PADMAAVET – Sanjay Leela Bhansali – Bollywood – 2018 – Drama épico

Padmaavat

Érase una vez un director de nombre Sanjay Leela Bhansali que parecía que se iba a comer el mundo. Sus películas mostraban una belleza inusual y su concepto visual iba más allá de lo que la industria de su país quería reflejar. Pero un buen día, cuando parecía que este iba a consagrarse con “Bajirao Mastani” se pegó de cruces con la dura realidad: no era ajeno a la mediocridad.

Pues bien, dejando de lado esta tontería de introducción, a dónde quiero realmente llegar es a decir que tras “Bajirao Mastani” pasé absolutamente de esta “Padmaavat” porque me parecía un ‘más de lo mismo’, un nuevo intento de su director de consagrarse como el gran realizador de la India, recurriendo no solo a otra historia parecida sino hasta a los mismos actores. Ni siquiera las consecutivas noticias que hablaban de su ruptura de récords a la hora de recaudar en taquilla, llamaron mi atención. Total, ya conocemos como se ‘mueven’ en aquel país…

Pero el aburrimiento es muy malo y pueden más las ganas de abarcar lo editado durante el año para completar la lista de tus mejores del 2018 que los prejuicios e ideas preconcebidas. Así es que sin muchas expectativas me dispuse a ver la última epopeya épica surgida de la mente del otrora -¿aún lo será? … guardo el suspense…-  mago Leela Bhansali.

Lo primero que hay que decir es que la insistencia de su autor en historias épicas no es algo gratuito. Dejando que le gusten más o menos o que le permitan expresar toda esa plasticidad grandilocuente que atesora, el objetivo de la industria de Bollywood desde hace un par de años no es consagrar a alguien como el mejor cineasta o realizar la mejor película de todos los tiempos. A los productores, por mucho que el propio Bhansali se haga un ‘Juan Palomo’, les interesa lo que a todos: el dinero. El punto de mira de productoras e inversores está en superar a “Baahubali 2” como la película de películas hindús y el orgullo de Mumbai estaba en entredicho desde que esta arrasase en las taquillas y no tan solo del gigante asiático. Querían recuperar el cetro, el honor de ser la industria reina del país y no pocos intentos hemos visto en los últimos meses como para dejar atrás a la de Tollywood.

Así, los medios dispuestos para esta película son grandiosos en todos los aspectos. La cuestión es si a vista de un occidental, visto que a los locales sí atendiendo a la recaudación y galardones, son suficientes…

Los primeros minutos del film auguran lo mejor, pero también lo peor. Se nota ese generoso presupuesto dispuesto pero hay algún detalle que podría echar el freno al menos tolerante: nada más arrancar vemos cómo el objeto de la cacería de una brava Padukone –claro guiño a “Baahubali 2”-, un ciervo recreado digitalmente, más parece un peluche atrofiado que algo medianamente decente. No entiendo ese arranque tan poco ilusionante. Ni tampoco comprendo la decisión de su director de incluirlo ni del autor de semejante aberración por darse por satisfecho con tal adefesio. Flaco favor le hacen al conjunto y más, como digo, al arrancar.

Luego la cosa se normaliza y las recreaciones digitales y efectos mejoran no ‘cantando’ encontrándonos con una línea general bastante notable, pero me parecía correcto avisarlo más que nada para que nadie se echara atrás a las primeras de cambio.

Y es que no solo las cosas, como decía, se normalizan, o más allá, mejoran ostensiblemente sino que la película bien merece esa indulgencia.

Siguiendo la línea que llevaba de… advertencias, conviene aclarar también que la película aunque épica, no es al nivel de lo que estamos habituados. El contexto y las formas nos harían pensar en batalla tras batalla y lamentablemente para el que piense eso, no lo va a encontrar. Hay un par como mucho, y ni larga en extensión ni espectacular en contenido. Flechas por aquí y choques de sables por allá. Poco más. De hecho hasta el duelo final peca de buscar más el escudo y la espada del contrario que el cuerpo del enemigo, el fallo típico cuando los contendientes tienen miedo de hacerse daño.

¿Qué esto suena a desilusionante otra vez? Pues si buscáis acción a lo –otra vez… – “Baahubali”, pues sí. Pero, ¿y si buscáis una buena película…? Ahhh, amigos, eso es otra cosa.

El guión de “Padmaavat” no es una colosal obra de ingeniería, se resume en un par de líneas y sin casi números musicales, su relativo contenido metraje -para lo que es habitual en aquel país- ya nos está señalando que se ha optado por ahorrarnos lo superfluo e ir al grano, algo a agradecer.

Y es que ni siquiera se han enredado en edulcorar la historia a pesar de que su trama haga pensar en un triángulo amoroso. Todo se resume en una palabra: PASIÓN.

