THE GREAT BATTLE – Kim Kwang-Sik-I – Corea del Sur – 2018 – Aventuras épicas

Thegreatbattle

Hace pocos días escribiendo la reseña de la estupenda “Padmaavat” decía que como película épica era tremendamente emocionante pero que le faltaba acción. Ahora me toca el turno de esta “The great battle” y tengo que decir justo lo contrario: que como película épica tiene acción por un tubo pero desgraciadamente le falta emoción. Bueno, la verdad es que le falta emoción, imaginación y hasta sentido común.

Quizás es que me estoy haciendo mayor y ya no me basta con una hora y media de peleas, batallas y sangrías por doquier. O quizás es que me he vuelto muy exquisito, quién sabe, la cuestión es que empezando por el final, por las conclusiones, esta “The great battle” me ha parecido un entretenimiento muy digno pero poco más.

Para empezar su guión dejando de lado que más simple no puede ser, el asedio de una plaza fortificada por parte de los malvados chinos, peca de una previsibilidad espasmosa. Sin destripar nada porque ocurre al principio y es taaaan evidente que no descubro nada importante, cuando al protagonista le asignan como misión asesinar al Comandante de la fortaleza de Asin ya sabemos que esto no va a ocurrir. Alguno me dirá que es normal porque de acometer su objetivo no tendríamos película; pues bien, yo le diré que sí, que tiene razón pero que más allá de esa puntualización hay muchos otros términos que de lejos se saben cómo acabarán. Por ejemplo, acompañar de música sensible en las pausas entre batallas a determinados personajes, conociendo la idiosincrasia surcoreana, ya nos lleva a pensar que los mismos van a tener un final trágico.

¡Es tan evidente que cuando sucede en lugar de pena sentimos indignación! Y no tanto por la previsibilidad sino porque no dan tiempo siquiera a fomentar el cariño por esos personajes. Se creen que por unas notas tristes de música o un segundo de atención de la cámara ya se forja una conexión entre estos y el respetable. Pues no.

Y si emoción no hay y sorpresa tampoco, como decía al principio, sentido común ni existe. El consabido ‘todo vale’ vuelve a convertirnos en los tontos de turno para vendernos la idea del guionista más ridículamente ingenioso. Dejando de lado que obvian por completo lo que es un asedio y los problemas de comunicación, logística… ¡alimentación! de los sitiados –magníficos ejemplos podemos encontrar en otras producciones sin mucho buscar- se nos ponen a erigir una montaña/montículo/montón de mierda sin tenernos al tanto del tiempo de construcción para que no nos echemos unas risas. Y lo mismo para los pseudo-túneles que construyen nuestros héroes para contrarrestar el ingenio (ingenuo…) enemigo. Claro, es que luego para resolver el problema basta con cortar unos pilaritos de ná y ‘sanseacabó’. Lo mismo se puede decir de esas torres con puentes levadizos surgidas de la nada, milagros de la ingeniería china… Todo está rodeado de una nebulosa tan confusa y estúpida a sabiendas de la atrocidad que están cometiendo que nos les importa evidenciar que están haciendo el ridículo. Al menos son honestos.

¿Y qué más da cuando lo que importa es ofrecer espectáculo y batalla? Pues sí, desde esa perspectiva, “The great battle” es un buen producto. De las dos horas y pico de duración, hora y media, como decía al principio, está centrada en ofrecer confrontaciones sin tregua.

Para ello se ha recurrido a un buen número de extras, esos miles, millones por momentos que aparecen obra y gracia de la industria digital, todos bien uniformados y motivados para mostrar contundencia.

Quizás le falte más sangría aunque se hace mucho hincapié en la que hay y quizás eso denote el miedo a no asustar a un público timorato con la violencia como el surcoreano. Y es que conviene recordar que el film va dirigido a las grandes masas.

Las coreografías sin ser grandiosas resultan vibrantes sobre todo las protagonizadas por nuestro héroe con el arco en la mano ya que entra el factor digital con la cámara siguiendo la trayectoria de las flechas y el comandante dando saltos al más puro estilo Légolas.

Volviendo a unos párrafos arriba, algunas infografías ‘cantan’ un poco en las grandes masas como esa caballería al galope con los caballos moviéndose más al estilo balancín que como al animal noble ‘carne de cañón’ en este tipo de producciones. También en las escenas aéreas sobre todo en la fase final del ‘ínclito’ montículo parece que estamos viendo la secuela de “La gran muralla” de Zhang Yimou, pero en líneas generales el apartado técnico como el artístico es solvente como en todas las producciones de esta procedencia.

