again…- que les pese a los críticos de su país, de ahí algunas malas críticas.

Es verdad que la palabra ‘Libertad’ se repite varias veces, pero fuera del espectáculo el trasfondo que más peso tiene no es el discurso por la entidad de la nación, la independencia o esos alegatos que como decía nos tienen acostumbrados por aquellos lares; curiosamente en la película tiene más importancia el individuo que el colectivo, y eso, visto lo visto, no gusta a un país… o mejor, a unos críticos que creen que la fuerza del grupo reside en su unidad.

La explicación a ello la tiene el protagonismo del personaje interpretado por Aamir Khan, una mezcla de varios personajes vistos ya en otras producciones estereotipo del ‘minion’ granuja/sinvergüenza/mentiroso/sin-ideales con el que comenzamos a ver las grandes –abismales- diferencias de esta con la de la Disney. En la saga “Piratas del Caribe” el ínclito Johnny Depp interpretaba a un borrachín afeminado que sin dejar de ser intrépido a fuerza del azar no tenía más objetivo que provocar la carcajada. Aquí, aunque guarde algunos rasgos en común, se busca incidir en esa conciencia que decía, que deje los egoísmos a un lado y “luche” por algo más que su bolsillo. Lo mejor: que aunque la perorata es previsible no se hace recalcitrante. Y es que como venía comentado, aquí importa más la diversión que el lavado de cerebro.

Era difícil rivalizar con la ‘película épica’ de las ‘películas épicas indias’ por antonomasia como era “Baahabuli” en sus dos partes y creo que esta, al menos a la segunda, la ha superado. Son diferentes porque una es épica a nivel bélico-medieval y esta a nivel aventuresco con lo que implica de números de extras, batallas, etc. pero en cuanto a lo que espectáculo/diversión se refiere se encuentran a la par sino la supera.

Y todo muy al gusto… occidental.

Apuntar como directores de la segunda unidad y de acción a Franz Spilhaus que trabajó en el serial piratesco por excelencia como fue “Black sails” y en otras producciones reconocidas como “Distrito 9”, “Dredd”, “Marea letal”, “Hitman”, etc., a Lee Whitetaker que a sumó en la propia secuela de “Baahubali” y en las occidentales “Fast & Furious 5”, “Abraham Lincoln: cazador de vampiros” o “La jungla 4,0”, entre otras y a Grant Powell con algunos títulos de serie B y otro más reconocidos como la última “Tomb raider”, la saga “El rey escorpión” u otra vez “Black sails”. Pero por encima de estos un nombre: el del gran Gleen Boswell con títulos tan míticos a sus espaldas como las sagas “Matrix” o “El hobbit”. Y no entro en los locales porque no os quiero aburrir…

Así es que con estos currículums no os esperéis lo típico de Bollywood como son patadas y puñetazos al aire o proyecciones de enemigos venciendo a la gravedad. Una película de piratas es una película de corsarios, navíos, duelo a espada, abordajes y aventura, y de todo eso tenemos dosis generosas. La esgrima –practiqué durante seis años este deporte en mi juventud- que veremos no es la más técnica ni elegante, pero tampoco es lo que se busca. Todo es más burdo, más directo y trepidante, buscando el ritmo en lugar de la excelencia, tomándole el pulso al espectáculo, algo de lo que los hindús saben mucho.

Y junto a todo esto tanto unos efectos especiales bastante apreciables, de primera me atrevería a decir, como unos fondos naturales exóticos tan brillantes como imprescindibles para tanto una producción del género como –y sobre todo- de la ‘YR Films’, especializados en fotografías cuidadas para ofrecer una apariencia impecable.

Hay algún elemento disonante como ese barril ‘llámese torpedo’ que sale disparado tras ser soltado de una cuerda sin más impulso que la imaginación de algún guionista sin excusas, pero en cuanto a explosiones, enfrentamientos navales o recreaciones infográficas, pocas pegas.

