Primeras imágenes para “Shadow” la nueva película de Zhang Yimou.

Tras la interesante y poco valorada por la taquilla europea y Norteamericana La gran muralla, un gran homenaje al cine de monstruos en la que participaban, entre otros, el actor Matt Damon y Andy Lau, en un gran casting internacional, ahora desde Village Roadshow Pictures Asia se han mostrado imágenes correspondientes a Shadow la que será la nueva película del gran director chino Zhang Yimou.

Por ahora no se sabe mucho sobre la trama que ha escrito el propio Zhang Yimou junto a Wei Li, pero, según han comentado los medios de comunicación locales, la historia de Shadow estará ubicada durante la era de los Tres Reinos de China, entre 220-280 dCVRPA y Le Vision Pictures coproducirán este film.

Las imágenes son visualmente increíbles y se espera un gran trabajo del director de films como La búsqueda, Regreso a casa, Amor bajo el espino blanco o La casa de las dagas voladoras, entre otras muchas. El film cuenta en su reparto con Deng ChaoSun LiZheng Kai y Guan Xiaotong.

 

 

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MONK COMES DOWN THE MOUNTAIN – Chen Kaige – 2015 – China – Artes Marciales

MonkLo primero que quiero hacer es, como otras muchas veces hago, una confesión. Por el director de esta película tengo un especial cariño, y no solo porque algunas de sus películas me han encantado sino, y entrando en el terreno más personal, estuvo residiendo casi un año en mi ciudad, Valencia, preparando la ópera “Turandot” llegando a ofrecer alguna charla con aficionados al cine. Sin embargo que ello no os lleve a pensar que voy a olvidarme de mi objetividad. Así es que si, adelantando conclusiones, os digo que esta “Monk comes down the mountain” es una de las mejores películas, no solo de China, sino de toda Asia del 2015, creerme que es lo que yo siento, favoritismos aparte.

Para empezar nos encontramos con una obra que, siendo atípica, podría formar parte junto a otras películas de un conjunto bastante reconocible. Es cierto que está basada en un best-seller reciente del escritor metido también a cineasta Xu Haofeng, pero a dónde quería llegar es a esa idea de conjunto de este tipo de producciones como “Forrest Gump” o “La vida secreta de Walter Mitty” en las que seguimos a un protagonista a través de sus aventuras para conocer no solo más de su vida sino para dejar un poso a la meditación.

En “Monk comes down the mountain” seguimos a un monje sin más objetivo que el de sobrevivir cuando lo echan del monasterio en el que residía, pero que poco a poco, a través de las desventuras que vive, irá descubriendo su verdadera meta.

Dicho así, uno creerá que va a encontrarse, metidos como estamos en un contexto asiático y con un realizador otrora paradigma del nuevo cine de autor chino, con ese misticismo que muchas veces abusa del verso, el mensaje y el, al fin y al cabo, engolamiento; sin embargo este Kaige con los años se ha vuelto irónicamente “viejo” y en lugar de recular, haciéndose consecuentemente cómodo, se ha transformado en una máquina comercial donde todo le parece poco. Sí, parece que hable en clave así es que descifremos.

Encajar la película en un género sería harto difícil ya que conjuga temas y transmite diferentes sensaciones, pero puesto a encuadrarlo en una clasificación, lo incluiría en el de Artes Marciales, así, en mayúsculas. La acción del film es una de sus bazas ya que sin ir más lejos ocupa un 60% del metraje, y lo que es mejor, vibrante y espectacular. Pero dejemos la acción para más tarde. El 40% restante se divide entre melodrama, comedia y unos cuadros visuales que ya los quisiera el colega de Kaige, Zhang Yimou, para sus películas.

La fotografía, junto a unas infografías más centradas en ofrecer belleza que servir de vehículo para el espectáculo más rimbombante, nos regala algunas de las estampas más cuidadas que podremos ver este año como ese fondo del lago, el bonsai floreciendo o la ya más grandilocuente escena bélica. De hecho, merecería ser vista en pantalla grande, amén del sistema 3D para el que fue concebida. Y ya no es tanto la composición como la calidad. No en vano, los efectos especiales están a cargo de los responsables de films como “Sucker punch”, “Moulin rouge”, o -¡qué casualidad!- los “Hero” y “La casa de las dagas voladoras” de Zhang Yimou.

Sobre la parte de melodrama, merece un mayor desarrollo por mi parte. Tras lo dicho de lo espectacular de su acción y lo bello y suntuoso de su propuesta –no solo paisajes y fondo, sino dirección artística y atrezzo- uno creerá que los paréntesis entre las distintas peleas no son más que eslabones que obviamente solo sirven para unir a estas. Puede, más que nada porque al principio la película parece que no tiene un hilo argumental claro. No obstante, pronto encontraremos nexos de unión que van más allá de pasar de una historia a otra, de una relación del protagonista con otros personajes. Bien analizado, bajo esa superficie nos encontramos más conceptos que el aparente Karma que es el que al final se nos vende; no es tan difícil detectar en un lado de la balanza la lujuria y la traición, en contraposición con la fidelidad, lealtad y perseverancia.