Algo por el estilo se puede decir de su reparto, cumplidor y con encanto, pero poco más. De todas formas no hay muchas exigencias en este tipo de producciones y más aquí que no hay tiempo para crear situaciones que requiriesen de un mayor esfuerzo interpretativo. De hecho, a la hora de buscar emociones es la Banda Sonora la que pone más empeño y la que logra, bajo mi punto de vista, un notable.

Resumiendo, si buscas una película para pasar el rato viendo batallas sin importar el qué ni el cómo, “The great battle” se ajusta a lo que buscas, pero si lo que quieres es una buena película épica tienes otras muchas opciones incluso dentro de la propia Corea.

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RV: RESURRECTED VICTIMS – Kwak Gyeong-Taek – Corea del Sur – 2018 – Thriller fantástico

RV

De casta le viene al galgo”. Soy de los que piensan que los refranes, al igual que los proverbios, vengan de donde vengan, a tenor de los nuevos tiempos han perdido gran parte de esa carga que hacían que muchos se valiesen de ellos amparándose en la sabiduría tradicional, pero en esta ocasión me viene que ni pintado para dar comienzo el análisis de esta película.

La cuestión es que la premisa de esta “RV: Resurrected victims” es una de las mejores que he podido ver en años. Os la voy a resumir y me diréis si no os lo parece.

Las personas que fallecieron en circunstancias violentas y cuyos casos no han podido ser resueltos vuelven a la vida en las mismas condiciones antes de morir. Nada más “despertarse” acuden a las personas causantes de su muerte para vengarse. Tras ello, vuelven a desaparecer tras una combustión instantánea. Por si faltase algo, justo antes de lograr su objetivo e indiferentemente de su origen, dicen “Ranekama”, “Por venganza” en hebreo antiguo por lo que la iglesia católica es la encargada de investigar estos casos de supuesta resurrección.

¿A qué sí, a qué suena interesante? No en vano adapta una novela del local Park Ka-Ik y esto se deja notar.

La cuestión, el porqué del inicio de la reseña, es que en Occidente esta premisa daría para una película de terror, pero como Corea del Sur es como es, para lo bueno y lo malo, nos encontramos con un thriller. Y es que el que más y el que menos, ya sabe que esta nación y por extensión, cinematografía, ha hecho del thriller casi una religión. Y no lo digo porque haya que tenerle fe sino porque obra milagros de la nada.

Este no es el caso, tenemos una buena base y otros elementos que, adelantando conclusiones, conforman un peliculón. Así es que vayamos con ellos.

Si bien esa sinopsis dada a vuelapluma nos hace pensar en misticismo y horrores bíblicos, aquí como decía líneas arriba todo gira en torno al suspense, persecuciones y drama; vamos, las tónicas del género.

Sin embargo lo que eleva el nivel de la producción más allá de ese ‘más de los mismo’ al que parezco referirme con mis palabras son un par de elementos.

Para empezar, ese misterio que encierra la película y que produce que nos enganche. El caso que centra la trama dentro del relativamente escaso número de resucitados es el de una madre que al volver atenta contra su propio hijo, hijo al que adoraba en vida. Por si faltase poco, este es fiscal y que todo apunte a que, al volverse contra él su progenitora, sea el culpable de su muerte, abre tanto una grieta en el sistema como dos investigaciones, la que lleva el propio protagonista para limpiar su nombre y encontrar al verdadero asesino de su madre como otra paralela apartado como está, obviamente del caso.

El segundo y no menos importante aunque por ‘cuota de pantalla’ menor en cuanto a presencia es el que marca el drama personal de los protagonistas. Todos tenemos madre. Algunos no han podido conocerla, otros ya desgraciadamente la han perdido y los que más, aún tenemos la suerte de conservarla. La mayoría, sea el caso que sea, sabemos el rol que juega/ha jugado en nuestra vida y el hueco que deja o puede dejar. Aquí nos encontramos para mayor pesar con una madre que ha cuidado sola a sus hijos y una unión inquebrantable entre los miembros de la familia. Pues con este contexto, imaginaros que os acusan de matar a vuestra madre. Terrible.

Pues si sumamos al dolor en cierta forma la culpabilidad del protagonista conociendo las circunstancias que rodean a los resucitados, tenemos un bagaje dramático creíble tanto por ese resentimiento como por la justificación de algunas de las reacciones de este.