Seguimos con el espectáculo pero en otra vertiente, el de los números musicales. Lamentablemente cuatro serán las únicas ocasiones en las que podremos disfrutar del dominio de este campo de esta cinematografía. Y es que es tal la sensación de disfrute y satisfacción de las escenas de bailes que uno se queda con ganas de más.

Suraiyya” nos trae un divertido número con Katrina Kaif como foco de atención de un ‘soltadisímo’ Aamir Khan. Aunque ya hayamos visto este número en otras ocasiones cambiando los roles y actores no dejamos de disfrutarlo gracias a su ritmo y desenfado siempre que, como en este caso, los intérpretes se entreguen a esa fusión de comedia y baile.

Más racial, es decir, más tradicional pero no menos efectivo se haya “Vashmalle”. Impecable a nivel coreográfico y teniendo a los hombres como protagonistas, busca más la contundencia que la plasticidad. Amitabh sigue demostrando a su edad estar aún en forma. Y es que el que tuvo, retuvo.

Por su parte “Manzoor e Khuda” me atrevería a decir que es una Obra Maestra, ya no solo por el elevado número de participantes sino por toda esa vistosidad y fuerza en su puesta en escena. Si uno no se queda con la boca abierta tras ver estos cinco minutos de espectáculo y pasión, es que no ama la música. Por cosas así, “Thugs of Hindustan” justifica ya su visionado. La palabra ‘grandilocuente’ pierde su significado al lado de esta demostración de poderío.

No puedo acabar sin dejar al menos un par de líneas que hablen sobre sus protagonistas. De Amitabh poco se puede decir. Hasta personalidades dentro del séptimo arte como Baz Luhrmann o Danny Boyle se han rendido ante él. El ‘Sandokan’ perfecto tras tres décadas; mejor que el propio Kabir Bedi.

Fatima Sana Shaikh es la que, contrariamente al veterano actor, me ha sorprendido. Bachchan ya sabemos que no nos va a fallar, pero Sana Shaikh… No es guapa, pero no era belleza lo que requería el personaje sino determinación y credibilidad en cuanto al derroche físico, y como heroína ha superado a muchas estrellas consagradas del firmamento cinematográfico de la India. Casi parece una luchadora profesional a la altura de Ronda Rousey o Gina Carano.

Luego nos queda Aamir Khan. Katrina lamentablemente solo brilla bailando y dejándonos perplejos ante ese su nuevo labio superior operado/hinchado… Del trío de Dioses “Khan” de Bollywood, Aamir siempre ha sido el que menos gracia me hacía. Shahrukh es Shahrukh y aunque ha perdido el encanto de antaño, es como el Chow Yun-Fat de la India: a carisma no hay quien le gane.

Salman te cae bien a la fuerza. Es tan… exagerado en todos los aspectos… pero sus limitaciones las compensa con una voluntad que termina por convencerte y vencerte.

Pero Aamir… ¡es tan perfecto! Que si buena acción por aquí, que si excelente interpretación por allí. ¡Da asco de lo bueno que es! Pero coño, mira por dónde en esta película ha dejado atrás una imagen impoluta para encarnar a un canalla hijo-de-su-madre. Y lo mejor es que me lo creo. Lo veo por primera vez un tío de andar por casa. No solo nos hace reír sino odiarlo y volverlo amar. Decir que es un personaje hecho a su medida sería echar abajo todo lo dicho, pero es que realmente más que seguir un papel parece que improvisa y se nota por la frescura. Uno de los mejores personajes que uno se puede echar a la cara en este mundillo del celuloide que tanto nos gusta.

Un último apunte. En la Banda Sonora suena el “Jackeye’s Tale” de la Banda Sonora de “El Rey Arturo, la leyenda de Excalibur” de Daniel Pemberton cada vez que aparece Aamir Khan, sin embargo no aparece en los títulos de crédito. Se lo pregunté al mismo Pemberton pero no obtuve respuesta. Algo raro hay ahí…

Resumiendo, si todo lo dicho no te anima a verla, olvidando críticas malas y puntuaciones bajas en diversos medios online, es que no te gusta el cine. Yo valoro una película por lo que es. “Thugs of Hindostan” es espectáculo puro. No es “Piratas del Caribe”, es una película de piratas clásicas puesta al día y pasada por el filtro de Bollywood y la YRFilms. Tyrone Power y Errol Flynn estarían orgullosos, ¿por qué tú no? Quizás es que las películas de piratas siempre han estado infravaloradas en contraposición al Western, pero sea como sea, es un entretenimiento sano y de calidad.