La historia que viven los dos protagonistas es de respeto mutuo, se quieren y se adoran pero no los verás enredados en diálogos superficiales ya que con su posición no resultarían convincentes. Sin embargo debajo de todo ello encontramos esa pasión que decía que es la que lleva consecuentemente a los actos postreros. Sin ello, sin esa fe su desenlace no resultaría tan… DESGARRADOR. Y eso, para empezar, es lo que hace grande a la película: que consiga emocionarnos cuando lo que en realidad estamos viendo está fuera de toda compresión. Sin ese trabajo previo, no hay milagro.

Y luego tenemos la otra punta del triángulo, al villano de la función, al que le mueve una pasión convertida en obsesión. Se puede criticar que su motivación no sea creíble pero hay que ponerse en situación y comprender que para alguien a quién las conquistas son una forma de vida le daba lo mismo territorios que personas. Aquí ayuda mucho la excelente labor de Ranveer Singh, mi actor favorito hindú, un artista que contrariamente a este papel ha crecido rápidamente gracias a su encanto y simpatía y que aquí se enfrentaba a un duro reto como era interpretar a un villano. La sobreactuación de Ranveer le va como anillo al dedo al personaje acentuando ese puntito de locura que necesita. Otro punto a destacar respecto a este es ese enfoque bisexual que se le ha dado, algo sorprendente para la industria si de una superproducción hablamos. Conociendo su cerrada cultura y que esto es un vehículo para las masas… Pero ya sabemos por la trayectoria de su responsable que Leela Bhansali es todo un provocador.

Y ya que hablamos de provocación, mucho revuelo se levantó a la hora de su estreno con eso de poner a los musulmanes como los malos malísimos y bla, bla, bla… Pues no. Ahora reinventaremos la historia y los haremos cambiar de bando para complacer a unos… Siempre habrá malos, así es que siempre habrá perjudicados. En todo caso no se hace escarnio de ellos como un pueblo perverso. Aquí no hay discurso del odio –algo muy de moda hoy en día en esta mi tierra-, es “simplemente” un reino contra otro al estilo de lo que hemos visto en otras producciones de esta clase. De hecho, salen beneficiados en algunos aspectos que no voy a contar con tal de no destripar la historia.

Dejando de lado matices del argumento vayamos con lo que a mi gusto es lo mejor de la película. De la concepción visual de Leela Bhansali ya he dejado caer algo al inicio de la reseña. Aquí tengo que decir que se ha contenido un poco a la hora de utilizar los colores, más que nada porque la trama no animaba a ello y ha tenido que recurrir a una gama más ocre pero… “PADMAAVAT” tiene la MEJOR FOTOGRAFÍA que he visto hace mucho, pero mucho tiempo, en una película.

La belleza que refleja Bhansali y la fuerza visual que imprime a algunas de sus escenas está al alcance de muy pocos. Está claro que en ello depende mucho la labor de un buen director de fotografía y del equipo de iluminación, por no decir el director artístico, pero sin tener las ideas claras y alguien que coordine todo, es imposible plasmar en la pantalla lo que esta “Padmaavat” es capaz de ofrecer.

Los más críticos sacarán el discurso del ‘videoclip’, que se abusa de la cámara cenital y lo que quieran pues a la hora de criticar cada cual es libre dependiendo además de sus manías y fobias, pero lo que no se puede negar es que hay un elaborado trabajo detrás.

Antes de cerrar como siempre con la ‘Sección de Coros y danzas’ comentar el peso específico de la mujer en el film. Ya no solo es la imagen heroica de la protagonista que se quiere transmitir, es algo menos aparente y quizás aunque solapado por mor otra vez de esa cultura retrograda, su importancia como unidad, su capacidad de sacrificio y ese mensaje de que sin ellas, sin vosotras, no hay triunfo.

Para terminar, desgraciadamente para unos y afortunadamente para otros, números de bailes propiamente dichos solo hay un par. Uno protagonizado por Deepika Padukone y otro por su maridito en la vida real, Singh, ambos de carácter tradicional como no podía ser de otra manera dado el contexto. Espectaculares ambos, se echa en falta a Kapoor, para mí junto al propio Singh y quizás Hrithik Roshan, los mejores bailarines de la industria. Luego tenemos dos temas musicales sin ya coreografías donde importa más el mensaje de la letra que no molestarán a los menos afines a estos espectáculos.

Resumiendo, “Padmaavat” es una señora película, grandilocuente y exagerada en todas sus dimensiones sino fuese porque en cuanto a acción se queda un poco corta. Sin embargo su objetivo no es apabullar, no es el choque de sables lo que nos hará vibrar, es la magia, la pasión y la fatalidad convertida en triunfo más allá de lo carnal lo que no nos dejará indiferentes. No solo una de las mejores fotografías de la historia del cine sino uno de finales con más fuerza.