Sin embargo esto no podría funcionar tan bien como lo hace sino fuese por la implicación de su estrella protagonista, Kim Rae-Won. Atrás queda aquel jovenzuelo, típico guaperas, protagonista de Kdramas. Rae-Won, a pesar de todavía sus rasgos añiñados, es ya un adulto y no solo por edad -roza los cuarenta ya- sino por interpretación. No digo que sus trabajos anteriores fueran malos, es más, siempre ha sido cumplidor, sino que, poco a poco, se está convirtiendo en alternativa a las ‘vacas sagradas’ del país. Rae-Won, sin grandes manifestaciones emocionales, transmite lo que la película requiere hasta tal punto que nos llega a conmover. Tengo que confesar que su desenlace me hizo saltar alguna lagrimita.

En ello también influye tanto la dirección del veterano Kwak Gyeong-Taek, realizador de clásicos ya modernos como “Friend” y otras producciones  recomendables como “Typhoon: amenaza pirata”, “Champion”, “Eye for an eye”, “A love” y sobre todo “Pained”, como su Banda Sonora. Mira que he buscado quién es su compositor y no he podido encontrar nada. Entre violines, notas de piano, órgano clásico y efectos electrónicos nos da como resultante una suerte de composiciones entre Hans Zimmer y el Mike Oldfield más actual, la partitura de la película es una de las más bonitas que he podido oír en una película este año. Sensible pero potente en sonidos, no nos extraña que Gyeong-Taek dé protagonista a la música en las mejores escenas del film, sobre todo en la parte final.

Y ya que estamos con esta, no se puede desvelar mucho para no restarle suspense, pero su resolución sorprende. Se le puede criticar la manipulación de ocultar datos –¿en qué película del subgénero se permiten ser honestos?- pero… ¿criticar la carga religiosa en la moraleja del film? De lo que ‘habla’ –ya digo que no puedo concretar más ya que destrozaría el misterio- está presente en casi todas las religiones, además de ser una práctica sana para el espíritu. A mí particularmente me caló como he dicho, y mira que soy “duro” para estos mensajes adoctrinadores, como he llegado a leer por ahí.

Por último añadir que la fotografía a cargo de Kim Sung-Hwan resulta competente, aprovechando las abundantes escenas de lluvia que nos regala el film, entorno que siempre resulta estimulante para  este tipo de producciones, y más de este origen, casi una marca de fábrica de su cinematografía.

Para cerrar decir que hasta su metraje es también plausible: hora y media. Directa y al grano, tanto a la mente como al corazón.

Resumiendo, excepcional thriller fantástico que navega entre varias aguas para conformar un producto redondo que engancha y transmite. Claro candidato para remake occidental. Uno de los mejores films que nos llegan este 2018 para un servidor.

Seo Jin-Hong es un fiscal implacable. Su carácter se endureció aún más cuando no pudo encontrar al asesino de su madre siete años atrás. Para su sorpresa, esta volverá de la tumba como una de las denominadas “Víctimas resucitadas”, personas que sin saber cómo vuelven a la vida dispuestas a vengarse de quién las asesinó. Lo peor, es que su propia madre atentará contra él, haciendo que recaigan sobre su persona las sospechas de todo el mundo.

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V.I.P. – Park Hoon-Jung – Corea del Sur – 2017 – Thriller

VIP

Como vivo un momento delicado –algunos lo llaman ‘Crisis de los cuarenta’- la verdad es que por un lado ya me da lo mismo todo y por otro, no me da. Me da lo mismo todo porque estoy harto de las tonterías, harto del quedar bien, harto de que a uno lo tomen por tonto y harto de que la vida pase sin menos alegrías de las que merecemos.

Sin embargo, ese hartazgo te lleva a ver las cosas de otra manera, de saber quién está ahí, quién te aprecia y en quién puedes confiar. Me hacen gracia ahora los niñatos que intentan explicarnos lo qué está bien o lo que está mal cuando de la vida solo la conocen de oídas y encima filtradas por un tamiz deformado a su antojo.

Llevo desde 1998 escribiendo reseñas de cine asiático y si mis cuentas no me fallan ya habré superado las 3000 reseñas. Está claro que la mayoría son ladrillos intragables, con desaciertos y afirmaciones desafortunadas, pero eran meramente un medio de expresión, ninguna lección a terceros con intenciones de adoctrinar. Era mi forma de comunicarme y dar a conocer un mundo que gracias a las nuevas tecnologías ahora cualquiera tiene a su alcance pero que parecía inaccesible hace tan solo quince años.