4  / 5

SUI DHAAGA: MADE IN INDIA – Sharat Katariya – 2018 – Bollywood – Comedia

SuiDhaaga

Mira que me gusta la productora ‘Yash Raj Films’, pues esta vez, empezando la reseña al revés, por las conclusiones, he pinchado en hueso.

Me gusta la YRF porque es una de las pocas productoras que transmite una ‘marca de fábrica’, es decir, cuando uno ve una de sus películas ya sabe más o menos lo que se va a encontrar: colorido, buen rollo y unos protagonistas que te ganan el corazón.

Puede parecer una chorrada e incluso tacharlo como un poco de superficial, pero no es así cuando –repito- ‘te ganan el corazón’.

De normal, la compañía de la Dinastía Chopra también ofrece grandes espectáculos, pero no siempre nos encontramos con superproducciones, como en este caso. Sin embargo mi decepción no se debe a que nos encontramos con una película pequeña, más que nada porque ya lo sabía, sino porque por el camino se ha dejado muchas de esas huellas de identidad que estaba comentando.

El film es una comedia sentimental que gira en torno a tres grandes conceptos: la familia, el matrimonio y la lucha por tus sueños.

Sobre el tema de la familia, eje sobre el que orbita la gran mayoría de films de la India, “Sui Dhaaga” nos trae a unos progenitores con dos hijos. Uno, el protagonista, que vive con estos es un tanto perezoso y a pesar de que obedece a sus padres no cuenta con su simpatía. El otro, vive con su familia política y paradójicamente, es el favorito de estos.

El entorno humilde en el que se mueven, las dificultades que pasan cuando la madre enferma… En la película se refleja una familia unida, pero el principal problema es que no se explica muy bien la “manía” que se le tiene al protagonista cuando este se nota entregado a la familia. Se le acusa de vago pero vemos como llega a humillarse con tal de llevar dinero a casa. Luego se ve como la familia política del hermano ‘favorito’ se inmiscuye para mal en asuntos y ‘aquí no pasa nada’…

Es evidente que todo dará un giro radical, pero aquí estamos hablando ya de previsibilidad y por lo tanto tampoco juega a su favor.

En la referencia al matrimonio protagonista, aquí por el contrario es su mejor baza. A pesar de haber visto mil y una películas de este origen sobre matrimonios concertados, el enfoque está bastante actualizado. La mujer, concienciada, no se resigna en ser la sacrificada esposa sino que lucha por su pareja. No hay amor y aunque sabemos que lo habrá, no quiere que su esposo se humille o sea ese recipiente donde, como decía, la familia eche todas las culpas de sus males. No es un enfoque feminista porque ya conocemos lo difícil que es eso en la India, pero se acerca y se agradece.

Y sobre todo, ya no es la postura a la que se acoge como valedora de su marido, sino defensora de los ideales, ese “luchar por tus sueños” en el que cualquier mujer se puede ver representada fuera ya del contexto de la película.

Sin embargo en esto el guión también tiene sus “peros”. Da algún bandazo que otro y en esa “marcha atrás” al que asistimos en determinado momento del film, el mismo se resiente en cuanto a credibilidad, algo parecido de lo que decíamos de la poca empatía de los padres con su hijo.

Otro aspecto que no me… encaja es la diferencia tan notable entre la primera parte y la segunda, separadas por el inevitable “Intermisssion”. La primera parte es una comedia muy amable, con un alma muy de comedia napolitana, ‘Commedia dell’arte’, impulsada sin duda por la Banda Sonora de Andrea Guerra, donde las dificultades se combinan con un a veces mágico espíritu de superación. Sin embargo la segunda parte se recrea en los tópicos, en el fatalismo con reacciones exageradas y soluciones ya nada creíbles desaparecida la magia con encima sorpresas sacadas de la manga.