Ratan Singh es el regente Rajput de Mewar. Un día de caza por el vecino reino de Sinhala ”coincidirá” con la Princesa Padmaavat. Pronto se enamorarán, la tomará como segunda esposa y se la llevará a su palacio de Chittor. Pero la traición siempre toma extraños derroteros: su consejero, celoso de su relación con la nueva reina tras ser desterrado, animará al conquistador musulmán Jalaluddin Khilji a que conozca a Padmaavat ya que, conocedor de la ambición de este por poseer todo lo bello que no está a su alcance, provocará la caída del reino de Ratan Singh.

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“Thugs of Hindostan”, un estrepitoso fracaso en la taquilla de su pais.

Pese a las buenas críticas obtenidas fuera de su país (incluyendo la que Chanpoo. Com publicó hace unos días) por el último film que protagoniza la estrella Aamir Khan, “Thugs of Hindostan”, esta a peligro de ser retirada de las carteleras de la India y eso que su estreno tuvo lugar el pasado 8 de noviembre.

El épico drama de aventuras ha fracasado estrepitosamente entre el publico foráneo pese a contar con un reparto estelar que incluye además de Aamir Khan al veterano Amitabh Bachchan, y las actrices Katrina Kaif y Fatima Sana Shaikh, la que se proclamaba como la tan esperada película del año no ha dado resultado en la taquilla India.

La recaudación en total de la película dirigida y escrita por Vijay Krishna Acharya en la India se sitúa a 145.95 millones de rupias al final de su segundo fin de semana. Su presencia en la taquilla fue cuesta abajo en su ya comentado segundo fin de semana. Como ya hemos dicho su estreno en España se ha saldado con buenas criticas en general.

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THUGS OF HINDOSTAN – Vihay Krishna Acharya – Bollywood – 2018 – Acción

Thugs

Cuando lanzaron el tráiler de la película los más críticos soltaron eso de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Meses más tarde, cuando se estrenó y los medios más generalistas tuvieron constancia de ella, volvieron a soltar lo de “¡La India ya tiene a sus “Piratas del Caribe!”. Pues coño, aún estoy esperando que alguien diga eso de “¡La India homenajea a Sandokan!”. ¡Qué corta es la memoria…!

Y es que si bien cada cual se aferra a lo que quiere –o puede…- el film de Vihay Krishna Acharya tiene más de películas clásicas de aventuras que de fantasías que recrean espectáculos de parque de atracciones. Además, conviene otra vez refrescar la memoria y decir que la intención de Acharya y los Chopra como productores no es la de rivalizar con la de la Disney sino con sus vecinos del este y con cierta producción que empieza por ‘Baahu’ y termina por ‘bali’…

Dicho esto, vayamos con la peli. La trama es bastante sencilla y vista ya en otras tantas producciones de este origen: los hindús están esclavizados por los británicos y luchan por su libertad. Nada más y nada menos. Alguno dirá que casi tres horas da para mucho pero aquí el ‘mucho’ son escenas de acción por mucho –again…- que les pese a los críticos de su país, de ahí algunas malas críticas.

Es verdad que la palabra ‘Libertad’ se repite varias veces, pero fuera del espectáculo el trasfondo que más peso tiene no es el discurso por la entidad de la nación, la independencia o esos alegatos que como decía nos tienen acostumbrados por aquellos lares; curiosamente en la película tiene más importancia el individuo que el colectivo, y eso, visto lo visto, no gusta a un país… o mejor, a unos críticos que creen que la fuerza del grupo reside en su unidad.

La explicación a ello la tiene el protagonismo del personaje interpretado por Aamir Khan, una mezcla de varios personajes vistos ya en otras producciones estereotipo del ‘minion’ granuja/sinvergüenza/mentiroso/sin-ideales con el que comenzamos a ver las grandes –abismales- diferencias de esta con la de la Disney. En la saga “Piratas del Caribe” el ínclito Johnny Depp interpretaba a un borrachín afeminado que sin dejar de ser intrépido a fuerza del azar no tenía más objetivo que provocar la carcajada. Aquí, aunque guarde algunos rasgos en común, se busca incidir en esa conciencia que decía, que deje los egoísmos a un lado y “luche” por algo más que su bolsillo. Lo mejor: que aunque la perorata es previsible no se hace recalcitrante. Y es que como venía comentado, aquí importa más la diversión que el lavado de cerebro.

Era difícil rivalizar con la ‘película épica’ de las ‘películas épicas indias’ por antonomasia como era “Baahabuli” en sus dos partes y creo que esta, al menos a la segunda, la ha superado. Son diferentes porque una es épica a nivel bélico-medieval y esta a nivel aventuresco con lo que implica de números de extras, batallas, etc. pero en cuanto a lo que espectáculo/diversión se refiere se encuentran a la par sino la supera.

Y todo muy al gusto… occidental.