Quizás ahora la pasión haya pasado dejando paso simplemente a las ganas de dejarse llevar, olvidar lo que se ha quedado por el camino. Escribir tampoco es ya esa devoción de ponerse delante de un folio en blanco a hablar sobre algo casi místico por aquella época, dar el justo reconocimiento a algo que merecía la pena, que tenía que ser descubierto. Quizás en parte porque ya no valga la pena… ¿O sí?

De nada me sirve ahora explicar que los surcoreanos son los reyes del thriller policiaco porque es redundar sobre un tema sabido ya. Menos aún hablar sobre la obsesión que tienen sobre Corea del norte… Total, si nosotros españolitos no hemos podido quitarnos la losa –nunca mejor dicho en unos días en los que se habla de desenterrar a cierto dictador…- de la Guerra Civil… ¿Qué no podrán ellos teniéndolos tan solo a unos metros de distancia?

La cuestión es que ‘enmerdado’ como estoy, me cuesta llevar a adelante una reseña que gira en torno a tantos tópicos en la cinematografía y sociedad coreana sin caer en el tedio y darme asco a mí mismo, así es que intentaré ser expeditivo.

El argumento de “V.I.P.” no puede ser más simple: un asesino en serie es el deseo de la policía, del servicio de inteligencia y de una venganza. A partir de ahí sazonamos con esos tópicos que mencionaba.

Para empezar, nuestro oficial de policía es el clásico agente rebelde que pocas veces cumple las normas y al que todo el mundo tiene respeto, aquí llevado al límite de incluso el miedo debido a un carácter irascible.

El agente del Servicio Secreto, por el contrario, es el típico funcionario, disciplinado y cerebral.

El joven asesino, por su parte, parece haberse inspirado en su compatriota y colega de profesión Shin Ha-Kyun (“Salvar el planeta tierra”, “El gran golpe”, “Sympathy for Lady vengeance”, etc.) con el que guarda por cierto hasta un cierto parecido, esbozando en todo momento una macabra sonrisa por muy sádicos que sean sus actos, haciéndolos más cruentos si cabe. Y es que el antagonista de la historia es un cruel sicópata que disfruta con el dolor ajeno, siendo las inocentes jovencitas su presa favorita.

Y por último, un policía militar norcoreano que busca venganza desde que… entre otras, nuestro asesino desertó al sur.

Para aderezar todo el conjunto tenemos otro factor habitual en el país como son las luchas de poder. Por un lado, el policía y el agente del servicio secreto se ven sometido a la tiranía de la cadena de mando. Y por otro, el exponente político representado por el tira y afloja entre el servicio secreto local a merced, según nos lo pintan, del americano.

Pues bien, a pesar de que parezca “lo mismo de siempre” y que esa peligrosamente aburrida a priori componente jerárquica-institucional esté ahí presente, “V.I.P.” es un gran entretenimiento.

Las claves, un par. La primera, que nuestro iracundo policía está interpretado por Kim Myung-Min, un actor todo-terreno en quizás su papel más exaltado. Aunque dramas y thrillers ha tocado bastantes, es un reconocido comediante, y verlo tan excesivamente sobrio, resulta refrescante. Claro, esto a quién lo conozca poco o nada, no le va a resultar un atractivo extra, pero ya sabemos que parte del éxito de las producciones surcoreanas radica en su… ¿interiorización?

La segunda, las sorpresas. No voy a desvelar nada, pero a pesar de que como digo el guión no es muy elaborado, no resulta previsible. Y cuando lo hace, sobre todo en el personaje interpretado por el internacional Jang Dong-Gun –repito que no descubro nada, solo hay que ver el arranque- es cuando resulta necesario. Los mejores minutos de la película coinciden con la acción protagonizada por este. Da gusto verlo. Y ya no tanto por la contundencia sino por dejar atrás toda esa mojigatería en la que vivimos. Personalizándolo en su persona, ya en su momento muchos dijimos que era un buen heredero de Chow Yun-Fat; aquí lo ratifica. ¡Qué atracción ejerce sobre la cámara y cuánto estilo con una pistola en las manos!