En estos aspectos uno cae en la cuenta de que algo por el estilo lo había visto ya en otras producciones de este origen y que siempre se había achacado este proceder a la inocencia, que no ingenuidad, de las gentes de aquel país, del deseo de triunfo, del “todo está bien” al que no para de apelar el protagonista, pero la diferencia, lo que me escama, es que esto no lo habíamos visto todavía en la YRF, que su perspectiva era más moderna y actual, más la visión de esos ‘repatriados’ a los que muchas veces recurre en sus producciones, y que esto con todo el respeto del mundo me parece una bajada de pantalones. ¿Congraciarse con el público base? ¿Con la crítica que paradójicamente lo tacha de superficial? ¿O simplemente estoy equivocado?

Otro aspecto que redunda en la pérdida de entidad de la productora es que el film no posee ningún número musical al uso, es decir, de baile. Musical sí que tiene tres, de esos en lo que suena un tema acompañando la acción de los protagonistas, pero –vuelvo a lo mismo- acostumbrados a lo que es habitual en la Yasj Raj Film queda un poco… triste. Y no precisamente por el carácter romántico de las canciones.

Para acabar, Varun Dhawan resulta cumplidor, pero le falta el carisma y simpatía de Ranveer Singh con el que algunos quieren compararle. Es Anushka Sharma la que sale fortalecida: sin maquillaje sigue siendo uno de los rostros más atractivos de Bollywood y la fuerza que le imprime a su personaje, ese no rendirse y luchar por lo que uno quiere, parece que va más allá de interpretar un papel: lo hace suyo y con compromiso las cosas siempre salen bien.

Del veterano Raghuvir Yaday poco se puede decir. Cualquiera diría que lleva más de cien películas a sus espaldas -¿sabéis que llegó a interpretar a Hitler?- y que en realidad no es un padre que han escogido al azar en la calles de Chanderi.

Lo mejor del film, además del citado Yaday, los modelos de moda que nos ofrece el film, una especie de “Desigual” hindú. El más vistoso –y único- espectáculo del film.

Resumiendo, “Sui Dhaaga: Made in India” puede parecerle al espectador medio una película ideal inmersos en su exotismo y mensaje, pero al conocedor de su cultura y, sobre todo, cinematografía, les parecerá una película más, con trampas y falta de la magia de este origen.

Majui es un joven que vive con su esposa en casa de sus padres. Trabaja en una tienda de máquinas de coser a pesar de que su pasión es convertirse en sastre. Un día, empujado por su mujer, decidirá establecerse por su cuenta, pero el destino hará que el momento coincida con un ataque al corazón de su madre.

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RACE 3 – Remo D’Souza – 2018 – Bollywood – Acción

Race3

Dada la popularidad de esta película llegándose a estrenar en cines incluso de nuestro país, parece un poco obvio decir que la misma no es una secuela directa de sus dos primeras partes ya que, como digo, casi todo el amante al cine de Bollywood ya lo sabrá. Sin embargo hay que decirlo tanto para el que se haya acercado aquí por curiosidad sin conocer la naturaleza de la misma como por hacer hincapié en un hecho que al menos aquí resulta sorprendente.

Y es que de sobra sabemos que lo de las sagas en Asia es un poco… antinatura, es decir, son más las secuelas que no tienen nada que ver con su parte original que las que responden a la naturaleza propia de una saga desde el punto de vista de la continuidad. Encima aquí cobra mayor/menor sentido cuando la segunda parte sí que era una prolongación directa de la primera.

Aquí tenemos actores de la saga, sobre todo al de cabecera Anil Kapoor, pero no interpreta al mismo personaje de las anteriores. Otra cosa es que el film respete el esquema de sus antecesoras y así tenemos a unos protagonistas que más que héroes no son ‘trigo limpio’, dos bandos enfrentados, engaños continuos y, claro está, lujo y espectáculo.