Sutil y sibilinamente, sin engolamiento, como decía al principio, porque aquí no se intenta adoctrinar sino dejar poso y abrir caminos como podemos ver también en esa picardía o la omnipresente nota homosexual –¿soy el único que ve en Chang Chen un homenaje a Leslie Cheung y más con Aaron Kwok?- que caracteriza a parte de la obra de Kaige. Y claro está, junto a todo esto el a veces tono desenfadado del film, la parte de comedia que habíamos dejado caer párrafos arriba

No serán pocos los que vean paralelismos entre “Monk comes down the mountain” y algunas de las últimas producciones de Stephen Chow Sing-Chi, y no solo por Yuen Wah u otros cameos sino por la ambientación o la utilización de los efectos especiales para enfatizar las artes marciales. En todo caso, también nos encontramos con otros detalles ya más particulares que consiguen una identidad propia como algunos anacronismos o paradójicamente, las referencias/guiños a otras obras.

Pasemos ya a la acción. El film principalmente bebe de las artes marciales clásicas, del abuso del efecto de cable y, como hemos dicho, aportar espectáculo mediante efectos especiales. Sin embargo, su responsable Ku Huen Chiu está acostumbrado a trabajar delante de un croma por lo que no deja la responsabilidad a los técnicos que se sientan detrás de un ordenador asumiendo su tarea diligentemente, ofreciéndonos buenas técnicas y movimientos sin que nadie se moleste porque los personajes al final tengan que lanzar sus versiones de Ondas Vitales u otras proyecciones de energía. Además, como el repertorio de disciplinas es tan extensa y las habilidades de los actores tan amplias, a veces no se requiere ni de digitalizaciones.

Para ir acabando, no podía pasar por alto ni la Banda Sonora de George Acogny, aunque como objeción diré que a veces se escapan ecos a John Williams, ni el trabajo de los actores. Es cierto que a veces sobreactúan un poco beneficiándose de la condescendencia de Kaige hacia la teatralidad y los registros clásicos del género, pero otra vez bajo la superficie logramos encontrar suficientes matices como para alabar su labor.

Resumiendo, “Monk comes down the mountain” es un híbrido entre el cine de Zhang Yimou y el de Stephen Chow Sing-Chi, sin que por ello se deba quitar mérito a todo un cineasta como Chen Kaige. Y es que para unir dos estilos tan diferentes, se necesita alguien con las ideas muy claras. Uno de los mejores espectáculos del 2015.

MEMORIES OF THE SWORD – Park Heung-Sik – Korea del Sur – 2015 – Drama épico

MemoriesKorea del sur me encanta, pero hay una cosa que prevalece sobre las demás: es la consideración que se le da a la apariencia, y esto, como la mayoría de las cosas, tiene su lado positivo y su lado negativo.

El positivo, porque nos ofrece una imagen idílica, limpia y dorada, inocente en unos casos y sensual en otros. Nos da lo que queremos, nos vende lo que esperamos comprar cuando ni siquiera tenemos la necesidad. El Kpop es un claro reflejo: niñas provocando los deseos de cualquiera y siendo el anhelado reflejo de millones.

Pero también está lo negativo, la doble moral. Canciones censuradas y unas calificaciones morales en series y películas que se acercan o entran ya en el terreno de la mojigatería. El ‘todo vale’ depende del quién o el momento.

Por ejemplo, cuando escribo esta reseña, la última película protagonizada por la estrella de esta, Lee Byung-Hun, “Inside men”, después de ser una de las triunfadoras del final del 2015 con más de siete millones de espectadores, acaba de ser re-estrenada bajo el pretexto de una versión al estilo “Director’s cut” con el original nombre –nunca mejor dicho- de “Inside men: The original” atrayendo a otros dos millones de… ¿incautos? Sin embargo, esta “Memories of the sword”, estrenada meses antes, a pesar de ser una de las apuestas de cara a la temporada estival con un mayor presupuesto, reconocible elenco técnico y artístico, y aparataje publicitario, sucumbió convirtiéndose paradójicamente en el fracaso del año.

¿La razón? No, no creáis que era porque la película era horrorosa –aunque siempre habrá alguien que lo opine, respetable es- ni porque se vio afectada por esa maldición que condena a grandes producciones; tan “solo” se debió a que el escándalo protagonizado por Byung-Hun, ese en el que dos bellas y jóvenes señoritas le hicieron chantaje estando casado, estaba todavía demasiado reciente. La gente, no le perdonó. Así de simple. Así es Korea: apariencia y doble moralidad.