¿Lo peor? Que se me queda corta la participación de Park Hee-Soon cuando su personaje daba para mucho más como ese oficial norteño con la venganza como meta y fatalidad como destino, la nula presencia femenina y que parece que la industria tabacalera del país ha producido la película. Cada cual hace con su cuerpo lo que quiera, siempre que no moleste a otro, claro, pero aquí parece que es indispensable fumar para parecer más duro o cool. El personaje interpretado por Kim Myung-Min no hay escena en la que no lleve un pitillo en los labios.

Resumiendo, “V.I.P.” es un ‘más de lo mismo’, pero un ‘más de lo mismo’ bueno, sabe qué dar y hasta cuándo. Aprovecha defectos para convertirlos en virtudes y enmascara tópicos gracias al ritmo y carisma de sus protagonistas. Un thriller que sin llegar a ser “de acción” resulta intenso.

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GONJIAM: HAUNTED ASYLUM – Jeom Beom-Sik – Corea del Sur – 2017 – Terror

Gonjiam

Más allá de la crueldad a la que están sometidas las modas a merced de la temporalidad, dictando que prenda, estilo, objeto, canción, persona, etc. queda trasnochada, tenemos el verdadero drama del abandono. Cuando, sea lo que sea, queda ‘pasado de moda’ raro es que te encuentres con uno. Queda maldito, como si atrajese la mala suerte. En este caso su condena no es el infierno sino algo peor: el olvido.

Algo parecido pasó con el “found footage”. Hace tres o cuatro años, era la reina indiscutible del género y ahora… hasta sorprende encontrarse con una producción como esta “Gonjiam: Haunted Asylum”.

La verdad es que ya se ha hablado tanto sobre el “found footage” que extenderse ahora es más bien hacerle un flaco favor con tal de no aburrir al personal obligándole a leer alegatos repetidos cientos de veces en otros títulos, así es que vayamos al grano.

Dentro del “found footage” lo de visitar un Sanatorio o similar, es decir, establecimiento hospitalario, es casi un sub-género a su vez. Tenemos “Obras maestras” –al menos para mí- como “Grave encounters” a la que muchos han relacionado con esta diciendo que es una versión, pero más allá de la similitud de entorno y, adelantando conclusiones, sensaciones, no hay mucho más.

Lo primero que hay que decir es que como en todo este tipo de producciones tenemos una primera parte donde se presentan a los personajes. Normalmente cada uno es de su ‘padre y de su madre’, es decir, cubren un registro con el que buscar la identificación en el espectador y bla, bla, bla, terminando por eso mismo, perderse en diálogos insulsos y tirando a la basura gran parte del metraje. Nos hemos encontrado con bodrios que enredaban tanto que solo dejaban para los últimos diez minutos lo único potable de la película como es el terror.

Por suerte, aquí no pierden el tiempo en presentaciones y a los veinte minutos ya tendremos metidos en harina a los protagonistas, algo que se agradece de sobremanera. Es cierto que quitando algún personaje –Charlotte, el jefe del cotarro o el cobardica- pueden parecerles planos a más de uno, pero hay que recordar que esto es una película de terror y no una película de ‘arte y ensayo’. Mejor ir al grano, como decía con estas propias líneas.

Superados esos minutos, la acción se desarrolla en un bien dosificado ‘in crescendo’; no hay muchos sustos pero la atmosfera está bien lograda provocando que la inmersión sea total, haciéndote participe de las vivencias de los personajes como un miembro del equipo más. Lo de testigo, para las malas películas.

La mejor parte se reserva para los veinte minutos finales donde se desata la pesadilla. Tras haber estado en ‘barbecho’ los minutos anteriores, cualquier sonido, movimiento o gesto te harán saltar del asiento y poco importa que las influencias nos recuerden demasiado a determinados videojuegos.

Y es que la clave del film no son los efectos especiales, casi inexistentes, ni como decía un elevado número de sustos. La tensión acumulada, el malestar de los protagonistas y el no aspirar más allá de lo que se pretende, importante en estos casos, obran el milagro de hacernos olvidar los parecidos razonables.

Podría añadir también en sus puntos fuertes hasta las excelentes interpretaciones de unos actores no del todo desconocidos en el país alejándose de la apariencia amateur en estos casos, pero si iconos en el género como “La maldición de la bruja de Blair” provocó no pocas risas en las plateas por determinados planos de los intérpretes, aquí donde se multiplican estas imágenes, pueden ser motivo de jolgorio de ese tipo de espectadores que acuden a ver películas del género para reírse de las muecas y mohines de unos y otros. No quiero pensar que estragos causaría esta película en certámenes como el de Sitges o Donosti tan dados a la burla amparados en el borreguismo colectivo.