Ahora bien, olvidaros de todo lo que podéis leer sobre el film y las causas que motivaron su producción. La verdad, la que se esconde tras decenas de patrañas periodísticas es que Salman Khan quería su propia “Dhoom”.

A ver, para a aquel que le suene a chino –o mejor en este caso, a hindú- habrá que decirle que “Dhoom” es otra popular saga de acción muy al estilo de esta. La diferencia de “Race” frente a la auspiciada por la Dinastía Chopra es que en aquella en cada parte el “héroe” que se contrapone a la pareja Abhishek Bachchan-Uday Chopra que repiten en cada entrega, es interpretado por un reputado actor. En la primera fue mi ojito derecho John Abraham; en la segunda, mi no menos apreciado Hrithik Roshan, y en la tercera el todopoderoso Aamir Khan. Para su cuarta parte se hablado de Shahrukh Khan o Askhay Kumar, pero no de Salman. ¿Cómo un tipo que se sitúa a la altura de los anteriores sino más alto que los dos primeros, nunca aparece en la pomada para protagonizar una nueva entrega?

Pues Salman puso remedio y fin a los rumores mal intencionados que alegaban ser tan mal actor como para poder protagonizar una de las partes de “Dhoom”, haciendo suya esta “Race”. Dicho esto, cerramos la ‘crónica rosa’ y nos metemos con el film en sí.

Lo primero que hay que decir es que, aparte de continuar por la senda de sus partes anteriores, “Race 3” permanece también por la vereda no menos transitada del género en el país. ¿Qué digo en el país…? ¡En el continente!

Su estructura no es muy moderna ya que sigue esa máxima de arrancar con un inicio explosivo para amagar la acción hasta la segunda parte. ¿A qué os suena a la época dorada de Hong Kong? Pues eso. Encima, por si faltase poco, ese “gancho” actioner no puede ser más ex-colonia británica. Me explico.

Tras el prólogo de presentación del personaje de Anil Kapoor, se nos da paso a unos estupendos diez minutos de tiroteos al más puro estilo John Woo. Olvidaros de los típicos ‘puñetazos al aire’ de la India o del uso indiscriminado del cable para proyectar a los enemigos de los héroes cuando les propinan un golpe; aquí hay tanta acción pirotécnica con todos los personajes disparando con dos pistolas en las manos que ya quisieran Tony Leung y Chow Yun-Fat en su época. Algún desvarío en forma de exageración más al estilo local, pero no faltan ni los impecables trajes de corbata al estilo noventero. La verdad que un disfrute para el amante de la acción de aquella época.

A partir de ahí la acción desaparecerá dejando paso al enjambre de mentiras y traiciones características de la saga salpimentadas por un par de números musicales. Es en la segunda parte donde se recupera la acción.

Pero que nadie se espere un argumento rebuscado que encierre argucias inteligentes: por mucho giro y retuerto que se encuentre el camino el espectador, el objetivo del film únicamente es divertir por lo que solamente se toman en serio el ofrecer un mejor espectáculo, nada de pretender ser unos genios estructurando estrategias, conspiraciones y subterfugios como otras sagas en occidente al estilo “Misión Imposible”. El “nada es lo que parece” es en realidad un “porque yo lo digo” en toda regla así es que si no estás de acuerdo con las patrañ… perdón, excusas y resoluciones para solventar algunos de esos giros argumentales difíciles de asumir, mejor pasar página y acudir a otra producción y hasta diría que origen.

Es cuestión de puntos de vista y de gustos. Además, morder más allá de lo que te permite la mandíbula la mayoría de las veces tiene un mal final y Bollywood aprendió a fuerza de golpes que por mucha ambición que se tenga no se debe desviar la atención de tu meta.

Porque acción como se ha visto –y volveré a incidir un poco más abajo- nos la da. Lujo, el que quieras: todo el parque automovilístico de Abu Dabhi parece haber sido puesto a disposición de la producción con todo lo que conlleva ello de deportivos únicos y singulares. Las residencias, suites y dependencias por donde trascurre la acción tampoco tiene desperdicio respondiendo a la opulencia que corresponde a los Emiratos Árabes Unidos.