Apuntar como directores de la segunda unidad y de acción a Franz Spilhaus que trabajó en el serial piratesco por excelencia como fue “Black sails” y en otras producciones reconocidas como “Distrito 9”, “Dredd”, “Marea letal”, “Hitman”, etc., a Lee Whitetaker que a sumó en la propia secuela de “Baahubali” y en las occidentales “Fast & Furious 5”, “Abraham Lincoln: cazador de vampiros” o “La jungla 4,0”, entre otras y a Grant Powell con algunos títulos de serie B y otro más reconocidos como la última “Tomb raider”, la saga “El rey escorpión” u otra vez “Black sails”. Pero por encima de estos un nombre: el del gran Gleen Boswell con títulos tan míticos a sus espaldas como las sagas “Matrix” o “El hobbit”. Y no entro en los locales porque no os quiero aburrir…

Así es que con estos currículums no os esperéis lo típico de Bollywood como son patadas y puñetazos al aire o proyecciones de enemigos venciendo a la gravedad. Una película de piratas es una película de corsarios, navíos, duelo a espada, abordajes y aventura, y de todo eso tenemos dosis generosas. La esgrima –practiqué durante seis años este deporte en mi juventud- que veremos no es la más técnica ni elegante, pero tampoco es lo que se busca. Todo es más burdo, más directo y trepidante, buscando el ritmo en lugar de la excelencia, tomándole el pulso al espectáculo, algo de lo que los hindús saben mucho.

Y junto a todo esto tanto unos efectos especiales bastante apreciables, de primera me atrevería a decir, como unos fondos naturales exóticos tan brillantes como imprescindibles para tanto una producción del género como –y sobre todo- de la ‘YR Films’, especializados en fotografías cuidadas para ofrecer una apariencia impecable.

Hay algún elemento disonante como ese barril ‘llámese torpedo’ que sale disparado tras ser soltado de una cuerda sin más impulso que la imaginación de algún guionista sin excusas, pero en cuanto a explosiones, enfrentamientos navales o recreaciones infográficas, pocas pegas.

Seguimos con el espectáculo pero en otra vertiente, el de los números musicales. Lamentablemente cuatro serán las únicas ocasiones en las que podremos disfrutar del dominio de este campo de esta cinematografía. Y es que es tal la sensación de disfrute y satisfacción de las escenas de bailes que uno se queda con ganas de más.

Suraiyya” nos trae un divertido número con Katrina Kaif como foco de atención de un ‘soltadisímo’ Aamir Khan. Aunque ya hayamos visto este número en otras ocasiones cambiando los roles y actores no dejamos de disfrutarlo gracias a su ritmo y desenfado siempre que, como en este caso, los intérpretes se entreguen a esa fusión de comedia y baile.

Más racial, es decir, más tradicional pero no menos efectivo se haya “Vashmalle”. Impecable a nivel coreográfico y teniendo a los hombres como protagonistas, busca más la contundencia que la plasticidad. Amitabh sigue demostrando a su edad estar aún en forma. Y es que el que tuvo, retuvo.

Por su parte “Manzoor e Khuda” me atrevería a decir que es una Obra Maestra, ya no solo por el elevado número de participantes sino por toda esa vistosidad y fuerza en su puesta en escena. Si uno no se queda con la boca abierta tras ver estos cinco minutos de espectáculo y pasión, es que no ama la música. Por cosas así, “Thugs of Hindustan” justifica ya su visionado. La palabra ‘grandilocuente’ pierde su significado al lado de esta demostración de poderío.

No puedo acabar sin dejar al menos un par de líneas que hablen sobre sus protagonistas. De Amitabh poco se puede decir. Hasta personalidades dentro del séptimo arte como Baz Luhrmann o Danny Boyle se han rendido ante él. El ‘Sandokan’ perfecto tras tres décadas; mejor que el propio Kabir Bedi.

Fatima Sana Shaikh es la que, contrariamente al veterano actor, me ha sorprendido. Bachchan ya sabemos que no nos va a fallar, pero Sana Shaikh… No es guapa, pero no era belleza lo que requería el personaje sino determinación y credibilidad en cuanto al derroche físico, y como heroína ha superado a muchas estrellas consagradas del firmamento cinematográfico de la India. Casi parece una luchadora profesional a la altura de Ronda Rousey o Gina Carano.

Luego nos queda Aamir Khan. Katrina lamentablemente solo brilla bailando y dejándonos perplejos ante ese su nuevo labio superior operado/hinchado… Del trío de Dioses “Khan” de Bollywood, Aamir siempre ha sido el que menos gracia me hacía. Shahrukh es Shahrukh y aunque ha perdido el encanto de antaño, es como el Chow Yun-Fat de la India: a carisma no hay quien le gane.

Salman te cae bien a la fuerza. Es tan… exagerado en todos los aspectos… pero sus limitaciones las compensa con una voluntad que termina por convencerte y vencerte.

Pero Aamir… ¡es tan perfecto! Que si buena acción por aquí, que si excelente interpretación por allí. ¡Da asco de lo bueno que es! Pero coño, mira por dónde en esta película ha dejado atrás una imagen impoluta para encarnar a un canalla hijo-de-su-madre. Y lo mejor es que me lo creo. Lo veo por primera vez un tío de andar por casa. No solo nos hace reír sino odiarlo y volverlo amar. Decir que es un personaje hecho a su medida sería echar abajo todo lo dicho, pero es que realmente más que seguir un papel parece que improvisa y se nota por la frescura. Uno de los mejores personajes que uno se puede echar a la cara en este mundillo del celuloide que tanto nos gusta.