¡Pero si hay hasta momentos donde hay Banda Sonora, algo inaudito –nunca mejor dicho- en este tipo de films!

Ah, y no marea. Dato importante teniendo en cuenta el formato del film…

Resumiendo, Corea del Sur sigue demostrando que es capaz de resucitar a los muertos. Si cuando las películas de zombis parecían denostadas apareció la increíble “Train to Busan”, ahora con esta “Gonjiam: Haunted Asylum” nos vuelven a sorprender con un subgénero como el “found footage” que parecía condenado al olvido, rompiendo esa por otra parte máxima del género en el país, poco hasta el momento, efectivo.

El sanatorio para enfermos mentales de Gonjiam es un lugar siniestro donde cientos de personas aseguran haber vivido experiencias sobrenaturales aterradoras. De hecho, entrar en la inaccesible habitación 402 se ha convertido en la meta de todos los amantes de lo paranormal. Ahora, un grupo reunido alrededor de un programa que emite en línea, pretende lo que otros no han conseguido: grabar imágenes del interior de la temida estancia.

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MEMOIR OF A MURDERER – Won Shin Yun – Corea del Sur – 2017 – Thriller

Memoir

No todo vale, señores, no todo vale. Dejen ya de tomar por tonto al personal y de aprovecharse de la indulgencia del respetable.

Ya sabemos que a todos nos gustan los thrillers surcoreanos y que son unos maestros en este género, pero no por ello hay que abrigarse bajo la capa de réditos y tirar para adelante cual burro adiestrado a fuerza de costumbre sin mirar a tu alrededor.

Porque sí, porque “Memoir of a murderer” es una buena película por varios aspectos, pero de ahí a ser una obra ejemplar, va mucho trecho.

Mi principal alegato en su contra es que no se puede hacer creer al espectador aspectos que no son ciertos ni hacer de circunstancias necesarias para el desarrollo de la historia, simples anécdotas para colársela al personal. Vamos, que ni el Alzheimer es así ni guardar un diario en una grabadora de los noventa y luego buscar lo que te interesa, es algo sofisticado y fácil como nos lo hacen creer. ¡Qué esto es un thriller, no una película de Ciencia-Ficción! Que por ejemplo un enfermo de Alzheimer que olvida lo acontecido en toda una semana, no puede ir conduciendo su coche como si nada…

Ahhh… que es una licencia argumental… Una trampa, un insulto para la inteligencia del espectador.

Luego podemos pasar por alto esta cuestión -con una pértiga, claro-, pero al hacerlo tienes que ser consciente de que la nota corre contraria suerte, es decir, baja distanciándose de ese sobresaliente que se había vendido. La cuestión es si llegará al notable. Y es que son tantas preguntas que provoca esta película…

Por ejemplo: ¿Modela una película al actor protagonista o es este el que modela a la película?

Está claro que para que el protagonista resulte verosímil en esta ocasión necesitas a un intérprete de primera fila, alguien que no te falle cuando, como hemos visto, no haya por dónde creerse el guión. Sol Kyung-Gu es uno de los mejores actores de la península –de toda Asia me atrevería a decir- no solo por su trayectoria sino por su dominio de distintos géneros. Aquí mismo lo vemos saltar del drama a la comedia en segundos resultando igual de eficaz: sobrio, oscuro cuando se necesita y riendo hasta la lágrima si el libreto se lo demanda. Otra cuestión es que la cámara se deleite en ello viéndose el plumero otra vez a su director Won Shin-Yun, autor a su vez de la historia.

Todos coincidiremos que es gratificante encontrarse con una interpretación así, yo mismo disfruto con ella e incluso uno se permite tontear sacando ‘parecidos razonables’ con Takeshi Kitano, pero más que nunca parece que has forjado tu película alrededor de ella; servir al actor y no al revés.

