COOKING UP A STORM – Raymond Yip – 2017 – China/Hong Kong – Comedia

Cooking

Siempre me ha gustado el mundo de la cocina. De hecho si no hubiese sido lo que soy –a decir verdad, no sé lo que soy porque no ejerzo mi profesión…- me hubiese decantado por el mundo de la gastronomía. Pero en mi ‘época’ estudiar cocina –allá en las cavernas…- no era tan accesible como lo es ahora –de hecho mi hijo sí que está estudiando el oficio- y elegir esta profesión estaba penalizado por ciertos prejuicios de los que ahora me avergüenzo.

Pero dejando las batallitas personales aparte, en lo que estaremos todos de acuerdo es que la gastronomía está de moda. Solo hay que ver cómo en los distintos canales de televisión vemos mil y un programas dedicados a este tema, sea en forma didáctica con profesionales enseñando recetas por doquier, en forma de concurso con mil versiones y formatos o tradicionalmente, por medio de documentales.

El mundo cinematográfico o en forma de serial no se ha visto tan afectado. Al menos en occidente, claro, puesto que particularmente en Asia este mundo siempre se ha visto representado llegándonos incluso a dar títulos tan míticos ya como “God of cookery”.

Quizás es que pasa lo de siempre, que en occidente nos creemos el ombligo del mundo, especialmente en Europa donde el timo de las estrellas Michelin -¿nadie se da cuenta de que esto está promovido por una compañía privada y como tal, no está sujeto a la objetividad?- lo tiene todo sometido a su tiranía y pensamos que nuestra gastronomía es la mejor.

En parte también juega su papel la ignorancia ya que si a alguien poco versado en la cultura de extremo oriente le preguntan por la gastronomía japonesa no va a ir más allá del sushi sin ni siquiera diferenciar el mismo del sashimi. Algo por el estilo pasa con la comida china. Arroz tres delicias, pollo agridulce y como mucho, pato laqueado.

Pero a lo que vamos, “Cooking up a storm” como vehículo culinario nos va a ofrecer esa otra cara de la cocina china, pero que nadie se espere un film que gira sobre los fogones ya que habría que empezar diciendo que el film dirigido por Raymond Yip, otra de las claves del film, no es otra cosa que un “Lunar New Year Film”, es decir, una de esas comedias que tradicionalmente se estrenan para el ‘Nuevo Año Lunar’ chino y que comparte ciertas características; la primera, que son familiares. La segunda, que guarda un poso sentimental nostálgico.

Así, Yip, experto en este tipo de films, nos presenta una comedia en la que la cocina es la excusa y las relaciones padre-hijo-maestro-familia, las  verdaderas protagonistas. Pero por partes.

En lo que respecta a la cocina tenemos el típico esquema de estas producciones: rivalidad entre dos antagonistas, luego se ganan el respeto mutuo, unen fuerzas y se enfrentan al enemigo común. No destripo nada porque como he dicho, es lo de siempre.

Igualmente, no pueden faltar las competiciones culinarias para que los personajes demuestren sus habilidades. Aquí tenemos tres, pero lo que evidencia que lo importante en el film no son los fogones, es que por ejemplo la segunda competición se la pulen al momento dando de golpe al ganador. Concurren varios países pero ni hay puntuación, ni tercer, segundo o primer puesto. Ni emoción ni nada. Total, es evidente quien va a ganar porque sino no habría resto de película… Al menos se agradece la franqueza.

Por otra parte, ¿se presentan apetitosos los platos? Pues sí, el problema es que hay pocos. Yip recurre a las cámaras lentas, cámaras subjetivas, primeros planos… todo muy visual, casi videoclipero, pero se nota que no es lo que busca. Cumple pero no va más allá.

Confía más en la labor de sus protagonistas, sobre todo en los veteranos Ge You y Anthony Wong -¿os muestro orgulloso mi foto junto a él?- y por supuesto, en Nicholas Tse, para conformar un triángulo que permita el milagro final. Y es que si bien, adelantando conclusiones, todo en la película pasa de puntillas, cuando llega el momento clave, sin saber cómo llega a emocionar. Eso, o es que me he vuelto muy blando…

La cuestión es que ya sea por la maestría de Wong o la experiencia de Yip en este tipo de películas, es imposible que lleguemos a odiar al personaje del progenitor del protagonista para que cuando llegue ese momento que mencionaba, resulte creíble y conmovedor. Yip y el no menos célebre Manfred Wong a cargo del guión, manejan muy bien la ambigüedad para que en esos tonos de grises nadie salga perjudicado.