Un último apunte. En la Banda Sonora suena el “Jackeye’s Tale” de la Banda Sonora de “El Rey Arturo, la leyenda de Excalibur” de Daniel Pemberton cada vez que aparece Aamir Khan, sin embargo no aparece en los títulos de crédito. Se lo pregunté al mismo Pemberton pero no obtuve respuesta. Algo raro hay ahí…

Resumiendo, si todo lo dicho no te anima a verla, olvidando críticas malas y puntuaciones bajas en diversos medios online, es que no te gusta el cine. Yo valoro una película por lo que es. “Thugs of Hindostan” es espectáculo puro. No es “Piratas del Caribe”, es una película de piratas clásicas puesta al día y pasada por el filtro de Bollywood y la YRFilms. Tyrone Power y Errol Flynn estarían orgullosos, ¿por qué tú no? Quizás es que las películas de piratas siempre han estado infravaloradas en contraposición al Western, pero sea como sea, es un entretenimiento sano y de calidad.

4  / 5

“Baazaar”, tráiler para el nuevo trabajo del actor Saif Ali Khan.

Baazaar es una película hindi que se estrenará el próximo ida 26 de octubre de 2018. Dirigida por el debutante Gauravv K. Chawla y que ha contado en el reparto con Saif Ali Khan, Rohan Mehra, Chitrangada Singh y Radhika Apte.

Las últimas películas protagonizadas por el actor Saif Ali Khan no  tenido una gran carrera en la taquilla, pero el actor ha tenido la suerte de recaer en la serie original de Netflix, Sacred Games, cuya primera temporada ha funcionado muy bien. Se espera que la segunda temporada salga antes de que finalice el año.

Gauravv K. Chawla no es un nombre nuevo en la industria ya que ha trabajado en películas como Kuch Naa Kaho, Bluffmaster, Patiala House y Dum Maro Dum. Baazaar también marca el debut en la pantalla grande del hijo de la difunta Vinod Mehra, Rohan.

Shakun Kothari es hombre de negocios que posee una gran fortuna. Mehra, por otro lado, es nuevo en el negocio de las ventas pero tiene algunas habilidades para esta clase de negocio. Rizwan, viene a Mumbai para trabajar con Kothari. Todos solo quieren ganar más dinero.

SUI DHAAGA: MADE IN INDIA – Sharat Katariya – 2018 – Bollywood – Comedia

SuiDhaaga

Mira que me gusta la productora ‘Yash Raj Films’, pues esta vez, empezando la reseña al revés, por las conclusiones, he pinchado en hueso.

Me gusta la YRF porque es una de las pocas productoras que transmite una ‘marca de fábrica’, es decir, cuando uno ve una de sus películas ya sabe más o menos lo que se va a encontrar: colorido, buen rollo y unos protagonistas que te ganan el corazón.

Puede parecer una chorrada e incluso tacharlo como un poco de superficial, pero no es así cuando –repito- ‘te ganan el corazón’.

De normal, la compañía de la Dinastía Chopra también ofrece grandes espectáculos, pero no siempre nos encontramos con superproducciones, como en este caso. Sin embargo mi decepción no se debe a que nos encontramos con una película pequeña, más que nada porque ya lo sabía, sino porque por el camino se ha dejado muchas de esas huellas de identidad que estaba comentando.

El film es una comedia sentimental que gira en torno a tres grandes conceptos: la familia, el matrimonio y la lucha por tus sueños.

Sobre el tema de la familia, eje sobre el que orbita la gran mayoría de films de la India, “Sui Dhaaga” nos trae a unos progenitores con dos hijos. Uno, el protagonista, que vive con estos es un tanto perezoso y a pesar de que obedece a sus padres no cuenta con su simpatía. El otro, vive con su familia política y paradójicamente, es el favorito de estos.

El entorno humilde en el que se mueven, las dificultades que pasan cuando la madre enferma… En la película se refleja una familia unida, pero el principal problema es que no se explica muy bien la “manía” que se le tiene al protagonista cuando este se nota entregado a la familia. Se le acusa de vago pero vemos como llega a humillarse con tal de llevar dinero a casa. Luego se ve como la familia política del hermano ‘favorito’ se inmiscuye para mal en asuntos y ‘aquí no pasa nada’…

Es evidente que todo dará un giro radical, pero aquí estamos hablando ya de previsibilidad y por lo tanto tampoco juega a su favor.