Pero no hemos acabado todavía. Siguiendo la línea con la que había comenzado, la manipulación se amplía más allá de las herramientas con la forma de contar la historia; y es que buscando esa sorpresa, el film comienza a dar bandazos para despistar al espectador. El problema, como en otras muchas ocasiones, es cuando llegado el momento clave, sabes que aún queda una hora de película con lo que eres consciente de que hay ‘algo’ más. Vamos, que no hace falta ser un Sherlock Holmes para averiguar que no te están contando toda la verdad. Y ya no tanto ‘toda’ como la ‘única’, y claro… otra vez pasar por tonto… Y ya no hablo de las casualidades porque si no…

No obstante, creo que a pesar de todo es una buena película porque tiene elementos, además de la interpretación del protagonista, como esos golpes de humor que permiten que el film no sea tan plano –genial el entrenamiento del ‘héroe’- o que posea un buen ritmo, herencia sin duda de los antecedentes de su realizador como en la indispensable “The suspect”, pero no deja de ser un thriller más dentro de la, por otra parte, estupenda media general del género en el país.

Sin ir más lejos, a grandes rasgos el film no deja de ser uno de esos “duelos” al sol entre antagonistas tan populares que hasta el propio Sol Kyung-Gu elevó al nivel de palomitero con los consiguientes éxitos en taquilla de la saga “Public Enemy”.

Para terminar, una puntilla salida de mi mente también afectada por otro mal: la estupidez. ¿Soy yo o el estrafalario peinado del protagonista es una llamada de atención al igual que lo fue en su momento el de Cho Min-Sik en “Old Boy”?

Resumiendo, entretenido thriller que depende demasiado de la indulgencia y complicidad del espectador para dejarse manipular. Eso sí, la interpretación de Sol Kyung-Gu, eleva el conjunto más allá de la corrección.

Kim Byeong-Son sufre de Alzheimer, enfermedad agravada por un accidente que tuvo diecisiete años atrás. Lo curioso es que gracias a ello, dejó de asesinar, ya que desde su juventud no dejó de matar a aquellos que él encontraba culpables de diferentes crímenes. Un día tendrá un accidente topándose con un joven que lleva un cadáver en el maletero de su coche. Pronto descubrirá que se trata de un asesino en serie que se mueve por la zona. Para su desgracia, este conocerá a su hija, utilizándola para sus planes…

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THE MIMIC -Huh Jung – Corea del Sur – 2017 – Terror/Drama

The Mimic

Una cueva maldita, desapariciones, una leyenda local y un pueblo remoto rodeado de un siniestro bosque. Todos los ingredientes para hacer una película de terror sobresaliente. Sin embargo, adelantando conclusiones, todo se queda en agua de borrajas, ya no por su origen sino por los defectos que afectan al género a nivel mundial. Explico mis palabras.

Sobre lo del origen, más que una apreciación mía, es ya algo de dominio público: el terror en Corea, la mayoría de los casos, dista mucho de lo que uno espera en estas producciones. Desde que allá por el noventa se internalizase su filmografía y como primer título del género como fue “Tell me something” cruzase fronteras –aún me acuerdo cuando compré una copia pirata de la misma en paradójicamente Beijing junto a otra de “Shiri”… -, no tardamos en darnos cuenta que el cine ‘de miedo’ en aquel país no eran más que thrillers policiacos siniestros y, como mucho, algo impregnados de sangre. Los años fueron pasando pero las sensaciones y circunstancias seguían siendo las mismas: algún susto, estrenos principalmente dirigidos para adolescentes, en fechas veraniegas (algo curioso de verdad) y a merced, como decía, de las modas imperantes sobre todo en occidente. Hay excepciones, claro está, pero…

Dejado más o menos claro lo que mencionaba sobre su ‘origen’ vayamos con la segunda parte.

Lo de la ‘madre coraje’ en el género más que un tópico es un ingrediente habitual. Nada que criticar. Otra cosa es el enfoque. Y mira por dónde, en España somos expertos en este tema con una figura destacada: Belén Rueda.

Pues empezamos por el final: mi resumen de “The mimic” es que es una película de Belén Rueda pero en Corea del Sur.

Con esto ya está dicho todo; pero tampoco seré así de expeditivo y/o cafre más que nada porque ni quiere decir que esto sea algo malo ni, para una vez que me siento a escribir ‘cuatro’ líneas…

El argumento nos trae a una familia que se traslada al pueblo natal del marido de la protagonista para ver si llevándola al sitio donde se crió recupera algo de su maltrecha memoria a causa del Alzheimer. Claro. Ya. Todo tiene un motivo, pero… La cuestión es que en aquella población hay una cueva abandonada, cerrada al público, al costado donde estos se trasladan en el que hallarán, oh sorpresa, un cadáver y una niña perdida. Por si las circunstancias no fueran ya excepcionales, el contexto nos dice que el benjamín de la familia desapareció sin dejar rastro dejando a una madre al borde de la locura.