Y quizás esa tibieza es la que termina para afectar para mal al film. Si carece de espectáculo culinario, tensión tampoco hay y además todo está impregnado de un “buen rollismo” bobo, salvo por ese momento de… ¿debilidad? uno termina la película con la sensación de haber visto algo insulso que olvidará al segundo siguiente.

Antes de acabar, una tanda de detalles. Que el protagonista sea Nicholas Tse no es casual ya que durante varios años estuvo presentando un programa documental de cocina viajando por distintos países –incluido España- dando a conocer la gastronomía mundial.

Su parteniere, el surcoreano Jung Yong-Hwa, no tiene justificada su presencia por encontrarse afín a la cocina sino por ser, además de popular actor en el gigante asiático gracias a su participación en varios Kdramas, líder de la banda CNBlue, una de mis favoritas y junto a FTIsland, una de las agrupaciones más rockeras de las boybands kpoperas. Su rol es del abrir fronteras, algo bastante habitual en los últimos tiempos en China/Hong Kong.

La fotografía raya a un gran nivel y la Banda Sonora instrumental ayuda a crear la atmósfera propicia para que, a pesar de esa inexplicable contención en toda la dimensión de la película –exceptuando quizás en los medios dispuestos para ofrecer esa semi-final y final del torneo de cocina- llegue a cuajar como lo hace.

Resumiendo, el que busque una película sobre el mundo gastronómico que busque otra opción. Esta es una comedia amable sobre la superación y los lazos de unión personales. Se deja ver pero queda lejos de lo que podría haber dado por reparto y apartados técnicos y artísticos. Si en lugar de Raymond Yip la hubiese dirigido otro Yip, Wilson, Wilson Yip, otro gallo nos hubiese cantado… Le falta espectáculo y compromiso.

Sky es un joven cocinero de Macao. Junto a su maestro Seven regenta un restaurante familiar en un antiguo barrio de la ciudad. Enfrente del local se establecerá otro joven cocinero de origen coreano, Paul Ahn, pero a diferencia de ellos, dirige un restaurante de alto poder adquisitivo, avanzadilla de la moderna zona que quieren construir los promotores del lugar derrumbado y rehaciendo el barrio. Pronto entre los jóvenes nacerá la rivalidad.

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El hijo mayor del actor Anthony Wong sufre un aparatoso accidente.

Wong Yat Yat, el hijo mayor del gran actor Anthony Wong (Exiled/The mission/The Untold Story) que estudia en los Estados Unidos, sufrió un accidente de tráfico cuando viajaba en el coche de un amigo con el cual tuvo lesiones muy graves en sus piernas. Tras una operación de urgencia la evolución del joven va a mejor. El coche quedó siniestro total.

Por problemas para que Anthony Wong consiguiera su visa para ir a USA, fue su mujer la que viajó a tierras americanas para estar con su hijo. El actor, que tuvo que quedarse en Hong Kong, habla con su hijo todos los días por teléfono.

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¿El retorno de un mito?

En plena fiebre nostálgica con cientos de películas, sobre todo las de género, haciendo homenajes a los ochenta, remakes de populares títulos y sagas que renacen de sus cenizas, parece que una franquicia quiere reverdecer viejos laureles. Esta es la añorada por muchos “Young and Dangerous” que a mediados de los noventa revolucionase el mundo de las triadas incorporando a gente joven entre sus filas.

La franquicia, con seis partes, siete spin-off y ya dos remakes, hizo populares tanto a su creador Andrew Lau –que ya había logrado algún éxito- como a sus protagonistas Ekin Cheng, Jordan Chan, Francis Ng, Sandra Ng y otros ya veteranos como Anthony Wong, Roy Cheung y Simon Yam.

Pues bien, ahora Ekin Cheng tiene entre ceja y ceja volver a unir a todo el equipo y hacer una nueva entrega de la saga. Yo, como fiel seguidor de las aventuras de Ckicken y ChanHo-Nam, pagaría por ello.

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