En la referencia al matrimonio protagonista, aquí por el contrario es su mejor baza. A pesar de haber visto mil y una películas de este origen sobre matrimonios concertados, el enfoque está bastante actualizado. La mujer, concienciada, no se resigna en ser la sacrificada esposa sino que lucha por su pareja. No hay amor y aunque sabemos que lo habrá, no quiere que su esposo se humille o sea ese recipiente donde, como decía, la familia eche todas las culpas de sus males. No es un enfoque feminista porque ya conocemos lo difícil que es eso en la India, pero se acerca y se agradece.

Y sobre todo, ya no es la postura a la que se acoge como valedora de su marido, sino defensora de los ideales, ese “luchar por tus sueños” en el que cualquier mujer se puede ver representada fuera ya del contexto de la película.

Sin embargo en esto el guión también tiene sus “peros”. Da algún bandazo que otro y en esa “marcha atrás” al que asistimos en determinado momento del film, el mismo se resiente en cuanto a credibilidad, algo parecido de lo que decíamos de la poca empatía de los padres con su hijo.

Otro aspecto que no me… encaja es la diferencia tan notable entre la primera parte y la segunda, separadas por el inevitable “Intermisssion”. La primera parte es una comedia muy amable, con un alma muy de comedia napolitana, ‘Commedia dell’arte’, impulsada sin duda por la Banda Sonora de Andrea Guerra, donde las dificultades se combinan con un a veces mágico espíritu de superación. Sin embargo la segunda parte se recrea en los tópicos, en el fatalismo con reacciones exageradas y soluciones ya nada creíbles desaparecida la magia con encima sorpresas sacadas de la manga.

En estos aspectos uno cae en la cuenta de que algo por el estilo lo había visto ya en otras producciones de este origen y que siempre se había achacado este proceder a la inocencia, que no ingenuidad, de las gentes de aquel país, del deseo de triunfo, del “todo está bien” al que no para de apelar el protagonista, pero la diferencia, lo que me escama, es que esto no lo habíamos visto todavía en la YRF, que su perspectiva era más moderna y actual, más la visión de esos ‘repatriados’ a los que muchas veces recurre en sus producciones, y que esto con todo el respeto del mundo me parece una bajada de pantalones. ¿Congraciarse con el público base? ¿Con la crítica que paradójicamente lo tacha de superficial? ¿O simplemente estoy equivocado?

Otro aspecto que redunda en la pérdida de entidad de la productora es que el film no posee ningún número musical al uso, es decir, de baile. Musical sí que tiene tres, de esos en lo que suena un tema acompañando la acción de los protagonistas, pero –vuelvo a lo mismo- acostumbrados a lo que es habitual en la Yasj Raj Film queda un poco… triste. Y no precisamente por el carácter romántico de las canciones.

Para acabar, Varun Dhawan resulta cumplidor, pero le falta el carisma y simpatía de Ranveer Singh con el que algunos quieren compararle. Es Anushka Sharma la que sale fortalecida: sin maquillaje sigue siendo uno de los rostros más atractivos de Bollywood y la fuerza que le imprime a su personaje, ese no rendirse y luchar por lo que uno quiere, parece que va más allá de interpretar un papel: lo hace suyo y con compromiso las cosas siempre salen bien.

Del veterano Raghuvir Yaday poco se puede decir. Cualquiera diría que lleva más de cien películas a sus espaldas -¿sabéis que llegó a interpretar a Hitler?- y que en realidad no es un padre que han escogido al azar en la calles de Chanderi.

Lo mejor del film, además del citado Yaday, los modelos de moda que nos ofrece el film, una especie de “Desigual” hindú. El más vistoso –y único- espectáculo del film.

Resumiendo, “Sui Dhaaga: Made in India” puede parecerle al espectador medio una película ideal inmersos en su exotismo y mensaje, pero al conocedor de su cultura y, sobre todo, cinematografía, les parecerá una película más, con trampas y falta de la magia de este origen.

Majui es un joven que vive con su esposa en casa de sus padres. Trabaja en una tienda de máquinas de coser a pesar de que su pasión es convertirse en sastre. Un día, empujado por su mujer, decidirá establecerse por su cuenta, pero el destino hará que el momento coincida con un ataque al corazón de su madre.

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Presencia asiática en los Emmys internacionales.

Emmys

Ayer se dieron a conocer los nominados a los International Emmys Awards, es decir, lo mejor de la TV extranjera según la Asociación que rige los mismos.

Entre los nominados tenemos algunos de origen asiático y aquí os dejamos la relación de los mismos:

En la categoría de ‘Mejor Serie‘ nos encontramos con la hindú “Inside Edge” donde Amazon se alía con productores locales para traer al frente a gente de Bollywood tan reconocida como Vivek Oberoi (“Krrish 3”, “Prince”, “Shootout at Lokhandwala”, etc.). Compite curiosamente con la española “La casa de papel”.

En cuanto a programa de entretenimiento destaca la tailandesa “The mask Singer” en un formato que reconocemos de otros países como Corea del Sur.

En series de formato corto –máx. 15min. por episodio- es, precisamente de este origen, Corea del Sur, donde nos encontramos con “Sensible Life of Director Shin”, una comedia romántica con actores desconocidos. La podéis encontrar en Youtube si alguien tiene curiosidad.