Con estos antecedentes y sin querer desvelar nada, se podría decir que estamos ante un thriller sicológico más que ante un film de terror. Pues ni eso. En todo caso, un drama de terror, uno de esos que desde Asia nos llegaron con el nuevo milenio y de Hong Kong donde primaba más el dolor de los personajes que las sensaciones. Y con ello no digo que la tragedia no sea una sensación, solo que para aquel que se acerque a uno de estas producciones, puede saberle a poco o a… rancio.

En todo caso hay que decir que el film no comienza nada mal, lo que por otro lado tampoco le hace un favor. Y es que su arranque nos augura, salvando las muuuuuchas distancias, un “The ring” surcoreano cambiando un pozo por un agujero en una pared. De hecho, la primera media hora es bastante intensa, con algunos sustos que sin ser muy originales son efectivos sin llegar a tomar por tonto al espectador y vaticinando un resto de película esperanzador. El problema, como decía, siempre bajo mi punto de vista, es cuando desvía tanto la mirada que se pierde.

Y ya no es tanto el contenido dramático, personal, como el de esa leyenda que termina por resultar un tanto… excéntrica, por no ser grosero.

El que esté versado en la cultura y por ende, cinematografía local, ya sabrá la importancia del chamanismo y su implicación en la industria como acicate para historias fantásticas y de terror. Aquí se junta con el flocklore local y lo que de normal es una combinación infalible, aquí se convierte en algo demasiado abstracto con mezcla de conceptos vistos ya y hasta equívocos. La sensación es que querían repetir el éxito de la imprescindible “The wailling” y se queda en algo ridículo –mira que decía que no quería ser grosero…- y carente de sentido por mucho ‘género’ al que se apele.

Está claro que ante tal descenso de sensaciones –y hasta interés- nuestra atención no tiene otro remedio que centrarse en la interpretación de la protagonista, motor principal del film, ya que ni la música, elemento auxiliar aunque estrella en este tipo cine, merece un punto y aparte. Los –pocos- efectos especiales son resultones, pero como apuntaba, escasos y más como adorno.

Resumiendo, una oportunidad perdida. El típico ejemplo de película que se pierde por el camino por dejar la senda del terror buscando dramas de sobremesa.

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Critica (Opinión) de “Psychokinesis” lo último de Yeon Sang-ho (Train To Busan).

Ya queda poco para el 25 de abril fecha del estreno en la plataforma de Netflix de  Psychokinesis, la nueva película de Yeon Sang-ho, el director de Train to Busan. En esta ocasión el director cuya carrera comenzase en el mundo de la animación con films como Fake o King of pigs vuelve apostar por una película de imagen real que se aleja bastante de la seriedad y contundencia del film de Zombies. Y que por desgracia no ha tenido el éxito esperado en la taquilla surcoreana.

La nueva película de Sang-Ho es simplemente una comedia, si tiene sus elementos dramáticos pero los cuales no explota y en verdad eso me ha gustado mucho. Pues en el inicio daba la sensación de que estaría ante otra cinta surcoreana que nos dejaría con el alma en los suelos, pero no ha sido así. Psychokinesis como ya he comentado es una comedia, si es verdad que queda lejos de su anterior película pero que personalmente la he disfrutado mucho.

El director quien también ha escrito el guion esta vez rueda un film sin mas pretensiones que el de entretener y según mi opinión para liberarse del estrés acumulado en la que es su mayor éxito hasta el momento, Train To Busan. Sí, estoy de acuerdo que hay cosas en el guion que no se explican como el origen del meteorito caído y causante de los poderes o por que el padre abandono a su hija-

Pero sinceramente para mi Yeon Sang-ho lo ha querido hacer así para no convertir esta cinta en otra Busan, y además que a mí se me pasó ni lo pensé al estar divirtiéndome tanto, y ha preferido centrarse en la diversión y en el toque fantástico. Y como comento el amigo Tomás con ese momento El gran héroe americano ya me conquisto.

La película está protagonizada por un gran Ryu Seung-ryong (The Target) quien está acompañado por Shim Eun-kyung, Park Jung-min y Kim Min-jae. Entre otr@s muchos más. Psychokinesis nos cuenta como un hombre adquiere poderes psicocinéticos y, cuando su hija se vea involucrada en una situación inesperada, deberá usar sus poderes para rescatarla.

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