Y todo esto no resultaría tan visualmente atractivo si no estuviese acompañado de una cuidada fotografía que como siempre en la India es excepcional. Parece que los prejuicios a más de uno le provoca una amnesia que hace olvidar que en algunos apartados técnicos y artísticos la India es ejemplar. Solo hay que ver esos ‘artesanos’ coloristas digitales que realzan tonos para ofrecer una policromía aún más rica. Eso, y a cambiar la bandera de Tailandia y hacerla pasar por la de Camboya donde dicen que se sitúa parte de la acción. Total, cuentan que también están en Beijing e igualmente es Bangkok… ¿Qué más da?

Al menos en ese ‘desasosiego’, el humor burdo se ha eliminado siendo sustituido por bravuconadas propias de Khan, que por otro lado no son malas. Especial atención a ese diálogo final con el que se concluye la película dejando claro lo poco en serio que se toman la misma: elucubrando si habrá nueva secuela y… quién la protagonizaría.

Por nuestra parte, nosotros antes de acabar, pasaremos otra vez a la acción. En la segunda parte como decía nos encontraremos más dosis de esta, pero tampoco mucha, todo sea dicho de paso. Una larga persecución con Salman en moto, una pelea de gatas y el tiroteo final. Sobre lo primero, decir que bajo mi punto de vista le falta velocidad. Por mucha trepidencia –toma palabro- que intenten hacernos creer, hay más fuegos de artificio, explosiones que sensación de peligro real. Hay casetas que explotan porque sí, y todos “vuelan” a la mínima, pero no hay sensación de peligro ninguna.

La mal calificada como “pelea de gatas” resulta más espectacular. Mucha acrobacia y poca contundencia, pero dentro de lo previsible, es refrescante. Ver a Jacqueline ensuciándose las manos, lo mejor. La chica perfecta.

El último tiroteo podría encontrarse al nivel del de la presentación, pero los condicionantes y no sé si la falta de presupuesto, les cortaron las alas. Cumplidor sin más, un ‘bien’ de nota general a este apartado.

Para acabar como siempre, la ‘Sección de Coros y Danzas’. “Race 3” nos ofrece cinco números musicales, dos antes del obligado “Intermission” y los restantes tras este. Dos son de carácter romántico, protagonizados por las dos parejas que da la película ofreciendo la típica puesta en escena de estos números con muchas telas al viento y escenarios casi desérticos.

Las movidas por el contrario pecan de lo mismo: de compartir escenario. Todas se desarrollan en discotecas. Teniendo a Remo D’Souza, reputado coreógrafo antes que cineasta, no entiendo este conformismo. Vale que las coreografías no puedan ser muy exigentes teniendo al, a pesar de todo, voluntarioso Khan, pero repetir esquemas es un poco… significativo. Decepcionante, la verdad. Encima que el mejor tema sea “Selfish”, uno de los de carácter romántico, ya está diciendo a las claras que en esta ocasión D’Souza estaba más centrado en la realización que en el apartado musical.

Resumiendo, “Race 3” es un film espectacular dirigido para pasar el rato. Teniendo un reparto de lo mejor que te puedes encontrar actualmente en Bollywood –cuatro de los cabezas de cartel han protagonizado por sí solos otros films-, acción bien dosificada y lujo desbordante, ofrece lo que se espera. Le falta un punto de ambición para alcanzar a “Dhoom” pero como sucedáneo hasta la llegada de la nueva entrega de esta, cumple.

Sanjana y Suraj son los hijos de Shamsher, un poderoso fabricante/traficante de armas. Junto a estos, su primo Sikander y el guardaespaldas del patriarca, Yash. Juntos forman una familia aparentemente inquebrantable que hacen frente a todo tipo de amenaza, sea cual sea esta. Un día Yash les descubrirá a estos que está enamorado de Jessica, lo que no saben los demás es que esta fue el amor platónico de Sikander…

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