Mientras en Mini-serie su vecina Japón obtiene una nominación con “Kurara: The Dazzling Life of Hokusai’s Daughter” con la pizpireta Aoi Miyazaki (“Nana”, “Heavenly forest”, “Rage”, etc.) y Ryuhei Matsuda (“Gohatto”, “Izo”, “Redada mortal 2”, etc.) de protagonistas.

En el apartado Documental es la también nipona “IPC & WOWOW Paralympic Documentary Series WHO I AM Season 2” la que puja por el premio en esta categoría.

RACE 3 – Remo D’Souza – 2018 – Bollywood – Acción

Race3

Dada la popularidad de esta película llegándose a estrenar en cines incluso de nuestro país, parece un poco obvio decir que la misma no es una secuela directa de sus dos primeras partes ya que, como digo, casi todo el amante al cine de Bollywood ya lo sabrá. Sin embargo hay que decirlo tanto para el que se haya acercado aquí por curiosidad sin conocer la naturaleza de la misma como por hacer hincapié en un hecho que al menos aquí resulta sorprendente.

Y es que de sobra sabemos que lo de las sagas en Asia es un poco… antinatura, es decir, son más las secuelas que no tienen nada que ver con su parte original que las que responden a la naturaleza propia de una saga desde el punto de vista de la continuidad. Encima aquí cobra mayor/menor sentido cuando la segunda parte sí que era una prolongación directa de la primera.

Aquí tenemos actores de la saga, sobre todo al de cabecera Anil Kapoor, pero no interpreta al mismo personaje de las anteriores. Otra cosa es que el film respete el esquema de sus antecesoras y así tenemos a unos protagonistas que más que héroes no son ‘trigo limpio’, dos bandos enfrentados, engaños continuos y, claro está, lujo y espectáculo.

Ahora bien, olvidaros de todo lo que podéis leer sobre el film y las causas que motivaron su producción. La verdad, la que se esconde tras decenas de patrañas periodísticas es que Salman Khan quería su propia “Dhoom”.

A ver, para a aquel que le suene a chino –o mejor en este caso, a hindú- habrá que decirle que “Dhoom” es otra popular saga de acción muy al estilo de esta. La diferencia de “Race” frente a la auspiciada por la Dinastía Chopra es que en aquella en cada parte el “héroe” que se contrapone a la pareja Abhishek Bachchan-Uday Chopra que repiten en cada entrega, es interpretado por un reputado actor. En la primera fue mi ojito derecho John Abraham; en la segunda, mi no menos apreciado Hrithik Roshan, y en la tercera el todopoderoso Aamir Khan. Para su cuarta parte se hablado de Shahrukh Khan o Askhay Kumar, pero no de Salman. ¿Cómo un tipo que se sitúa a la altura de los anteriores sino más alto que los dos primeros, nunca aparece en la pomada para protagonizar una nueva entrega?

Pues Salman puso remedio y fin a los rumores mal intencionados que alegaban ser tan mal actor como para poder protagonizar una de las partes de “Dhoom”, haciendo suya esta “Race”. Dicho esto, cerramos la ‘crónica rosa’ y nos metemos con el film en sí.

Lo primero que hay que decir es que, aparte de continuar por la senda de sus partes anteriores, “Race 3” permanece también por la vereda no menos transitada del género en el país. ¿Qué digo en el país…? ¡En el continente!

Su estructura no es muy moderna ya que sigue esa máxima de arrancar con un inicio explosivo para amagar la acción hasta la segunda parte. ¿A qué os suena a la época dorada de Hong Kong? Pues eso. Encima, por si faltase poco, ese “gancho” actioner no puede ser más ex-colonia británica. Me explico.

Tras el prólogo de presentación del personaje de Anil Kapoor, se nos da paso a unos estupendos diez minutos de tiroteos al más puro estilo John Woo. Olvidaros de los típicos ‘puñetazos al aire’ de la India o del uso indiscriminado del cable para proyectar a los enemigos de los héroes cuando les propinan un golpe; aquí hay tanta acción pirotécnica con todos los personajes disparando con dos pistolas en las manos que ya quisieran Tony Leung y Chow Yun-Fat en su época. Algún desvarío en forma de exageración más al estilo local, pero no faltan ni los impecables trajes de corbata al estilo noventero. La verdad que un disfrute para el amante de la acción de aquella época.

A partir de ahí la acción desaparecerá dejando paso al enjambre de mentiras y traiciones características de la saga salpimentadas por un par de números musicales. Es en la segunda parte donde se recupera la acción.