Alguno se reirá o echará las manos a la cabeza, pero les daré los nombres de Yu Seung-Jun, Choi Min-Su y Shin Hyeon-Jun para que se traguen su, en este caso, soberbia guasa y reflexionen. Luego, dependerá del carisma del personaje o maquinaria de marketing que tenga detrás para que el público olvide antes sus pecados.

Pero dejemos a un lado las premisas comerciales y vayamos con el film en sí, analizándolo dentro de mis modestas posibilidades.

Estamos, evidentemente, ante un film épico, y tratando con una producción de este origen y, como he dicho líneas arriba, un generoso presupuesto, ya asumimos que artísticamente va a ser notable, tanto que muchas veces ya ni lo valoramos, pero hay que hacerlo.

Los protagonistas se han ganado su prestigio gracias a años de buen trabajo. Está claro que no pueden estar bien en todas las películas, pero este no es el caso. Hacen honor a su reputación y cumplen en todo momento, resultando bien creíbles cuando los momentos trágicos requieren de un mayor esfuerzo interpretativo.

La dirección artística, fastuosa. Ya no solo es el conjunto de vestuario y atrezzo con infografías que nos trasladan a aquella Goryeo de otros tiempos; aquí se va más allá de aprovechar platós y poblados recreados ya reconocibles en este tipo de producciones puesto que por ejemplo se han currado algunos decorados como ese fastuoso trono anhelado por el protagonista que demuestra el talente ambicioso de la producción.

¿Y qué decir de la fotografía? Ayyyy, la fotografía… que es tanto su virtud como su perdición. Kim Byeong-Seo, como responsable de este apartado, nos regala algunas de las estampas más bellas que ha dado el cine en el 2015. Sublime. En conjunción con su director Park Heung-Sik, “Memories of the sword” luce como pocas con grandes planos de paisajes de ensueño: campos de girasoles, de flores silvestres, bosques de bambú, parajes nevados… un despliegue como desde Zhang Yimou no habíamos visto. Y esa es su perdición. Me explico.

Heung-Sik es un realizador veterano; no es un pipiolo al que se le ven las costuras. Sin embargo, su trayectoria se ha movido entre el campo de la comedia y el drama. “Memories of the sword” es un drama, no nos engañemos, pero como film épico, esta es su primera producción. Así, y que me perdone si mi apreciación es errónea, se nota que se ha fijado en Yimou para hacer el film.

Y ya no es solo ese cuidado por la imagen del maestro chino, de impactar con cuadros visuales con las que bajar nuestras defensas, es que a diferencia de los films históricos del país, nos encontramos con un Wuxia en toda regla, donde el uso y abuso del cable –ya sabéis, luchadores voladores…- marcan la acción del film. ¿Qué puede ser una casualidad? Bueno, ¿y qué decir de esas omnipresentes cámaras lentas? ¿O de esos duelos bajo incesantes aguaceros y nevadas? No, no me creo que sea una simple coincidencia.

No obstante, también decía que era su perdición porque, y mira que me gusta, a veces se abusa de la ‘contemplación’ reduciendo el ritmo y tensión de la historia.

Y ya que hemos sacado a colación lo de la historia… La experiencia de Heung-Sik en el terreno del drama, junto a la de su guionista Choi A-Rum, le ayuda a construir un argumento que también podría beber de las fuentes del Wuxia porque fantasmas y demonios hay un carro. Pero fantasmas y demonios del pasado, nada de ficción; perdonarme la broma. El film, haciendo honor a esas ‘memorias’ del título, vive del recuerdo y pecados cometidos por sus protagonistas, pagando por ellos en el presente. Así nos encontraremos con almas torturadas, obsesiones condenadas y todo ese tipo de pesares que atormentan a los protagonistas de este tipo de obras.

Particularmente, demasiado amargos cuando hay otros trasfondos –el de la parejita de jóvenes- que contrariamente resulta demasiado superficial y sin embargo es la que aportaría algo de sal al asunto. Pero como he dicho, opinión personal ya que depende exclusivamente del gusto de cada uno. Otra cosa son que las traiciones y revelaciones que se agolpan en la película, junto a un montaje –para mí lo peor del film- trastabillado puede provocar que el respetable le pierda el pulso a la producción acusando que las dos horas de su metraje sean un tanto excesivas.

¿Lentitud? Yo diría más bien densidad. A vueltas con Zhang Yimou, si algo lo define es el “Menos es más”. Sus historias son sencillas, pero sabe llevarlas a otro nivel en base a su creatividad artística y sensibilidad. Aquí, siguiendo con las frases hechas: la avaricia rompe el saco.

Resumiendo; “Memories of the sword” es un film que no deja indiferente: conmovedor y extremadamente bello encandilará a los amantes del swordsplay romántico, sin embargo asustará a los amantes de la épica más directa. Un sucedáneo barroco de Zhang Yimou al que quizás le falta, paradójicamente, la brillante sencillez de este.

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