Pero que nadie se espere un argumento rebuscado que encierre argucias inteligentes: por mucho giro y retuerto que se encuentre el camino el espectador, el objetivo del film únicamente es divertir por lo que solamente se toman en serio el ofrecer un mejor espectáculo, nada de pretender ser unos genios estructurando estrategias, conspiraciones y subterfugios como otras sagas en occidente al estilo “Misión Imposible”. El “nada es lo que parece” es en realidad un “porque yo lo digo” en toda regla así es que si no estás de acuerdo con las patrañ… perdón, excusas y resoluciones para solventar algunos de esos giros argumentales difíciles de asumir, mejor pasar página y acudir a otra producción y hasta diría que origen.

Es cuestión de puntos de vista y de gustos. Además, morder más allá de lo que te permite la mandíbula la mayoría de las veces tiene un mal final y Bollywood aprendió a fuerza de golpes que por mucha ambición que se tenga no se debe desviar la atención de tu meta.

Porque acción como se ha visto –y volveré a incidir un poco más abajo- nos la da. Lujo, el que quieras: todo el parque automovilístico de Abu Dabhi parece haber sido puesto a disposición de la producción con todo lo que conlleva ello de deportivos únicos y singulares. Las residencias, suites y dependencias por donde trascurre la acción tampoco tiene desperdicio respondiendo a la opulencia que corresponde a los Emiratos Árabes Unidos.

Y todo esto no resultaría tan visualmente atractivo si no estuviese acompañado de una cuidada fotografía que como siempre en la India es excepcional. Parece que los prejuicios a más de uno le provoca una amnesia que hace olvidar que en algunos apartados técnicos y artísticos la India es ejemplar. Solo hay que ver esos ‘artesanos’ coloristas digitales que realzan tonos para ofrecer una policromía aún más rica. Eso, y a cambiar la bandera de Tailandia y hacerla pasar por la de Camboya donde dicen que se sitúa parte de la acción. Total, cuentan que también están en Beijing e igualmente es Bangkok… ¿Qué más da?

Al menos en ese ‘desasosiego’, el humor burdo se ha eliminado siendo sustituido por bravuconadas propias de Khan, que por otro lado no son malas. Especial atención a ese diálogo final con el que se concluye la película dejando claro lo poco en serio que se toman la misma: elucubrando si habrá nueva secuela y… quién la protagonizaría.

Por nuestra parte, nosotros antes de acabar, pasaremos otra vez a la acción. En la segunda parte como decía nos encontraremos más dosis de esta, pero tampoco mucha, todo sea dicho de paso. Una larga persecución con Salman en moto, una pelea de gatas y el tiroteo final. Sobre lo primero, decir que bajo mi punto de vista le falta velocidad. Por mucha trepidencia –toma palabro- que intenten hacernos creer, hay más fuegos de artificio, explosiones que sensación de peligro real. Hay casetas que explotan porque sí, y todos “vuelan” a la mínima, pero no hay sensación de peligro ninguna.

La mal calificada como “pelea de gatas” resulta más espectacular. Mucha acrobacia y poca contundencia, pero dentro de lo previsible, es refrescante. Ver a Jacqueline ensuciándose las manos, lo mejor. La chica perfecta.

El último tiroteo podría encontrarse al nivel del de la presentación, pero los condicionantes y no sé si la falta de presupuesto, les cortaron las alas. Cumplidor sin más, un ‘bien’ de nota general a este apartado.

Para acabar como siempre, la ‘Sección de Coros y Danzas’. “Race 3” nos ofrece cinco números musicales, dos antes del obligado “Intermission” y los restantes tras este. Dos son de carácter romántico, protagonizados por las dos parejas que da la película ofreciendo la típica puesta en escena de estos números con muchas telas al viento y escenarios casi desérticos.

Las movidas por el contrario pecan de lo mismo: de compartir escenario. Todas se desarrollan en discotecas. Teniendo a Remo D’Souza, reputado coreógrafo antes que cineasta, no entiendo este conformismo. Vale que las coreografías no puedan ser muy exigentes teniendo al, a pesar de todo, voluntarioso Khan, pero repetir esquemas es un poco… significativo. Decepcionante, la verdad. Encima que el mejor tema sea “Selfish”, uno de los de carácter romántico, ya está diciendo a las claras que en esta ocasión D’Souza estaba más centrado en la realización que en el apartado musical.

Resumiendo, “Race 3” es un film espectacular dirigido para pasar el rato. Teniendo un reparto de lo mejor que te puedes encontrar actualmente en Bollywood –cuatro de los cabezas de cartel han protagonizado por sí solos otros films-, acción bien dosificada y lujo desbordante, ofrece lo que se espera. Le falta un punto de ambición para alcanzar a “Dhoom” pero como sucedáneo hasta la llegada de la nueva entrega de esta, cumple.

Sanjana y Suraj son los hijos de Shamsher, un poderoso fabricante/traficante de armas. Junto a estos, su primo Sikander y el guardaespaldas del patriarca, Yash. Juntos forman una familia aparentemente inquebrantable que hacen frente a todo tipo de amenaza, sea cual sea esta. Un día Yash les descubrirá a estos que está enamorado de Jessica, lo que no saben los demás es que esta fue el amor platónico de Sikander…

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